Aparato delator

Un teléfono celular se convirtió en la clave para resolver un homicidio cometido por una disputa personal
Arturo Ortiz Mayén
05/07/2014 - 04:00

Una llamada bastó para resolver un homicidio. Sin siquiera sospecharlo, uno de los presuntos responsables de la muerte de un hombre de 36 años se entregó a la policía.

El 29 de junio pasado, Daniel Mejía Castellanos fue asesinado en el lugar donde solía beber con sus amigos. Su crimen, a tubazos y golpes, ocurrió en uno de los andadores de la segunda privada de Rosa María Sequeira, casi esquina con avenida Manuela Sáenz, en la colonia CTM Culhuacán, sección seis.
 
Al rendir su declaración como testigos, los familiares de Daniel Mejía indicaron que los sujetos que lo privaron de la vida también le habían robado su celular. El martes 1 de julio, la hermana de Daniel regresó a la agencia del Ministerio Público en Coyoacán y le dijo a los agentes que estaban a cargo del caso que el celular de su hermano aún estaba activo.
 
Para verificarlo, un agente marcó desde un teléfono público y en efecto la llamada entró. El policía, quien no se identificó, preguntó por Daniel. El hombre al otro lado de la línea le dijo que el teléfono ya no era de Daniel, pues el domingo se lo habían vendido a él.
 
Para evitar que colgara, el agente le dijo que si no sabía dónde localizarlo, porque estaba cotizando un seguro para su automóvil.
 
“Pues si necesitas yo me dedicó a la hojalatería y pintura”, respondió quien dijo llamarse Jesús.
 
Durante la charla, de aproximadamente seis minutos, el agente lo enganchó, le dijo que sí necesitaba que le “sacaran” algunos golpes a su vehículo tipo Attitude de color azul. Acordaron verse a las 16:30 horas de ese mismo martes en la esquina de Eje 3 Oriente y calzada de La Virgen. Jesús le dijo que iría vestido de negro.
 
Media hora antes de la cita, el oficial y otros de sus compañeros llegaron al punto donde se realizaría el encuentro. Estudiaron la zona para ubicar el punto de menor riesgo y aguardaron.
 
El policía que hizo la llamada esperó en el Attitude, mientras otros dos agentes se apostaron en diferentes puntos, a unos 20 metros de distancia. Minutos antes de las 17:00 horas el sospechoso apareció.
 
Cuando revisaban la carrocería del auto, los agentes que montaban la vigilancia lo detuvieron. En la bolsa trasera de su pantalón llevaba el teléfono celular LG de Daniel.
 
Al rendir su declaración dijo que su nombre es José de Jesús Torres Betanzos, de 21 años, y se dijo dispuesto a contar cómo había llegado ese teléfono a sus manos. Narró que el 29 de junio, alrededor de las cuatro de la madrugada, estaba afuera de su casa en la colonia Emiliano Zapata, en Coyoacán, cuando llegó corriendo y ensangrentado su amigo Josué, a quien le dicen El Joshua.
 
“Me pidió un paro, me dijo que lo habían madreado entre cinco, que lo ayudara a sacársela”, indicó.
José de Jesús le hizo ver que tenían desventaja, pues ellos sólo eran dos. “No hay pedo, son putos”, le habría respondido.
Regresaron caminando al punto del pleito. El Joshua iba furioso y en el camino tomó un tubo,  según relató Torres Betanzos.
 
Al llegar, dijo el detenido, sólo había tres hombres. Él mantuvo atemorizados a los dos que acompañaban al rival de su amigo con “puro verbo”, mientras que El Joshua golpeó con el tubo y a patadas a Daniel Mejía. Los dos hombres a los que Torres Betanzos mantenía atemorizados huyeron.
 
Cuando Daniel Mejía dejó de moverse, El Joshua le sacó de una de las bolsas del pantalón su teléfono y se lo dio a su amigo “en gratitud por el paro” que le había hecho.
 
Torres Betanzos lo tomó y conservó el número, facilitando la investigación de la policía.

 

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