El pronóstico del clímax

"Hay un frente frío que me recorre el costado cada que bebo este café amargo. Hay un frente frío en tu lado de la cama. Hay un frente frío que me hace añorar tu vientre cálido. Y este verano es demasiado otoño si no estás a mi lado. Sí, en mi calendario se prevén climas extremos que empeorarán en invierno"
Roberto G. Castañeda
02/07/2015 - 18:00

En los calendarios ya no caben tantas lluvias, tantos grises en el cielo, tantas nubes negras como presagios. En los calendarios sólo hay desfiles de tormentas, una sucesión de diluvios, demasiada humedad en las tristezas.

En nuestros calendarios se repiten las melancolías, tantas soledades como truenos, infinidad de aguaceros que empañan la mirada. Estamos condenados a resguardarnos bajo los recuerdos, en las tardes frías y en las noches en vela. Porque somos legión, somos un ejército. Somos los solitarios que se suturan las heridas con cigarrillos y canciones lentas. Somos una multitud de idiotas haciendo malabares bajo una lluvia de melancolías compartidas, caminando con los zapatos mojados. Somos ausencia, antología de adioses, un siempre huir a lugares que nunca son mejores. Somos aleteo que dispersa el viento. Sí, somos ausencia constante. Somos esos que se marchan sin volver la vista atrás, con el corazón como un muñeco vudú en otras manos. Somos legión, somos demasiados. Somos solitarios haciendo malabares con la nostalgia, deambulando con la ropa húmeda y demasiados “hubiera” en la mochila. Me hubiera quedado. La hubiera detenido. Si yo hubiera valorado. Si yo hubiera querido… No estaría tan [email protected] en estas tormentas, con los pies mojados y el cabello despeinado, con este frío que cala en los huesos. Somos satélites errantes entre asteroides, a la deriva siempre a la deriva, sin mandar señales al planeta Tierra. Y lo ha descrito Bunbury a la perfección: “Y ahora todo es mejor./ La lluvia de asteroides ya pasó,/ no fue para tanto/ y desde aquí/ todo es insignificante,/ nada es tan preocupante/ y el espacio es un lugar/ tan vacío sin ti…/ No volverás a ver/ la mirada triste/ del chico que observaba el infinito”. 

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En los calendarios ya no caben tantas lluvias, tantos grises en el cielo. En este calendario se diluvian los recuerdos: de tus ojos, de tus senos, de tus labios en silencio. En el almanaque llueven truenos, tormentas de tus ecos, aguaceros que parecen eternos. Relampaguea la nostalgia de tu cuerpo, en penumbras, mientras allá afuera la madrugada se colapsa gota a gota, lluvia a lluvia. Tantas tormentas parecen imposibles en el calendario. Diluvios que agobian, truenos que suenan a tu nombre. Tengo noches frías en los pies. Y humedad en el techo. Tengo salitre en cada esquina del cuerpo, llagas en los cimientos. Tengo frío de ti, lamento. Tengo colillas en el cenicero y este humo que dibuja tu silueta en el aire. Tengo una ausencia que te nombra. Tengo esta canción amarga en el hueco que dejaste. Y tengo al rencor como enemigo. Por eso me maldigo, por eso me detesto: porque pude haberte detenido. Tengo esta soledad tan poblada: de tus adioses recurrentes y de tu adiós definitivo; de tus caricias que extrañaré; de tus miradas cómplices; de tu amor en racimo; de tus cabellos en la almohada; de aquellas noches como fuego; de tu deseo junto al mío; de tu vientre al desnudo; de mi nombre en tu boca; de tu aliento en mi oído; de tu sexo bello y húmedo; de tanta melancolía por no haberte detenido. Sí, tengo esta soledad tan poblada de ti en estas noches de diluvio. Sí, esta soledad es un lugar demasiado concurrido y a la vez tan vacío. Debería decir un simple “te echo de menos”, pero todos estos “te extraño” ya conjuntan un diluvio. Es este calendario ya no caben tantas lluvias ni demasiados truenos. ¿Ya te he dicho que tu cuerpo es una tormenta de recuerdos? Mejor que lo sintetice el poeta Jaime Sabines: “Amanece de tarde, sin sol./ Para sus manos un guante: mi corazón./ Yo le hubiera injertado mis labios/ en sus muslos, de dos en dos”.

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En mi calendario hay demasiadas lluvias y pocas fechas significativas. En este almanaque ajado sobran truenos, falta tu cuerpo cálido. En este anuario partido por la mitad tus ayeres me han tachado. En este calendario hay más tormentas que lunas nuevas o cuartos menguantes. En mi almanaque se prevén climas extremos, con frentes fríos en mis lados flacos. Ni aunque me abrigue con cuidado o extreme precauciones, saldré bien librado de este pronóstico del clímax. Ya tu ausencia me diluvia, ya tu adiós más definitivo parece un caso perdido. Y estas pinches tormentas me llueven demasiado. No, no saldré bien librado de este pronóstico del clímax. Ya tus ecos son relámpagos que cimbran cada noche y cada tarde de este maldito verano con cara de otoño. Hay un frente frío que me recorre el costado cada que te suspiro, cada que bebo este café amargo. Hay un frente frío en tu lado de la cama. Hay un frente frío que me hace añorar tu vientre tibio, tu sexo cálido. Hay un frente frío desde la recámara y hasta la cocina. Y este verano es demasiado otoño si no estás a mi lado. Sí, en mi calendario se prevén climas extremos que empeorarán en invierno. ¿Cómo chingados te digo, sin que suene trágico, que te echo demasiado de menos? Que se recrudecerá el mal tiempo y que el salitre de tu olvido empieza a corroerme los cimientos.

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