Rudo y cachondo

Lulú Petite
13/09/2018 - 05:18

Querido diario: Estaba en cuclillas, acorralada entre él y la pared. Sus muslos quedaban bañados por la luz tenue de una tarde lluviosa que comenzaba a transformarse en noche, e imaginé que mi rostro también se vería así, echado hacia atrás y a la altura de la erección ya arropada por un preservativo.

Sonreíamos, pero mi boca quedó oculta un instante entre los pliegues de sus testículos, cuando me llevé uno a la boca para chuparlo con la suave presión de su vara apoyada contra mi cara. Javier, mi improvisado amante, jadeó y colocó una mano abierta en la pared, buscando tal vez un punto de apoyo ahora que me agarraba por la nuca.

—Toma —me dijo de voz ronca, poniéndome la erección en la cara, justo debajo de la nariz, sobre mis labios cerrados. Los separé después de relamerme, obediente, y gemí un poquito en lo que me enchufó su pene hasta la mitad. Era más grueso de lo que esperaba, me daba cuenta ahora que tenía que abrir más la boca para acogerlo, agarrada a sus muslos. 

Javier es un tipo rudo, de pocas palabras y modales toscos, muy caliente y con un estilo de coger completamente chacal. Es de esos hombres que te hacen ir bien cogida. Que lo hacen con tanta pasión que es imposible no sentir delicioso su tacto, su sexo, sus besos, su instinto animal y cavernario.

Me planté sobre la alfombra con las rodillas y le permití que me follara la boca a placer suyo, excitada por el vaivén insaciable con el que sus caderas se movían contra mi cara, buscando el fondo.

Con los ojos llorosos por esos instantes en los que me ahogaba con el glande, metí una mano entre mis muslos empapados para tantearme el sexo, y un escalofrío me recorrió la espalda. Entonces, él se echó hacia atrás y la erección se resbaló de entre mis labios con un gemido de mi parte.

—Me gusta tu boca —me dijo al ponerme de pie por un codo, sonriéndome como yo le sonreía mientras yo me ponía de espaldas a él; mis manos quedaron apoyadas contra la pared al igual que mis tetas, pero mi culo quedó alzado a disposición suya. Javier no es guapo, ni tiene buen cuerpo. No, al menos, en el sentido habitual de la palabra. Pero tiene una personalidad tan fulminante, que resulta muy cachondo. Se antoja para coger.

Ahora lo tenía adentro. Podía sentir sus manos abiertas entre mis caderas y mi culo, pero sobre todo sentía la presión caliente de su miembro encajado en mi pelvis. Oleadas tibias de placer comenzaron a hacerme cosquillas de las piernas para arriba en lo que comenzó a embestirme, con cierta fuerza ahora que me encontraba tan mojada, y pronto tuve que apoyar la cara en la pared para soportar el ritmo de la cogida. Se me había quedado la mente en blanco, los labios entreabiertos entre los jadeos y las quejas a viva voz; era una chica ruidosa yo cuando me daban en el lugar correcto. Y él lo había encontrado.

Javier no hace el amor, te coge, y lo hace con tanto ímpetu que sabes que sólo se trata de placer. El suyo y el mío. De sentirme poseída y de que él se vacíe en mí.

Hasta el martes, Lulú Petite

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