Carta al mayor de mis hijos

Eres muy especial en mi vida porque tú me hiciste mamá por primera vez y mi sentir y mi pensar, es que contigo nací a la maternidad
Redacción
25/04/2016 - 12:41

Por Karla Lara

“Querido mío”:

Tú y yo tenemos ya algunos años de la mano, desde que supe de tu existencia me he considerado inmensamente afortunada, has tocado y cambiado mi vida de tantas maneras que me han llevado a ser definitivamente una mejor versión de mí misma. Yo crecí escuchando que el hijo mayor es el experimento de los padres y por varias razones me dispuse a que no fuera tu caso, pero la verdad es que contigo, hasta ahora, hice por primera vez, todo lo que una madre hace con un hijo y así seguirá siendo el resto de nuestro trayecto. Es verdad que a nadie nos enseña a ser padres y tampoco, nadie nos enseña a ser hijos, hoy creo que es algo que se aprende de ida y de vuelta sobre la marcha y espero que a nosotros nos quede mucho por aprender. Desde antes de ti, antes de tu vida en mi vida, creía y creo, que los hijos (su esencia, su espíritu), eligen a sus madres y por haberme elegido, te estaré siempre agradecida.

Antes de ser madre, siendo hija y hermana, muchas veces me pregunté si una madre puede o no querer más a uno de sus hijos, mi certeza hoy es que no, pero definitivamente, en mi caso, yo los amo distinto a cada uno de ustedes y tú, hijo mío, el mayor de ellos, eres muy especial en mi vida porque tú me hiciste mamá por primera vez y mi sentir y mi pensar, es que contigo nací a la maternidad.

Yo trato en mi día a día de no cuestionar demasiado las decisiones que tomo respecto a la crianza que tengo contigo y con tus hermanos a veces de manera orgánica, otras porque no me gusta entrar en conflicto, pero lo que tengo claro es que tú sí que has retado todas mis creencias y muchas de mis ideas: con tus ojos curiosos y tu boca llena de preguntas, con tus manos que me han sostenido y tus brazos que me han contenido, todo rodeado de tus grandes y profundas reflexiones o cuestionamientos, en fin, eres mi gran maestro. Tú y yo nacimos juntos, por raro que suene, tú a la vida, yo a la vida como madre, nos tomó una larga espera que desde el primer aliento tuyo fue recompensada para los dos. Tu serás mi cómplice en muchas cosas, sobre todo en aquellas que hago o aprendo por primera vez contigo y que fiel y benévolamente me festejas y hasta agradeces. No me alcanzan las palabras para darte las gracias por todo lo que recibo de ti, tengo claro que el rol de los padres es cuidar y guiar a los hijos hasta que sean seres que vuelen su propio rumbo, pero es verdad que tú has cuidado de mí y has sido mi guía en muchos momentos, mi luz, mi alero, mi timón.

Sentirte dentro de mí y verte llegar a mi vida es algo que a veces no creo aún, han pasado casi siete años y recuerdo todo a la perfección, te amo siempre, pero sobre todo te agradezco tanto, creo que el mayor de los hijos es muy especial en la vida de una madre, tú lo eres en la mía, no es relevante cuánto tiempo pasamos tú y yo solos (sin tus hermanos), lo que importa es que cada momento compartido es de amor y de fiesta, esa alegría que trajiste contigo desde el momento de nacer, esos “tesoros” tan tuyos que forman tu carácter, tu temple, tu personalidad, mirarte crecer es un privilegio, mirarte cuidar de tu persona y la de tus hermanos tiene toda mi admiración hacia ti. Tu inmensa fortaleza de espíritu ha rebasado muchas veces mis expectativas.

También quiero ofrecerte una disculpa del alma, por las veces que me he equivocado contigo y por las veces que seguro me equivocaré en el futuro, te ofrezco poner mas atención a lo que tú necesitas y anhelas, te ofrezco mi amor incondicional y lamento las veces en las que te he fallado, o cuando te he restado tiempo o interés, todo lo que viene de ti me parece fascinante, cierto que he disfrutado mucho y cierto también que me he perdido otro tanto, porque así es la vida y porque los años te van enseñando de a poco lo que verdad merece toda nuestra atención y nuestro amor, tu lo tienes claro, porque eres un niño, a ti no te conquista la prisa, ni el enojo, ni el cansancio, tú fluyes siempre, feliz, con una hermosa actitud, con luz propia…, tengo mucho que aprenderte aún… No me voy a justificar cuando cometa errores, de cada uno espero asumir la consecuencia, solo espero no dañarte en el trayecto de aprender, no es culpa tuya que finalmente si experimente contigo el ser madre, el criar a un niño, el guiarlo y formarlo. Mis intenciones son amorosas, son positivas, son llenas de buenos deseos, espero concretar los más de ellos en ti. Solo te pido que cuando no logre llenar tus expectativas, cuando me equivoque como seguro lo haré, espero que puedas reconocer en mí a la persona, a la mujer falible que soy, con muchos defectos por cambiar y algunos que nunca se irán, yo entre eso, haré mi mejor esfuerzo porque los errores sean la excepción y cada vez que pueda, seguiré tratando incansablemente de llenarte de besos, de caricias, de acurrucar tu pequeño cuerpo (que cada día me queda más grande), de escuchar con atención tus ideas, de nutrir tus recuerdos, de calentar tu corazón y tus emociones con palabras de aliento, de festejar tus logros, de velar tus sueños, de dedicarte mi tiempo y mi espacio, de regalarte mis sonrisas, de detener la prisa para ti, de olvidar el cansancio a tu lado, y te diré una y mil veces gracias, gracias por haberme dado el regalo mas precioso que tengo en mi vida: el de nacer como madre a tu lado”.

 Un abrazo de luna llena

@KarlaDoula

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