“Silvestre”, por Lulú Petite

Lulú goza de una fantasía protagonizada por un entrañable amigo
Lulú Petite
22/01/2015 - 03:00

Querido diario: A mi amigo  Silvestre no le ha ido bien en el amor. Es un hombre adorable. No es muy guapo. Su hermosura la encuentras a segunda vista.

Si algo he aprendido en este oficio es que la belleza es relativa. Lo que le gusta a una persona a otra puede desagradarle, pero a la hora de la intimidad es más importante la pasión o la destreza que la guapura.

El mejor sexo que he tenido trabajando ha sido con los hombres que menos lo hubiera esperado, los menos guapos. Quizá porque tienen que esforzarse más para gustar, porque son más apasionados o porque a pesar de su poca práctica, han planeado con mucho cuidado qué hacer para complacer a su pareja. Tal vez por todo eso o por otras razones, pero te juro que muchos feos cogen rico.

Silvestre es extraordinariamente amoroso. Es trabajador, respetuoso, de buen corazón, divertido, paseador y muy paciente. Se ha enamorado profundamente, pero como te conté no le ha ido bien. Ya sabes: Enamorado, pero mal correspondido.

Lo conocí en Twitter. Con paciencia se ha ido convirtiendo en un amigo virtual entrañable. Eso sí, me llevó a su recámara. Sobre su cabecera tiene enmarcado un retrato mío. Todos los martes y jueves lee mis colaboraciones y tiene perfectamente ordenada su colección de Placer G, que consigue cada viernes con su periódico. Fue uno de los primeros en comprar mi libro y siempre está al pendiente de mí. No hay día que no me deje al menos un mensaje positivo: Un deseo de buenos días o un besito de las buenas noches. Es tan respetuoso (e inseguro) que cuando me escribe algo pícaro, inmediatamente después pide disculpas.

A veces sube fotos de sus viajes por hermosas carreteras o ciudades pintorescas que recorre en un camión con el que distribuye vinagre barrilito. Sus fotos me enternecen porque siempre sale despeinado, con unos incipientes bigotitos, los ojitos chiquitos, su cara de cachorro y su apariencia de osote de felpa.

A pesar de conocernos por tanto tiempo, nunca me ha llamado para contratarme. En principio pensé que era un asunto de presupuesto, pero luego entendí que aunque me quiere de verdad y no juzga, es de los que prefieren no pagar por sexo.

Claro, una cosa es que no pague y otra que le den ganas. Supongo que así de modosito como se ve, tiene las mismas pasiones que todo ser humano. Sé que de vez en cuando, en la intimidad, cuando lee mis colaboraciones o ve mis fotos fantasea con hacerme el amor o le inspiro alguna ‘chaquetita’ mañanera.

A veces imagino que un día voy a llegar a un motel y será él. Que al fin rompió el cochinito, se armó de valor y me llamó. Lo imagino, con su incertidumbre. Me imagino llevándolo lentamente para que vaya perdiendo el miedo y sintiéndose cómodo. Dejándolo tocarme y darme un beso.

Supongo que pondría su mano en mi cintura y, con una ternura parecida al amor, buscaría mis labios. El beso lo disfrutaríamos ambos.

Nos desnudaríamos uno al otro y haríamos el amor despacio. Paseándolo por mi anatomía, por las curvas en mi cuerpo, por la suavidad de mi piel. Me besaría y lo besaría. Tocaría mi sexo, acariciaría mis pezones. Abriría mis piernas para recibirlo y dejarlo cumplir su fantasía.

Para que eso suceda Silvestre debe primero atreverse. Que asalte sus ahorros y se dé el gusto. Pero como eso no ha de pasar y lo estimo bien, he tomado una decisión: Lo voy a promover.

Silvestre es un partidazo. No es el hombre más guapo, pero si lo miras con calma, con un mejor corte de pelo, una buena afeitada y un ligero cambio de imagen se vería mucho mejor.

Así que chicas, hoy convierto este texto en aviso de ocasión y saco en subasta a mi amigo:

Se remata un hombre chambeador, caballeroso, jovenazo y con un gran corazón. Un osote de peluche, versado en el arte de amar, especialista en abrazos, doctorado en fantasías, con ternura incontenible y muchísimas ganas de ofrecer amor y ser correspondido.

Solicita con propósitos honestos, señoras o señoritas de los veinte a los cuarenta, con ganas de ser queridas, de compartir desvelos, intercambiar cuentos y construir orgasmos (pacientes y efusivos), con un joven melancólico, guapo a fuerza de encontrarle el gusto, partidario del amor del bueno y amoroso empedernido. Sin más defecto que irle a las Chivas ni más virtud que saber poner el pan en la mesa, la fe en el corazón y la oreja en la almohada.

No juzga oficio, aficiones, gustos ni destrezas, siempre que la damita sepa dejarse querer y pueda querer de vuelta.

Subasto a un gatito Silvestre, que busca una Piolina con quien hacer nido ¿Quién da más? ¿Quién da más? A las interesadas, mándenme un correo, yo las pongo en contacto o búsquenlo en Twitter como @SILVESTRE_M_C. Señora, señorita: ¡No le saque! ¿Quién le dice que no resulta ser el amor de su vida? ¿Quién da más? Que se va… a la una… a las dos…

Subasto a Silvestre justo hoy, que cumple treinta y seis años. Probablemente él pensaba que se me iba a olvidar, pero no cabezón: ¡Feliz cumpleaños!

 

Hasta el martes

Lulú Petite

 

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