Hacía ruiditos

Lulú Petite
28/08/2018 - 09:38

Querido diario: Estaba desnuda cuando me arrodillé sobre la alfombra. El cosquilleo excitado en mi vientre pronto se convirtió en un denso y copioso derrame de flujo que me empapó el espacio entre los muslos, cuando comencé a masturbar al hombre sentado frente a mí al borde de la cama. Con una mano le estiré la gruesa erección surcada de venas desde la base hasta la punta, y cuando me decidí a subir la mirada me lo encontré con los labios entreabiertos y la respiración igual de agitada que la mía.

El contacto visual se mantuvo mientras yo sacaba la lengua con la intención de lamerlo. Lo seguí masturbando de abajo hacia arriba, lo que provocó que él soltara un gruñido y se mojara los labios, inquieto. Palpé el piso buscando el paquetito del preservativo que había puesto allí. Lo abrí de un mordisco y se lo coloqué en la punta del pene para que yo lo estirara, a lo largo del tronco, con un solo jalón de mis dedos. Entonces me lo llevé a la boca y comencé a mamar con entusiasmo.

—Ahhh... —gimió, y lo vi cerrar los ojos. Una de sus pantorrillas se tensó en un espasmo, y apenas le arropé el glande con la boca me apartó el pelo de la cara para sostenérmelo en una coleta alta y descuidada. Lo que empezó como un oral normal se convirtió en él aprovechándose del agarre en mi pelo para bajarme y subirme a través de la longitud de su erección, y mientras tanto yo la sentía crecer y engordar adentro de mí, caliente y excitada contra mi lengua.

El ruidito que hacía mi garganta al acogerlo me llenó de escalofríos de las piernas para arriba. Me agarré a sus muslos con las uñas y cogí un respiro hondo cuando me echó hacia atrás de un tirón, y gemí, mirándolo con ojos llorosos. Ahora que lo masturbaba vigorosamente con las dos manos, él me soltó el pelo para tantear el espacio en la cama a su lado como diciéndome que ya quería coger, así que me levanté con las rodillas coloradas.

Amasándome el culo con deseo me llamó a su encuentro. Yo me ubiqué a horcajadas sobre su regazo y me tomé mi tiempo para sentarme, porque me interesaba tenerlo bien ubicado en mi entrada primero. Solo entonces me dejé caer, con la boquita abierta en un grito ahogado de placer, mientras mi canal apretado se comía su miembro hasta el fondo. Él se agarró a una de mis tetas con la mano abierta al tiempo que yo movía las caderas, primero en círculos para acostumbrarme a su tamaño, y luego en embestidas largas y profundas que nos pusieron a jadear a los dos. Tenía un brazo suyo amarrado a la cintura, y pronto me encontré arqueada y gimiendo, perdida en el placer de montarlo.

Se me escapó un gritito con un quejido entrecortado en el instante que nos dio la vuelta a los dos sobre la cama. Él tomó posición entre mis piernas abiertas y se sostuvo en alto con los puños hundidos en las sábanas, a cada lado de mi cabeza con los brazos extendidos. La mano se me fue hasta el clítoris, y aunque me enteré de que él volvía a apoderarse de uno de mis senos, si lo apretó no lo supe, porque con los primeros espasmos del orgasmo me fui retorciendo hacia unos breves y dulces segundos de inconsciencia...

Si lo disfruté tanto es ¿Por qué no puedo acordarme de su nombre? Ojalá llame de nuevo.

Hasta el jueves, Lulú Petite

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