“Esclavo”, por Lulú Petite

La película de moda le recuerda a Lulú gratas experiencias en la intimidad
Lulú Petite
19/02/2015 - 03:00

Querido diario: —¡Cállate y chupa!- Grité. Él obedeció con sumisión. No pude evitar reír.

—Sí, así exactamente es como me tienes que ordenar —exclamó—, tú eres mi ama —agregó de rodillas, lamiendo el dorso de mi zapato.

Te contaba el martes que, no sé si es coincidencia o qué onda, pero con eso de la versión cinematográfica de “Cincuenta sombras de Grey”, el boom de la onda bondage, con disciplina, dominación, sumisión, sadismo y masoquismo se ha puesto de moda.

Desde luego no es un asunto nuevo, hay muchísima gente a la que le gustan estos juegos y, a decir verdad, aunque estoy chiquita, tengo vocación de mandona.

Por eso cuando un cliente llamó y preguntó si podía contratarme para jugar con él una onda de ama y esclavo, le contesté que sí. Ultimadamente, si él es quien quiere hacerla de escoba, puedo rentarme para ser su bruja. No voy a negarle una sarta de guamazos a quien los necesita.

—¿Puede ser a medio día?, me preguntó

—¡No! En la mañana. Te quiero temprano y bien bañado, le respondí regañona, ya metida en el papel.

—Sí mi ama, respondió, como usted ordene.

Aun así, me sacó de onda cuando a día siguiente, muy temprano, me mandó el mensaje: “Ama, ya voy para el hotel”. Distraída pensé que me decía amá, como ranchero y pensé: “Este cuate trae el ajúa hasta en mensaje, no me vaya a salir con espuelas”.

“¿Está bien mi ama?” Agregó, y recordé entonces la naturaleza de nuestro juego.

“Pero rapidito, que no te espero, y no mandes mensajes, márcame cuando estés en la habitación. Por haberme escrito te has ganado un castigo”. Entendió que mi respuesta era parte del juego y esperó hasta instalarse para llamarme y darme con humildad el número de habitación.

Me dijo que quería que le ordenara, que fuera dura, casi culera, y yo me lo tomé muy en serio. Cuando llegué toqué a la puerta con fuerza y grité:

—¡Apúrate que tengo prisa!

A decir verdad, cuando entré los dos estábamos bien calientes. Luego, luego me empezó a encuerar, acariciaba mi piel, se puso de rodillas y quería levantarme la falda, pero lo empujé con el pie y le grité, como regañándolo:

—Espérate, espérate. Primero págame esclavo- Él se rio, asintiendo y buscando la cartera en su pantalón. Entendiendo de nuevo el juego.

—¿Sabes qué? De hecho págame el doble- Agregué riendo. Cuando vi la cara de no mames que puso, dije —Ah no, eso no, ¿verdad?— Ya fuera del papel, nos reímos. —Bueno, quien quita era chicle y pegaba, dije cagada de risa.

Me quedé en lencería y con mis zapatos de tacón de aguja. Él estaba de rodillas, con las palmas de sus manos en el suelo, como perrito. Él se la jalaba mientras me requeteque chupaba, primero los zapatos, luego los pies.

En eso sonó mi teléfono. Claro, cuando estoy con un cliente no atiendo llamadas, así que lo dejé sonar.

—Si quieres puedes contestar, me dijo entonces.

—¡Cállate! Le grité, bien metida en mi papel y él, también medito en el suyo siguió lamiendo. Aquí la que manda soy yo, ¡chupa! Y le metí el pie en la boca. Debo reconocer que sentí riquísimo como lo lamía.

Tomé entonces el teléfono y atendí la llamada sintiendo su lengua lamer mis pies con muchísima pasión y de pronto ¡Que se viene! Así en seco, sin siquiera jalársela ni nada, con la pura excitación de lamer mis pies eyaculó copiosamente. Recogí entonces su semen con mi pie y seguí hablando mientras se lo untaba por el cuerpo, luego lo puse en su cara e hice que siguiera lamiendo.

Después nos dimos un baño. Primero yo, después él. Salió completamente limpio y comenzó a vestirse. Se veía guapo y de lo más normal, el juego de ama y esclavo había terminado satisfactoriamente.

—¿Y tú alguna vez has jugado a ser la esclava? Me preguntó

—Alguna vez, respondí, pero muy light, nada violento.

En realidad llegué a ver estas cosas en tiempos de El Hada y con un cliente suyo dejé que me atara. Claro, eso después de que se ganara toda mi confianza. Mi primera vez atada fue con un novio. Era un salvaje. Fue en su casa, en la recámara de sus papás. Me tomó de la cintura y sin decir nada me levantó y tumbó en la cama. Me ordenó que no me moviera mientras me desnudaba con brusquedad.

Yo miraba al techo, nerviosa y excitada. Tomó mi muñeca y la ató con fuerza a una cuerda de hilo, jaló la cuerda y me obligó a estirar el brazo hasta tensarlo lo más posible, pasó la cuerda por la cabecera de la cama e hizo un primer nudo, luego jaló la cuerda, la tensó y la llevó a mi otra muñeca que quedó igual estirada hacia arriba, poniendo mis brazos en “Y”, lo mismo hizo con mis piernas atándolas a las patas de la cama. Quedé completamente desnuda formando una “X” con mi cuerpo sobre la cama. No podía moverme, entonces me amordazó. Así lamió mi cuerpo, se comió mi entrepierna, me produjo un orgasmo en su boca y luego me penetró con furia. Fue delicioso. Todo eso no se lo conté, supongo que por pena, pero seguramente ahora lo está leyendo.

Cuando nos despedimos, me felicitó por mi papel de ama. —Deberías de explotar este mercado,  dijo con seriedad, somos muchos a quienes nos gusta.

Un beso

Lulú Petite

 

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