Y los labios temblorosos

Una candente cita deja helada a Lulú ante una propuesta inesperada
Lulú Petite
24/07/2014 - 03:00

Querido diario: 

El cielo estaba gris rata cuando miré por la ventana de mi habitación. No sé si a consecuencia de las intermitentes pero interminables lluvias, de la contaminación no aliviada con el “Hoy no circula” sabatino o de vivir en tierra de asfalto, pero en mi ventana se veía un horizonte gris. Me tallé los ojos y respiré hondo. Últimamente me he propuesto ser feliz a pesar de cualquier cosa, no iba una mañana lluviosa a fastidiarme el ánimo.

Recién había salido del cuarto de baño después de una larga ducha con agua tibia. Mi cabello escurría y sentí como una gota acariciaba mi espalda y me hacía cosquillas mientras rodaba fría hasta llegar a mis glúteos.

El anterior había sido un día largo y mi estómago gruñía del hambre. Sonreí cuando me miré desnuda en el espejo.

Mi teléfono sonó. Un mensaje nuevo, palpitaba en la pantalla. Pensé que era César, con quien quedé de comer, pero era un mensaje de trabajo. Xavier, un cliente recurrente recordándome que quedé de verlo.

—¿A las 7:00 en el lugar de siempre? Abrazo. Siempre termina sus mensajes con un abrazo, que luego me da.

Eran las 11:00 de la mañana. Aproveché para organizar algunas cosas de mi computadora, revisar mi blog y tratar de ponerme al día antes de que dieran las 3:00 y llegara César por mí para llevarme a comer. Estuvimos juntos hasta poco más de las 6:00. Las cosas con él van bien. Es todo un lío tratar de inventar algo parecido a un romance, cuando hay entre nosotros tanta tela de dónde cortar. Es un tema sobre el cual prefiero no pensar mucho, aunque disfruto su compañía y le quiero bien.

Me arreglé con prisa para la cita de las 7:00. Cuando llegué al motel hacía frío, había indicios de que podría llover en cualquier momento, bajé del auto con mis tacones negros de suela roja y el vestido rojo y ceñido que sé que le gusta a Xavier, tenía un tremendo escote en la espalda que destaca mis glúteos.

Al llegar me sonrió complacido, con picardía. Besó mis labios y sentí la suavidad de sus besos. Mi mano se posó sobre su cuello acariciándolo con la punta de mis dedos, mientras que las suyas apretaban mi cintura con autoridad.

—¿Me extrañaste? Me preguntó mirándome a los ojos.

—Te extrañé, le susurre. Sé que le gusta que se lo diga.

Sus besos se tornaron más apasionados. Primero sentí su lengua rozar mi labio inferior, un toque suave, caliente y húmedo, una chispa se encendió en mí. Luego su lengua tocó la mía mientras que su respiración se volvía fuerte junto con el palpitar de mi corazón.

Mi cuerpo se comenzó a mover instintivamente como buscando el contacto de su cuerpo con el mío. Me aparté de su boca y comencé a besar su oreja, mordisqueando su lóbulo suavemente y deslizando mi lengua por el borde exterior del cartílago. Sentía el olor de su perfume y cómo se estremecía con las caricias que le daba.

Con mi mano acariciaba su rostro. Suave y lentamente la fui deslizando por su cuello, su pecho, su abdomen hasta llegar a su entrepierna. Toqué el bulto que se notaba desde su pantalón, parecía que iba a estallar y a mí me encantaba eso. Él sonreía con picardía mientras me veía acariciarle. Jaló mi vestido del escote en mi espalda y éste prácticamente se deslizó por mi cuerpo.

Mi piel comenzó a erizarse y con un beso me fue tendiendo en la cama. Sus manos recorrían mi cuerpo desde mi pecho hasta mis piernas, las sentía tibias y fuertes. Y me besaba cada vez con más pasión. Yo sentía como me humedecía y mi clítoris comenzaba a palpitar. Acariciaba su espalda aún vestida y decidí quitarle la camisa, lo desabotoné con cuidado, eso a él le excitaba, lo podía ver en su rostro.

Me tomó con más fuerza y comenzó a besar mi cuello pasionalmente, podía sentir su fuerte respiración y oler su rico aroma, era dulce y penetrante. Me sentía tan a gusto con él. No sé, una vibra de tantas veces teniendo sexo que comenzaba a convertirse en una costumbre deliciosa.

Apreté su espalda y lo acaricié suavemente, él se movía como con deseos de penetrarme, pero aún no lo dejaría. Uní fuerzas y lo tumbé sobre la cama, boca arriba sin camisa. Él gruñía para tratar de aguantar las ganas de poseerme inmediatamente. Me monté sobre él y me posé sobre ese bulto apretado que quería liberarse, y lo toqué despacio desde el cuello hasta el ombligo, volvió a gruñir y se arqueó sobre la cama.

Bajé y le quité el pantalón, su ropa interior estaba húmeda, posé mi mano sobre ella con una sonrisa maliciosa porque sabía que él quería mucho más que eso. Sentí como palpitaba su pene bajo aquella delgada capa de tela, pero no se la quité. En cambio hundí mi cara en ella y comencé a comerme su entrepierna por encima de su ropa interior humedecida, el olor que emanaba era glorioso, sentía el calor que salía de allí y me encantaba.

Lo miré a los ojos y él clavó sus pupilas en las mías. Un instante de encuentro íntimo de esos que se dan de pronto.

—Cásate conmigo, me dijo con la mirada fija y los labios temblorosos.

Hasta el martes

Lulú Petite

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