Se la ganó

Lulú Petite
02/08/2018 - 08:49

Querido diario: Juan Carlos se ganó estar conmigo. No es una metáfora. Literalmente: Se lo ganó.

Ya sabes que el Mundial Rompequinielas de Rusia fue un vendaval de sorpresas. Pronósticos vinieron, pronósticos volvieron, pero pocos se imaginaban los resultados que al final se dieron.

Resulta que Juan Carlos, no es futbolero, pero se metió a jugar una quiniela con sus compañeros del trabajo más por socializar y porque el premio acordado era financiar una cita romántica conmigo. Puso más fe que conocimiento a sus premoniciones futboleras y se aventó a la aventura.

La quiniela se hizo antes de que comenzaran los juegos y ganaba el que le atinara a quien se quedara con la copa y el desempate se haría por puntos en los partidos y predicciones. No lo sabía entonces, pero su ventaja era que sólo él puso a Francia campeona. Con los primeros tres partidos se dio cuenta de que muchos iban quedando en el camino.

La tuvo reñida por un buen rato, pero sus alocadas predicciones poco a poco le fueron dando la ventaja y al final, cuando Croacia eliminó a Inglaterra, para Juan Carlos el juego era sólo un trámite. Ganara o perdiera, su gallo ya había llegado a donde los demás no. Ganó.

El miércoles nos vimos y me contó todo ésto. Total que hasta del futbol nos pusimos a hablar, de las caídas de Neymar y de los goles más bonitos. No sé en qué pensaba Juan Carlos mientras metía sus manos por debajo de mi falda.

Me bajaba el calzón como en cámara lenta, pero yo imaginaba esos roces sudorosos en el área, esa explosión de virilidad.

Nos besamos apasionadamente. Su forma de tocarme y de prenderme hacía que me retorciera del placer. Sus manos furtivas recorrieron mis curvas como si le diera forma a mi cuerpo completo. Sentía sus palmas calientes sobre mi piel y cómo iban acoplándose a la forma de mis nalgas, de mi cadera, de mi cintura. Lo envolví entre mis muslos y con los pies acaricié sus nalgas, jalándolo más hacia mí cuando me metió su miembro.

Sentí un corrientazo certero atravesó mi médula y me hizo delirar a medida que nos besábamos.

Sus músculos tensos combinaban con la pieza tiesa y gruesa que palpitaba en mi interior, pujando cada vez más a fondo. Sus bolas jugosas rebotaban en mi vulva mojadita.

Sus dedos se enterraban en la carne de mis muslos. Abierta como una flor, le ofrecí mi meneo de goce, mis arranques incontrolables de placer.

Dimos vueltas una vez más y quedé encima de él, apostada en posición dominante. No podía parar. Estaba encendida y a Juan Carlos le encantaba. Me acomodé en la cama como si estuviera de cuclillas y me volví a enterrar, con mis dos manos, su pieza erecta.

Apoyé las manos en su pecho y él pellizcó suavemente mis pezones mientras me meneaba.

—Así, así —gemí—. Qué rico.

Glorioso y pleno, lo dio todo hasta que se quedó livianito y flojito, sin pensar en futbol ni en quinielas. Eso sí, un compromiso con sus amigos, los de la quiniela, era convencerme de publicar su hazaña, para que vieran que cumplió. Lo logró. Me convenció.

Hasta el martes, Lulú Petite

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