Ángeles en huelga de hambre

"Patria somos los que vivimos al día, los que cenamos atún, los que debemos la luz, los que pagamos en abonos, los que no evadimos impuestos, los que viajamos en Metro"
Roberto G. Castañeda
23/04/2015 - 05:00

 

 

Los aretes de mi madre están en una casa de empeño o malvendidos como pedacería de oro. Tu celular robado ahora se revende en una esquina. Son las señales de estos tiempos putrefactos. Y los ángeles guardianes parece que andan en huelga de hambre.

Mi madre caminaba por un pasillo del Metro cuando algún malviviente le quitó los aretes de los oídos. Con su andar cansado, bastón en mano, mi madre apenas pudo salir de su azoro y protestar un poco mientras el ladrón se perdía entre la multitud. Nadie hizo nada, nadie podía hacer gran cosa. No es caso aislado. Y uno se siente impotente, con el coraje a flor de labios o como un puñetazo en el estómago. Maldita gente de mierda. Maldito país de ladrones. Un pensionado pierde su capital en una caja de ahorros. Ningún pasajero viaja seguro en el transporte público. Un estudiante es asesinado para robarle el celular. Un cuentahabiente es despojado al salir del cajero. Reniego de esta patria, diría un poeta desempleado. Pero no, patria no es país. Patria es otra cosa. País es un territorio minado, ofertado. Ya lo describe Óscar Chávez: “Se vende mi país por todos lados./ La tripa, el corazón y los costales./ Se vende mi país con todo y gente./ Se vende la palabra ‘independiente’./ Se vende mi país y da coraje./ Se vende mi país, es un ultraje./ Se vende mi país y su petróleo…/ Se vende su historia y su destino”. Lo que no se puede poner a la venta es nuestro orgullo, ni nuestros sueños inconclusos.

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Cuando los ocasos nos agobien y las barricadas ya no estén pobladas de ángeles suicidas, cuando el llanto de las madres sea interminable, cuando las mariposas emigren de esta tierra húmeda y púrpura, cuando el aire viciado sea más fétido. Cuando tú, cuando yo, estemos cansados del menosprecio, cuando el hartazgo nos golpee en la boca del estómago, entonces levantaremos la cara al cielo y con los puños apretados renaceremos como patria herida. Patria son los desaparecidos, los padres que buscan a sus hijas, las niñas que ya no caminan seguras. Patria es el hombre honesto, la madre incansable, el estudiante aferrado, tu mirada en mis desvelos, el camino a casa, la mecedora de la abuela, el limonero en el traspatio, tu cuerpo cobijando el mío. Patria es juzgar a los políticos, renegar del presidente, evidenciar las corruptelas, quemar las naves, solidarizarse con los desprotegidos y marchar codo a codo. Patria es morir por tus hermanos, matar la indiferencia, aniquilar el desánimo. Patria es no cruzar los brazos, ni bajar la mirada, mucho menos darse por vencidos. Patria son los ángeles sin barricada, los caídos en desgracia, las letras de Efraín Huerta y Sabines, Édel Juárez y Dante Guerra. Patria son los poetas que nos renuevan las alas. Patria somos todos: los que escuchamos a José Alfredo, los que cantamos a Caifanes, los que nos emborrachamos al ritmo de Sabina, los que recitamos a Benedetti o Nicanor Parra, los que enamoramos con un libro entre manos.

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Patria es mi calle, los pasos cansados de mi madre, aquel barrio de mi infancia, el rayo sobre el roble, los gatos de azotea, el llanto de tus hijos, la alegría de tus hermanos, las cenizas del abuelo, la tumba de mi hermana, la tristeza en mis ojos, las hojas del otoño, tus esperanzas y las mías, las espernzas de todos. Patria eres tú, que aún te conmueves. Patria eres tú, que no te quedas callado. Patria eres tú, que maldices esta crisis. Patria somos todos: lo que vivimos al día, los que cenamos atún, los que debemos la luz, los que pagamos en abonos, los que no tenemos un amigo en el gobierno, los que no evadimos impuestos, los que viajamos en Metro, los que reparamos los zapatos, los mismos que seguimos esperando un cambio, los que llegamos arañando la quincena, los que leemos las noticias, los que estamos acostumbrados al abandono, los que fuimos humillados y ya no lo permitiremos. Patria somos todos: los que estudian, los que ceden los asientos, los que amanecen despeinados, los que sí tenemos madre, los que no nos hacemos pendejos, los que no vivimos del erario, los que coleccionamos poemas, los que educamos a nuestros hijos, los que respetamos los semáforos, los que estamos más locos que los otros, los que cantamos en la regadera, los que acariciamos con la mirada, los que no robamos ni extorsionamos, los que confiamos en nuestro ángel de la guarda, los que tenemos orgullo y es nuestro escudo.

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Patria no es este país corrompido, ni un puesto en el gobierno, tampoco el curul ocupado, ni la inmunidad diplomática o las promesas en campaña, como tampoco lo es un político con fuero. Patria no es la delincuencia organizada, ni los ladrones de cuello blanco o los banqueros descarados. Patria no es gabinete en el poder, ni los discursos optimistas o las masacres disfrazadas. No, esos sexenios manchados no son patria. No, patria no son los partidos políticos, ni un presidente bien peinado o un secretario maquiavélico, ni los parásitos en el senado. Patria son las víctimas del fuego cruzado, los condenados al olvido, tus sueños en la almohada, aquellos labios que extrañas, la nostalgia que te carcome el alma. Patria es mucho más que una bandera y un águila. Patria es tu corazón maltrecho, un joven con los Converse ajados, los estudiantes optimistas y solidarios, una muchacha que sonríe en el mercado, la madre soltera que trabaja horas extras, los que no nos hemos corrompido, los que no han empeñado sus principios, los que se ganan el pan de un modo honrado. Patria somos todos lo que aún lamentamos que este país podrido no tenga planes de contingencia en caso de que el porvenir se colapse. Patria es el futuro haciendo huelga de hambre. Patria son nuestros hijos, padres o hermanos, con los sueños inmaculados.

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