Ya le traía ganas

La víctima simuló agredir a su verdugo, pero fue apuñalado en el abdomen, pecho y brazos
Arturo Ortiz Mayén
07/04/2016 - 05:00

Un amago le costó la vida a Jorge Hinojosa: fingió tomar una piedra e hizo el ademán de lanzársela a un hombre, quien luego de agacharse para librar el proyectil ficticio, se abalanzó contra él y lo apuñaló en varias ocasiones. 

Aunque fue llevado con vida a un hospital, Jorge Hinojosa  falleció mientras era ingresado al quirófano.

La noche del 2 de agosto de 2015, Jorge, de 32 años, quien solía dormir en las calles, estaba en una jardinera en  Doctor Carmona y Valle y Doctor Navarro, en la colonia Doctores.

Platicaba con otro joven en situación de calle y quien fue testigo del homicidio. 

Alrededor de las 23:30 horas, Miguel Monterrubio Cisneros, vecino de la colonia Doctores, regresaba a su casa.

Al ver que se aproximaba al sitio donde ellos estaban, Jorge Hinojosa Aviña le hizo una seña a su acompañante para indicarle que se aproximaba Miguel.

Según el testigo, su amigo Jorge lo “traía entre ojos”, le caía mal no porque le hubiera hecho algo, sino porque simplemente “no lo podía ver”.

Por eso, cada que se lo encontraba en la calle le alzaba las manos como si fuera a golpearlo o lo perseguía retándolo a golpes.

No se sabe si  Miguel Monterrubio, “La Pulga”, le tenía miedo o simplemente buscaba evitar una confrontación.

Un “¡quítate pinche mugroso!” o un “¡sácate pinche loco!”, era lo que solía decirle en esos incómodos momentos mientras apresuraba el paso.

Pero todo cambió esa noche del 2 de agosto de 2105. Al ver que Jorge Hinojosa se agachaba para tomar una piedra, Miguel se puso en alerta, esperando el proyectil.

Jorge simuló arrojar la piedra, su rival se agachó y al darse cuenta que se trataba de una broma y ver cómo se reía a carcajadas de él, su actitud cambió.

El miedo o la prudencia que se había instalado en él desapareció. Corrió hacia el indigente y de la cintura sacó una punta metálica.

Sorprendido, Jorge Hinojosa no supo qué hacer. La desventaja física era evidente, pues mientras él estaba flaco hasta los huesos, Miguel, sin ser robusto, era mucho más fuerte.

Con la punta metálica le perforó el abdomen, el pecho y le causó cortadas en los brazos. El acompañante de Jorge simplemente corrió y no regresó al lugar hasta que vio a Miguel escapar.

Cuando se acercó de nueva cuenta a Jorge, vio que sangraba y no podía hablar. A gritos pidió ayuda de una patrulla. 

Una ambulancia lo trasladó minutos después al Hospital General, donde falleció.

Miguel Monterrubio abandonó su casa. Durante varias semanas no lo volvieron a ver en el barrio.

Sin embargo, el 10 de marzo pasado, acudió a buscar a sus familiares a una vecindad y cuando caminaba por avenida Chapultepec al cruce con Bucareli, en la colonia Juárez, fue descubierto por policías que lo detuvieron. 

Ante el Ministerio Público de la Fiscalía de Homicidios, Miguel Monterrubio admitió su crimen y antes de ser enviado al reclusorio Oriente se justificó: “es que siempre me quería madrear”.

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