“A propósito” Por Lulú Petite

Me preguntó cómo festejaré el año nuevo y él me contó que, por tradición propia, al final de cada año en vez de hacer propósitos se plantea retos
Lulú Petite
30/12/2014 - 11:26

Querido diario:

Hoy, antes de comenzar a escribir esto, atendí a un cliente que pronto cumplirá cuarenta. Es muy inteligente, tiene un sentido del humor impecable y una plática de lo más entretenida. Su mirada es profunda y su sonrisa cálida. Es guapo. Hace unos años una enfermedad fue deteriorando su cuerpo hasta obligarlo a andar por el mundo en una silla de ruedas.

Estuvimos platicando largo rato. Me preguntó cómo festejaré el año nuevo y él me contó que, por tradición propia, al final de cada año en vez de hacer propósitos se plantea retos. Le pregunté la diferencia y me contestó que los propósitos se cumplen, pero los retos se alcanzan. Los propósitos son decisiones sobre cosas que puedes hacer y está en tus manos cumplirlas, los retos son metas a alcanzar sobre las cuales no necesariamente tienes el control.

-No es lo mismo decidir dejar de fumar que luchar por curarte un cáncer- Me explicó.

El año pasado escribí una carta al 2013 agradeciéndole lo bueno que trajo y reprochándole lo malo. Le advertí que en su agonía, todos estábamos preparando cualquier clase de conjuros, mantras, cávalas, tradiciones y amuletos, para sacudirnos las malas vibras del año que se iba y recibir al 2014 con deseos de prosperidad y buenas nuevas.

Velas de un color, calzones de otro, barrer entradas, sacar maletas, colgar borregos, atragantar uvas, poner lentejas y un sinfín de chucherías que, nomás pa’ no arriesgar cumplimos escrupulosamente.

Quién quita es chicle y pega ¿No? La esperanza impulsa todos los comienzos. Recibimos 2014 con ese entusiasmo. Chocamos copas, dedicamos a nuestros seres queridos las frases más alentadoras, nos abrazamos, nos deseamos un año de proyectos consolidados, alegrías y éxito. Como si el calendario se encargara de esas cosas.

Se acerca 2015. Vienen de nuevo las uvas, los calzones rojos, las velas amarillas, los abrazos y los deseos de que sea un buen año. Trescientas sesenta y cinco oportunidades de hacer algo que valga la pena.

Como te decía, antes de comenzar a escribir esto atendí a un cliente guapo, inteligente, interesante y con una enfermedad que lo tiene en una silla de ruedas y deteriorándose.

Me lo advirtió desde que llamó, según él para que al verle no me llevara una sorpresa. Claro que le agradecí la atención, pero jamás he tenido problemas para atender a personas que viven con una discapacidad, por el contrario, he tratado de informarme lo más que me es posible para asegurarme de que los haré disfrutar el rato por el que están pagando.

Ya lo he dicho: Estoy convencida de que tener una vida sexual debería ser un derecho. Hay muchas personas que, por varias razones, no han conocido el placer del contacto con otro ser humano, una caricia sexual o un beso apasionado. Nuestro cerebro, además de nuestro cuerpo, están diseñados para experimentar este tipo de placeres y, si puedo ayudar en algo y hay quienes en esa situación puedan pagar mis servicios, estoy encantada de hacerlo y, sobre todo, decidida a garantizarles que habrá valido la pena.

Le hice el amor despacio y siguiendo sus rigurosas explicaciones. Él no tiene control sobre su cuerpo, pero su cerebro está intacto. Hace algún tiempo, antes de que sus males hicieran tantos estragos, conoció el amor y fue correspondido. Cuando terminaron él ya estaba en franca decadencia. No ha vuelto a tener novia, pero a veces busca alivio en brazos de profesionales.

Tiene un trabajo muy bien pagado además de una familia que lo quiere y apoya en todo. Con sus dificultades, ha aprendido a valerse por sí mismo. Platicamos mucho tiempo.

Su enfermedad hace que su cuerpo se atrofie poco a poco, en algún momento como le han fallado unas cosas, le fallarán otras. Como un día dejó de usar sus piernas, sabe que probablemente algún otro día el corazón le dará un susto, los pulmones dejarán de funcionar. No sabe cuándo ni qué, pero si sabe que su cuerpo es una bomba de tiempo. Hoy está bien y contento, mañana no sabe.

Por eso él ya no mide sus planes en años, sino en días. No hace propósitos para doce meses, sino acepta retos de veinticuatro horas. Eso le permite disfrutar al máximo el tiempo que tiene. Hacer que cada día valga la pena. Hoy, por ejemplo, decidió conocerme y, según me dijo, lo disfrutó.

Todos tenemos la vida prestada. Con o sin fecha de caducidad, un día nuestra cuenta regresiva llegará a cero. Sí él, con tanto en su contra, sabe sacarle provecho a cada minuto, es poco inteligente no hacer lo mismo teniendo todo a favor. Para eso, además no es necesario esperar al jueves, si diario te reinventas, el año nuevo empieza cada día.

Así que te deseo un maravilloso 2015 y, para asegurarlo, te invito a que como yo, esta vez, en lugar de muchos propósitos de fin de año, te hagas un solo reto al inicio de cada día: Ser feliz. Si eres feliz, lo tienes todo y eso es lo mínimo que mereces.

Feliz 2015 

Lulú Petite

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