Ataúd de concreto

Arturo Ortiz Mayén
17/05/2014 - 03:00

“Si alguien entra aquí antes de que les notifique lo que ha pasado conmigo por favor vayan a la policía y notifiquen que en el clóset está el cuerpo de Anahí, ya sin vida” (sic).

Así iniciaba el mensaje que Gustavo Pérez Sánchez dejó en una hoja en la mesa de su casa, en el barrio La Asunción, en Xochimilco, la mañana del 4 de mayo pasado.

Después de escribirlo con una letra de molde muy clara, Gustavo salió de casa y deambuló la mayor parte de ese domingo.

Hasta ahora se ignora en qué lugares estuvo o si habló con alguien. Lo cierto es que la noche de ese domingo Gustavo llegó a la estación Pino Suárez de la línea dos del Metro y se arrojó al paso de un convoy. Cuando los peritos de la Procuraduría capitalina rescataron su cadáver y revisaron sus pertenencias para tratar de identificarlo, encontraron en la bolsa trasera de su pantalón una nota póstuma en la que confesaba que había matado a su novia.

El Ministerio Público de la agencia especial para Asuntos del Metro de la PGJDF envió a policías de investigación a la casa en Xochimilco que indicaba el hombre en su nota.

Los agentes llegaron minutos antes de la una de la tarde del día siguiente a la casa de Gustavo. Afuera había patrullas, un camión de bomberos y varios curiosos. Al entrar confirmaron que lo que decía la nota era cierto.

 

Emparedada

Los gritos de Aarón despertaron a Magaly Pérez, de 27 años, la mañana del lunes 5 de mayo. 

Su vecino fue quien encontró el texto de Gustavo al entrar a su casa, luego de tocar reiteradamente a la puerta. Al ver cómo iniciaba la nota, salió corriendo a buscar a la hermana de Gustavo, quien vivía en el mismo predio.

“Desde el viernes (2 de mayo) yo he tratado de esconder esto de ustedes de todas las formas posibles pero ya no puedo. Les falle a todos y tenían razón, al final fui capaz de todo” (sic), decía en otra parte de la carta.

Magaly, quien no se hablaba con su hermano desde hace seis meses, fue de inmediato a la policía.

Más tarde, en presencia de policías, abrieron el ropero y encontraron el bloque de cemento en el que estaba el cadáver de Anahí Iridian Cadena Rodríguez, de 18 años.

 

El lugar despedía fetidez

Con ayuda de elementos del Cuerpo de bomberos rompieron el concreto para rescatar el cuerpo.

Mientras se realizaban estas maniobras, Alma de la Luz Cadena pasó por la calle en un bicitaxi y se bajó alarmada. Frente a la casa donde estaba el camión de bomberos vivía su hija.

Al acercarse le dijeron que Anahí había sido asesinada y ella se desvaneció.

Según dijo la mujer, como parte de la averiguación previa FXH/XO-2/T3/1481/14-05, su hija tenía poco tiempo de vivir en unión libre con Gustavo, con el que discutía constantemente.

El 30 de abril fue el último día que ella la vio con vida, cuando se encontraron por uno de los embarcaderos de Xochimilco. Aseguró que la acompañó a su casa y que al entrar le llamó la atención ver una caja de cartón con su ropa acomodada.

“Cada que me enojo con Gustavo me junta mi ropa para que me vaya”, le habría respondido la joven.

—Regrésate a la casa, le dijo ella.

—Ya pronto mamá, respondió, sin saber que sus días estaban contados.

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