Antes de que nos carcoma el tiempo

Desde niños soñamos en grande, inventamos naves espaciales, tuvimos amigos imaginarios y también nos enamoramos de personas imposibles. Pero entonces no sabíamos que la vida era todo esto que ahora nos agobia.
Roberto G. Castañeda
12/11/2015 - 05:00

Y poco a poco fuimos desechando los mapas del tesoro, los amigos imaginarios, la brújula que venía en la caja de cereales, los planes para explorar planetas desolados, la colección de cómics y las cartas de amor a la princesa del barrio. Y sí, nos vamos convirtiendo en tipos ordinarios, con sueldos burocráticos y zapatos gastados. Cuando los imposibles te merodean, cuando no basta con soñar o imaginar, lo más seguro es que te carcoma el tiempo. Cuando navegas extraviado, nunca hay viento bueno. Y como a mí siempre me merodean los imposibles, apostaré todo mi resto antes de que coma el tiempo o antes de que el diablo venga con sus números infinitos a cobrarme sus impuestos y recargos. Así que antes de que suceda una cosa o la otra, antes de que amanezca muerto o anochezca medio vivo, voy a ofertar por la luna y gravitaré como un satélite sobre tu cuerpo. Sí, satelitaré con mis cuartos menguantes, con mi luna nueva, con mis cuartos crecientes, alrededor de tu cintura y también sobre tu vientre terso. Si no me alcanza con desearlo, ofertaré por el mundo y te lo obsequiaré completo. ¿Que ya tiene dueño? No lo creo. Te regalaré las puestas de sol, el viento de otoño, el columpio en el árbol viejo, la voz del viento en estas noches calmas, la brisa del mar, la arena bajo tus pies, el crujir de las hojas secas, todos mis recuerdos, tantas miradas buenas que me quedan, la llovizna de agosto y tantas otras cosas que no pueden, no podrán tener dueño. Antes de que me carcoma el tiempo, antes de que empiece a vivir la otra mitad de mi vida o la otra mitad de mi muerte, ofertaré por imposibles y también por tus suspiros. Haré una oferta, con mis deseos y mis besos, por el aire que juguetea con tu cabello. Ofertaré por tus adioses con la mano derecha y esa sonrisa que derriba mis defensas. Haré una oferta, con mis imposibles, por tus pensamientos para que me hospedes noche y día, en vacaciones y en horas laborales. Como siempre me merodean los imposibles y me carcome el tiempo, quiero ser el capitán que pilotea el asteroide que hará estallar tu cuerpo, palmo a palmo, sexo a sexo. Sí, quiero hacer una oferta también por tu constelación de lunares y hacer un mapa estelar que me recuerde el camino a casa. Como siempre me merodean los imposibles, quiero ser el Capitán Asteroide que navegue entre tu lluvia de estrellas y también entre tus piernas.

***

Antes de que nos carcoma el tiempo, antes de que nos consuma el fuego, antes de que nos anochezca de nuevo, apostemos todo el resto a los días nuevos, apostemos por los hombres buenos. Hagamos ofertas por lo imposible, con toda la intención de que algo se concrete al menos. Ofertemos por las madrugadas en calma, por la sonrisa de los niños, por tanta inocencia que se está perdiendo. Ofertemos, como si no tuviéramos miedo a perder, por las tardes en bicicleta, por el sol de media tarde, por la poesía erótica, por las caricias que nos son ajenas, por aquellos labios inolvidables y por las risas en la cafetería. Hagamos ofertas por las cosas que valen la pena: el abrazo de la abuela, los recuerdos de la infancia, el primer beso a la salida de la escuela, tus alegrías dominicales, el relámpago de una caricia furtiva, esta tormenta de deseos, el viento cálido del trópico, la siesta de los sábados, el mar que tanto extrañas, las golondrinas que anidan en nuestros balcones, el gato que vagabundea por la casa. Hagamos una y otra oferta por las satisfacciones cotidianas, por el orgullo de los hijos que estudian y trabajan. Hagamos una oferta por las cosas que valen la pena y nos reconcilian con nuestros demonios internos. Hagamos una oferta por un futuro más optimista o al menos no tan amargo. Hagamos una oferta por recordar el pasado y aprovechemos para firmar la paz con el niño o la niña que alguna vez fuimos. Hagamos ofertas que nos revaloren, que nos muestren el camino, que nos saquen de las rutinas, que nos desapendejen aunque sea un ratito. Hagamos una oferta por aquellas miradas que nos devuelven la calma. Hagamos una oferta por una de esas tardes sentados, uno junto al otro, tomados de la mano mientras Mario Benedetti nos pinta en sus acuarelas: No te rindas, aún estás a tiempo/ de alcanzar y comenzar de nuevo,/ aceptar tus sombras,/ enterrar tus miedos,/ liberar el lastre,/ retomar el vuelo./ No te rindas que la vida es eso,/ continuar el viaje,/ perseguir tus sueños,/ destrabar el tiempo,/ correr los escombros/ y destapar el cielo…/ Abrir las puertas,/ quitar los cerrojos,/ abandonar las murallas/ que te protegieron,/ vivir la vida y aceptar el reto,/ recuperar la risa,/ ensayar un canto,/ bajar la guardia y extender las manos,/ desplegar las alas e intentar de nuevo,/ celebrar la vida y retomar los cielos”. Llámenme soñador, iluso o lunático, pero aún creo que este país de cenizas y oscuros presagios aún tiene remedio.

*** 

Haré una pequeña oferta por algunas de aquellas grandes cosas que alegran la vista, que recuerdan los días en que soñábamos con imposibles. Ofertaré por un cactus de repisa y le nombraré Paulinho. Ofertaré por aquella nube en forma de elefante. Ofertaré por dormir en tus sueños húmedos. Ofertaré por los dientes de león a la orilla del camino. Ofertaré por la llanta de repuesto para la Avalancha de mi infancia. Ofertaré por los hoyuelos de tus mejillas. Ofertaré por un poema que te vaya como anillo al dedo. Ofertaré por ver crecer a mis hijos y a mis nietos. Ofertaré por tus buenos días y tus mejores noches. Ofertaré porque el tiempo sea generoso con todos los que amo. Ofertaré por millones de plegarias que nos den consuelo. Haré un sinfín de ofertas por todo lo que parezca imposible. Y amaneceré cantando, con el viento en la ventana, alguna melodía que te enamore más de la cuenta: “Si me llevas contigo/ prometo ser ligero como la brisa/  y decirte al oído/ secretos que harán brotar tu risa…/ Ese beso entregado al aire es para ti,/ fruto que has de comer mañana./ Guarda la semilla porque estoy allí/ y hazme crecer en una tierra lejana”.

 

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