Mojado

Una tormenta deriva en una candente experiencia para Lulú, que está de fiesta y contagiada con la fiebre del Mundial
Lulú Petite
12/06/2014 - 03:00

Querido diario: 

Esta tarde llueve, sin embargo, hace ese húmedo calor de junio. La tormenta lleva ya unos quince minutos, pero rápidamente encharca las calles y descompone el tráfico.

De cualquier modo, llego a tiempo al motel para mi cita. Entro al estacionamiento, afortunadamente techado, subo al elevador y oprimo directamente al tercer piso. La puerta se abre en un pasillo ya conocido, de tanto recorrerlo. Camino hacia la habitación indicada y llamo, toc, toc, toc.

Escucho sus pasos hacia la puerta que se abre. Él está empapado. Literalmente hecho una sopa. Camisa, saco, pantalón zapatos, todo en él está mojado. Su cabello cubre su rostro. Me sorprende encontrarlo en ese estado de desaliño.

No dice nada, pero me invita a pasar con un ademán cortés. Parece apenado, se mete al baño y busca una toalla, con la que se limpia la cara y trata de secarse el cabello. Aunque no está cerca puedo percibir su olor. Es un aroma fuerte, como a perfume mojado.

Sigo esperando que diga algo. La duda es obvia, ¿por qué diablos si yo llegué después y el estacionamiento tiene techo, él está como si recién hubiera escapado del diluvio universal? Yo crucé la misma lluvia y no tengo nada mojado.

Se quita el saco, sus calcetines y sus zapatos. Me sonríe y comienza a explicarse mientras termina de desnudarse.

—Comprenderás que no era así como me imaginaba conocerte, pero después de llamarte para confirmar el número de la habitación me di cuenta de que no traía dinero para pagarte. Debí atravesar la avenida en pleno aguacero para sacar dinero del cajero que está enfrente. Recién llegaba justo cuando tocaste.

Me acerco para ayudarle con la toalla y siento su mano, fuerte y firme tomarme de la muñeca. Sorprendida me dispongo a decirle algo pero en cuanto me preparo para hacerlo siento sus labios mojados sobre los míos. Me dejo llevar.

Siento sus labios navegar a través de mi cuello entre besos y ligeros lengüetazos. Acaricio su nuca. La combinación de su cabello mojado y la calidez de su cuello justo en la zona en que se funde con sus hombros me excitan profundamente. Siento como mi cuerpo se estremece. Mi vagina palpita. Sus manos han recorrido todo mi cuerpo. Lentamente. A pesar de que me está dominando lo hace con paciencia.

A cada caricia siento como mi ropa interior se humedece más y más. Quiero tocarlo pero estoy maniatada por su deseo. Me toma de repente por mi cintura y me da vuelta. Abre la cremallera de mi vestido, desabrocha mi sostén y comienza a acariciar mi espalda.

Me lleva de la mano hasta la cama y se recuesta sobre mí. Puedo sentir su erección en mi pierna. Siento que no puedo esperar a sentirlo dentro, pero en este momento no tengo control alguno. Su lengua atraviesa mi espalda desde la nuca hasta el trasero. Aprovecha esta oportunidad para quitarme la tanga. Siento su respiración acelerarse. Comienzo a estar ansiosa. Siento sus labios, su barba de lija y sus manos toqueteando mi vagina, mis piernas y mi trasero. Se detiene por un momento.

Miro hacia atrás y lo veo completamente desnudo, el hombre empapado y desaliñado que me abrió la puerta ha desaparecido, ahora estoy con un semental que bufa y presume una tremenda erección apuntando hacia mis nalgas.

Puedo ver que él también está humedecido justo al final de su pene. Quiero saborearlo. Me doy vuelta dispuesta a hacerlo. Tomo su pene con firmeza. Apenas puedo rodearlo con mi mano. Tomo un condón de mi bolso y se lo pongo con la boca. Lamo la cabeza de su pene. Recorro con mis labios todo su miembro hasta sentir sus testículos en mi boca. Me toma por los brazos y me empuja hacia el sofá de nuevo. Lo deseo.

Mientras se la chupo, con movimientos suaves pone su boca en mi vagina. Siento su lengua. Húmeda y cálida. Me estremezco, siento que mi energía está concentrada en mi sexo.

Sigo chupándolo, pero aprieto sus nalgas para hacerle saber que me tiene al borde de la locura. El orgasmo es inminente. Mientras hace presión sobre mi clítoris y lo rodea una y otra vez con su lengua sus manos se abren paso hacia mis senos. Los presiona con fuerza. Siento que es la manera en que desahoga su furia sexual mientras se prepara para penetrarme. Sus dedos índice y pulgar pellizcan mis pezones. Me saca el miembro de la boca y lo apunta directamente a mi sexo. Me empala de una estocada provocándome un orgasmo casi inmediato, comienzo a gemir. No puedo evitarlo. Me muevo sin quererlo y empujo mi vagina sobre su pene. Me encanta.

Esta semana, esta colaboración cumplió cuatro años publicándose y tratando de hacerte llegar anécdotas sexuales divertidas. El sexo es sin duda el deporte que más se practica en el mundo. Quema calorías, es divertido, te hace sudar y cuando anotas los dos equipos disfrutan. De todos modos, cada cuatro años, otro deporte acapara los ojos y corazones del mundo. Cuando esta colaboración se publicó por primera vez, la fiesta estaba por comenzar en Sudáfrica al ritmo del Waka Waka. Que hoy ruede el balón en Brasil y el mayor de los éxitos para nuestra adorable selección, me cae que si al menos llegan a cuartos de final, busco al Piojo y me lo cojo de a grapa.

Un beso

Lulú Petite

 

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