“ENREDADA” Por Lulú Petite

Lulú se molesta, pero no se rinde ante la censura que hay en las redes sociales
Lulú Petite
15/01/2015 - 04:00

Querido diario:  Hay gente que se toma el sexo muy a pecho. Aún en estos tiempos, cuando debería habar más información que intolerancia, muchas personas, con solemnidad acartonada y una forma anticuada de ver el mundo, siguen considerando más importante lo que haces en la cama, que lo que haces fuera de ella. Como si el valor de una persona estuviera bajo sus sábanas.

Hay tantas cosas verdaderamente malas que hace la gente sin quitarse los calzones: robar, matar, violar, corromper, lastimar, ofender, odiar. En medio de un inventario de tanta verdadera fregadera, la promiscuidad y la lujuria parecen de lo más inofensivas. Si le quitamos al sexo todos nuestros prejuicios, resulta algo de lo más natural y hermoso. Nada de qué avergonzarnos.

Por amor, por placer, por calientes, por aburrimiento, por negocio o por cualquier otra causa, el sexo libera estrés, levanta el ánimo y es cosa buena. La virtud no depende de con quién nos acostemos y coger más o menos no te hace mejor o peor persona. No nos engañemos, compartir sensaciones satisfactorias, caricias, intimidad y buena vibra, estimula el espíritu y no puede tener nada de malo.

Hace unos días platicaba con un cliente sobre redes sociales. Soy una prostituta del siglo XXI. Las nuevas tecnologías revolucionaron la industria del sexo. La prostitución no había tenido un cambio tan profundo desde su nacimiento (y le dicen el oficio más antiguo), que el que experimentó desde hace pocos años con la llegada de nuevas formas de trabajar.

En principio, dándonos la posibilidad de ofrecer nuestros servicios en páginas especializadas, en las cuales anunciamos nuestros teléfonos y servicios para que los clientes nos contraten directamente. Aun así, eso se parecía mucho al Aviso Oportuno.

Conforme las redes sociales fueron creciendo, estas páginas especializadas se fueron mudando también a espacios más íntimos y personales.

Yo comencé con un blog. Allí empecé a escribir estas historias, a contar anécdotas de vida y del oficio. El blog se convirtió para mí, primero, en una válvula de escape y una forma de poder contar lo que llevaba en el pecho; después, en una manera de establecer una comunicación más humana con mis clientes, de hacerme publicidad. Me llevó también a recibir la generosa invitación a escribir esta colaboración.

En diciembre de 2009 abrí una cuenta de Twitter. Fui de las primeras prostitutas con cuenta en esa red social. Al principio no sabía qué escribir, ahora no me imagino sin tuitear, lo adoro.

Con Facebook, en cambio, tengo una especie de relación amor-odio.

Cuando pienso en la empresa, Facebook me choca. Me parecen de lo más cuadrados e intolerantes. Pero cuando pienso en Facebook como una red, un grupo de personas, un punto de reunión o una comunidad, debo admitir que, valga la ironía: “Me gusta”.

Supongo que mucho me ha de gustar, cuando llevo cuatro cuentas de Facebook que me cierran, según ellos por obscena y destapadita.

Ni modo, no vendo escapularios y si quiero promocionar mi negocio tengo que hablar de tetas, de besos, de nalgas, de sexo. Así es este bísne. El caso es que tanto en Twitter como en Facebook, he hecho muchos contactos. Con algunos de ellos he entablado una bonita amistad, de otros me he vuelto cómplice en travesuras y confidencias, algunos se han convertido en mis clientes.

No sabes cómo me frustra cuando me borran una cuenta y pierdo a todos esos amigos. Dan ganas de saber quién fue el puritano y patearlo entre los muslos.

Tenía 20 mil "me gusta" en la página de ‘face’ que me borraron el 25 de diciembre estos condenados hijos del Grinch. En principio me di por vencida y decidí mandar Facebook al diablo, pero después de unos días abrí una cuenta nueva. A empezar de nuevo.

La intolerancia sobre temas sexuales es triste. En principio lo pornográfico es algo obsceno. Hay muchas páginas en ‘face’ que ofrecen imágenes explicitas de la terrible violencia que vive el país y el mundo, de temas tristes, molestos, asquerosos o aterradores.

Igual creo que están en libertad de publicarlas. Es fundamental el derecho a expresarte y a ser informado, así sea de cosas malas; pero al comparar relatos sexuales con relatos de homicidios, decapitaciones, desollamientos, muerte, suciedad, crueldad, ausencia de amor; todas esas cosas fatales me parecen mucho más obscenas que leer sobre sexo. Al final de cuentas, el sexo, como sea, se trata de amor. Así sea amor propio.

Estoy convencida de que en ese sentido, es más importante cuidar quién lee algo, que prohibir que se exprese. Pero qué se le va a hacer, al final, Facebook es una empresa y están en su derecho a ser intolerantes.

Espero volver a reunir a una comunidad que guste de leer lo que escribo y trataré de ser más cuidadosa con términos y condiciones de la página del puritano señorito Zuckerberg. En fin, así es esto, el dueño de la pelota se la puede llevar cuando le venga en gana y allí se acaba el juego (y la simpatía por el dueño). Ni modo, así es esto de las redes: ¡Enredan!

Un beso

Lulú Petite

 

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