Quién quita es chicle

Lulú olvida los prejuicios y piensa en una de las formas de gozar la intimidad en pareja
Lulú Petite
22/05/2014 - 03:00

Querido diario: 

Acá entre cuates. Nada más porque sé que esto va a quedar solamente entre tú y yo. Dobla un poco el periódico para que nadie pueda ver lo que lees. ¿Ya? Bueno, pues ahora sí, acá entre nos: ¡qué rico es mamar un pito!

Ya sé, si eres hombre probablemente no estarás de acuerdo conmigo (digo probablemente porque una nunca sabe y, en esto de diversidad, cada gusto es respetable). Pero aun así está bien, si eres hombre ¡qué rico es que te mamen el pito! ¿A poco no?

La semana pasada hice una encuesta en internet dirigida a hombres con una sola pregunta: ¿Te gusta que te mamen el pene?

De 1,589 respuestas, 1,538 personas dijeron que sí y 51 que no. Es decir, a 97 de cada 100 les gusta que se la agarren de tutsi pop.

Estoy convencida de que una buena chupada es uno de esos placeres que deben disfrutarse plenamente. Tanto para quien la da, como para quien la recibe, mamar es un acto noble, generoso, saludable y, sin lugar a dudas, extraordinariamente sexy.

Algunas mujeres no reconocen el placer de mamar un pito. Razones hay muchas: Asco, dificultad, arcadas, dudas, inexperiencia, pudor, desinformación, miedo, vergüenza, incomodidad o, simplemente, no les viene en gana ni se les antoja ¡está bien!

Lo cierto es que, cuando te atreves y lo haces erotizada y con ganas de regalar un rato de placer, puedes hacer del sexo oral una delicia para la pareja. Es muy respetable cuando a una chica no le gusta dar sexo oral, pero no está de más que, al negarse o aceptar, tenga en cuenta al menos algunas verdades:

Somos muchas las chicas a las que nos encanta mamar, lamer, chupar, sorber, lengüetear, beber y mordisquear. Cuando una chica responde no, nos da una espléndida ventaja a las que decimos sí, de modo que atreverte ayuda.

Supón que estás en el faje con un chavo que te gusta. Las hormonas se ponen a hacer travesuras, tu entrepierna se humedece, le acaricias el muslo y sientes cómo algo duro crece bajo sus pantalones. Lo tocas, sabes que no es la cartera, es un palo que se puso duro para ti. Tienes ganas. Lo besas, quieres un preámbulo, ir haciendo que las cosas se calienten poco a poco, pero ¿qué tal si esta vez tú tomas la iniciativa?

Aviéntate. Arrodíllate frente a él, separa sus muslos, ponte entre sus piernas, abre su bragueta, mete la mano, toca su miembro, empúñalo, siéntelo, acarícialo, excítate teniéndolo en tu mano. Siente su forma, sus venas, la suavidad de su piel, la dureza de su erección, la forma de su cabeza, su temperatura, su lubricación. Sin dejar de tocárselo, búscale los labios, dale un buen beso, siente cómo su lengua se mueve en tu boca.

Sácala con cuidado. La piel del pene es muy sensible. Seguramente no querrá que lo lastimes con la bragueta o que seas muy brusca. De preferencia desabotona su pantalón. Saca el pene y las pelotas. Acarícialo con una mano, el abdomen, los muslos, las bolas y con la otra mantén firmemente agarrado el pene, jalándolo suavemente de abajo hacia arriba. En un momento dado jala la piel hacia atrás sin brusquedad y prepárate, es hora de mamar.

Humedece tus labios ligeramente. A la mayoría de los hombres les gusta que se la chupen, no que se la babeen, ni que la escupan. Míralo a los ojos y, lentamente, ve metiéndola a tu boca. Con lamidas suaves por los costados, en la base, en la cabeza, en las bolas, varios paseos de tu lengua reconociendo la anatomía del miembro antes de meterlo de lleno en tus labios. Cuando te sientas lista, respira profundo y mama.

Métela a tu boca hasta donde aguantes, hasta donde te sea placentero. No olvides respirar por la nariz. No dejes de mirarlo a los ojos de vez en vez, cuando no lo mires ciérralos, imagínalo comiéndote con la mirada, viendo cómo su miembro desaparece entre tus labios y sintiendo la caricia de tu lengua en su sexo, tu respiración cálida en su pubis, la caricia de tus manos en sus muslos, en su abdomen, en su sexo. Juega con tus uñas suavemente en sus pelotas. Cómetelo, atorméntalo, bésalo, desármalo. Haz que gima de placer.

Sé creativa. Chupar un pene no debe ser monótono. No lo hagas siempre de la misma manera ni con movimientos mecánicos. Le estás haciendo el amor con la boca, no una chaqueta. Usa la lengua, los dientes (sin pasarte de lanza), los labios, las manos, la nariz, el cabello. Todo entra en juego. Una buena mamada es cuestión de variedad, entusiasmo y ritmo. 

Llega hasta donde quieras, hasta donde quieran ambos. Disfrútalo. Si no te sientes cómoda, pero quieres, no te rindas. Si sabe mal o huele mal, métete a bañar con él o usa una toalla húmeda. Nunca digas de esta “agua” no he de beber, con suerte y entusiasmo, probablemente con el tiempo te guste y, seguramente, a él le encantará. ¿A poco no chavos?

P.D. Caballero, sí usted, que dobló el periódico y me hizo caso desde el principio, acá entre nos: No olvide dejar este texto de manera muy sutil a la vista de quien quiera usted que se la mame, quién quita es chicle...

Un beso (allí)

Lulú Petite

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