Siempre es tiempo de jugar

Lulú Petite
29/04/2015 - 23:10

Querido diario: Me gustas. Me gusta tu piel, tus ojos, tu boca. Me gusta la frialdad con que me miras y la calidez de tu sonrisa. Me gusta cuando me tocas, sentir tus manos ásperas recorrer con lujuria y experiencia las crestas y valles de mi cuerpo.

Me gusta la sal de tus besos y el azúcar de tus palabras. Me gusta gustarte y que te desnudes para mí, que me tomes en tus brazos, me levantes y me claves como alfiler en mariposa, para hacerme parte de tu colección privada, de tu vitrina de trofeos.

 

-¿Quieres ser mi novia?- Me has preguntado más de una vez con ese pinche descaro que te hace encantador. Tienes el cinismo de un niño que disfruta riéndose de sus travesuras. Claro, con lo proclive que eres a contratar colegas, eres mucho mejor cliente que novio. Yo puta y tú putañero, no tardaríamos en encontrarnos en un elevador o reconocer nuestros coches en el estacionamiento del motel. ¡No! Me encanta hacerte el amor y la forma en que me lo haces, pero de ser tu novia ni hablar.

 

Igual me gusta cuando me llamas y me impresiona tu energía. Eres un niño eterno y rebelde, como un Peter Pan tardío. No sé tu edad. Como un acto de vanidad te niegas a decírmela, pero eso es otra de las cosas de ti que me encantan, que sin exageraciones, no dejas de ser coqueto, no eres metrosexual ni de esos que usan más cremas que nosotras, al contrario, manejas un look de rocanrolero prófugo del Siglo XX, algo entre Jon Bon Jovi y Han Solo; siempre como si la vida fuera una fiesta.

 

Eso sí, eres equilibrado, no estás clavado en más adicciones que hurgar bajo las faldas de todas las mujeres que puedas y has dedicado tu vida y empresa a poder pagarte este tipo de gustos caros. Bien me has contado que, cuando alguien te insinúa que tienes problemas con el sexo, contestas que el único problema sería no tenerlo.

 

¿Por qué me acordé hoy de ti? Pues claro ¡Porque es Día del Niño! Y tú, mi grandísimo amigo, aunque sé que andas a mitad de tus 40  quizá rascando los 50, eres el hombre más niño que conozco.

 

Lo maravilloso de la infancia es que, por encima de cualquier cosa: de la seguridad, de la escuela, de todo, está el juego. Para un niño la vida es eso. El juego es motor de la infancia, no sólo porque es divertido o porque relaja, sino porque te enseña a convivir, a hacer equipo, a alcanzar metas, a reír, a buscar soluciones, a despeinarse sin complejos y, sobre todo, porque echa a volar la imaginación.

 

Cuando un adulto mantiene la capacidad de jugar con la misma emoción que lo hacía cuando era niño, significa en el mejor de los sentidos, que no ha dejado de serlo. Tú siempre juegas, en todos los aspectos de tu vida haces a un lado los convencionalismos y disfrutas libremente de tus deseos más puros y, desde luego, la cama no puede ser la excepción. Nada, créeme, puede ser más estimulante para una mujer en la cama que un hombre con ganas de experimentar, de buscar, de probar.

 

¿Recuerdas la última vez que nos vimos? En el tocador, junto a las botellitas de agua estaba además del menú del restaurante, otro menú con una vasta oferta de juguetitos sexuales. Dildos, lubricantes, anillos, cuentas ¡De todo! Nos pusimos a revisar las opciones y a analizar los pros y contras de cada aditamento. Me encantó tu sentido del humor, pero sobre todo tu franqueza al admitir que disfrutas el uso de productos de mejoran la experiencia sexual de la pareja. Después de todo, si para hacer ejercicio, para el trabajo, para comer y casi para cada actividad de nuestra vida compramos ropa, aditamentos o suplementos para mejorar el desempeño ¿Por qué no hacerlo con el sexo?.

 

Tomamos el menú y cada uno escogimos un juguete. Yo pedí un dildo vibrador de color rosa metálico, con baterías incluidas y tres velocidades. Tú una pluma para masaje. Llamaste a recepción e hiciste la orden.

 

Mientras llegaban nuestros atrevidos juguetes, a mitad de nuestros besos y caricias, te levantaste y tomaste de tu saco un pequeño sobre de gel, supuse que era algún tipo de lubricante, por eso me sorprendió cuando lo abriste con tus dientes y lo bebiste, según me aclaraste, era para despeinarme mejor.

 

Siempre has sido espléndido en la cama, pero me encantó ver que no dejas de experimentar y de buscar aquello que pueda mejorar tu desempeño.

 

Cuando llegó el room service tomamos nuestros juguetitos y convertimos el placer en una diversión, nos reímos, nos besamos, nos tomamos, despeinamos a la cotorra y nos vinimos riquísimo.

 

Me gustas. Me gusta tu piel, tus ojos, tu boca. Me gusta la frialdad con que me miras y la calidez de tu sonrisa. Me gusta cuando me tocas, pero lo que más me gusta de ti es que no te importa nada, sigues teniendo alma de niño. Por eso, para todos los adultos que son como tú:

 

¡Feliz Día del Niño!

Lulú Petite

 

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