Nos acechan los malnacidos

A veces no basta con plegarias, ni con un ángel de la guarda o con nuestra buena suerte, cuando estamos a merced de los malnacidos.
Roberto G. Castañeda
18/05/2017 - 08:00
 

"Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio": Javier Valdez

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Por supuesto que no basta con nuestra buena o mala o mediana suerte en este país en llamas, en este infierno cotidiano. Claro que no basta cuando estamos rodeados de tanto malparido. Y enferma ver a los políticos prometiendo bienestar, fingiendo ante las tragedias, enviando mensajes soldarios desde su cuenta de Twitter. Enferma ver sus sonrisas optimistas, mientras las granadas fragmentan la tranquilidad del pueblo, mientras las balas agujeran nuestras esperanzas, mientras los reos más peligrosos escapan de los penales de "máxima seguridad", mientras las lluvias inundan nuestras colonias de lodo y miseria, al tiempo que nos ahoga el miedo, mientras los hombres buenos mueren a destiempo y a media calle. No, no hay forma de estar tranquilos cuando en este país matan a los jóvenes por la espalda, cuando acribillan a periodistas a plena luz del día, si secuestran a cualquier hora, si nos estafan de distintos modos. No, no hay discursos ni promesas que oculten la violencia. No, no hay absolutamente nada que me haga olvidar que en este país la gente buena siempre termina sufriendo, llorando a sus muertos, maldiciendo la desgracia de tanta injusticia y tanto atropello. Por eso repito como un mantra las palabras de Dante Guerra: "Que no me alcance esa bala perdida,/ que no me toque la maldad en esta rifa,/ que los Dioses blinden a mi ángel de la guarda./ Que no me roce la locura ni me roben la esperanza./ Que mis pasos vuelvan a casa, que los rezos de mi madre surtan efecto,/ que este país en llamas no se vuelva más cenizas./ Y que los hombres justos ganen algunas batallas,/ aunque sean mínimas, en medio de este pinche infierno". Y somos tan indolentes o tan pendejos que creemos que López Dóriga o Javier Alatorre o sus antecesores eran objetivos cuando narraban las cifras optimistas de los presidentes en turno, mientras el país siempre se ha sostenido con alfileres. Nuestra juventud está adormilada. Le cuesta trabajo pensar. Así nunca progresaremos, si ni siquiera sabemos quién escribió Los miserables o La divina comedia. Y en este pinche infierno cotidiano, el fuego es alimentado por los malnacidos. Y los libros que no hemos leído serán utilizados para avivar las llamas.

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Todo eso y mucho más acontece en este país en vilo, que se prepara para otras elecciones en que la mayoría de los votos serán comprados. Y una triste despensita, una tarjeta con 500 varos, tantas promesas vacías, serán el precio que pagarán por tus sufrimientos durante varios años. “Somos aves en cautiverio, atadas al suelo./ Somos cuervos sin malicia en la mirada./ Somos palomas mensajeras sin el entrenamiento adecuado./ Somos pájaros con las alas recortadas,/ aves sin cielos despejados”, bien escribe Dante Guerra sobre la manera en que boicotean nuestros sueños. Somos presa fácil de los malparidos, de los ambiciosos, de los que trafican con nuestras esperanzas, mientras nosotros apenas nos quedamos mirando al cielo. No basta con que tu vida sea complicada. No basta con la jeta de tu jefe, las envidias en el trabajo, los salarios de mierda, la amargura de tus padres, el rencor de tus hijos, los asaltos en el microbús. No basta con la inflación, el esposo borracho, la mujer frustrada, los intereses de la tarjeta de crédito, el recibo del teléfono, la tristeza en la mirada de un niño, los hacinamientos en el Metro, la ciudad y su mal aliento. No, en verdad que no basta con las chingaderas de los políticos en campaña, los trastes sucios, una blusa sin botón, el jefe tirano, las tontas canciones de amor. No, no basta con autosabotearte, con quedarte de brazos cruzados, con lamentar tu mala suerte; no basta, nunca es suficiente el autosabotaje. No, nunca es suficiente y te da lo mismo quién gane en las próximas elecciones. Y para los políticos en el poder nunca serán suficientes las formas en que nos han explotado. Están acostumbrados a vernos y tratarnos como aves en cautiverio. Y nos han dado alpiste a cambio. Los malnacidos nos han tomado la medida, saben cómo comprarte, tienen los trucos para seguir en el poder mientras tú vendes tu voto por un placebo o un puñado de alpiste. Estamos rodeados de malnacidos, nos acechan por todos lados. Es triste y trágico, pero así es.
En verdad que estamos rodeados de malparidos: políticos corruptos, el ladrón de celulares, sicarios de mirada turbia, defraudadores de cuello blanco, sacerdotes pederastas, gobernantes cínicos, ex presidentes siniestros, amantes de lo ajeno, delincuentes organizados y desorganizados, el violador de sus propios hijos, la madre que solapa, el líder sindical que se ha reelegido, aquella narcomenudista o ese culero que atraca al cuentahabiente y el maldito que dispara a quemarropa. Una multitud de malnacidos que van por la vida como si nada. Están matando periodistas, hombres y mujeres. Están asesinando personas inocentes, niñas y ancianos, desde el narco y el poder. Es una historia de siempre, es un cáncer frecuente. Ya lo dicen Fito y sus Fitipaldis: "Hay días que parece que nunca se va a apagar el sol./ Y otros son más tristes que una despedida en la estación./ Es igual que nuestra vida, que cuando todo va bien,/ un día doblas una esquina y te doblas tú también.../ Yo he crecido cerca de las vías y por eso sé,/ que la tristeza y la alegría viajan en el mismo tren./ ¿Quieres ver el mundo? Mira, está debajo de tus pies./ Con el paso de los años nada es como yo soñé". Y es verdad, el mundo está debajo de tus pies. Y arde, agobia, es tierra quemada de un país en llamas. Duele como un carajo porque las cosas están de la chingada. Y nos estamos abandonando, unos a otros. Es triste pero es cierto. Hay días que son más tristes que una despedida en la estación. Hay días que estamos más a merced de los malnacidos.

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