Giovanna y Arturo, por Lulú Petite

Lulú ayuda a un hombre a conquistar el amor de la mujer que se alejó de su vida en varias ocasiones
Lulú Petite
10/09/2015 - 04:00

QUERIDO DIARIO: ARTURO conoció a Giovanna siendo niños. En quinto de primaria para ser exacta. Sus ojos negros, profundos e infinitos lo fulminaron cuando la vio. El amor infantil es una calamidad. No sabes qué es ni para qué sirve, pero no puedes evitar sentirlo. Se enamoró locamente y, como un loco de quinto de primaria se calló, por miedo al ridículo.

En sexto, lo que sentía por ella lo atormentaba hasta convertirse en agonía, conforme se acercaba el día en que cada uno se iría a una secundaria distinta.

La primaria terminó. Pasaron tres años. Se reencontraron en prepa. Ella seguía hermosísima y, a pesar de la timidez de Arturo, se hicieron amigos. Ella tenía novio. Un chavo de universidad, con coche y dinero. Se querían, pero a Arturo le revolvía las tripas saberla ajena. Volvió a enamorarse profundamente, pero la prepa terminó. De nuevo tomaron caminos diferentes.

Crecieron e hicieron sus vidas. Él, quizá por su timidez, se mantuvo soltero. Ella se casó, tuvo dos hijas y después de un matrimonio con altas y bajas, se divorció. Así las cosas cuando, en esas vueltas del destino, por tercera vez sus caminos se encontraron. Ahora trabajan en la misma empresa. Ya no es la niña bella de quinto de primaria que parecía muñequita, ahora es una mujer de 36 años, guapa, elegante, hermosa y con los mismos ojos negros, profundos e infinitos que flecharon a Arturo desde que era un niño. No pudo evitarlo. Volvió a enamorarse.

No es lo mismo enamorarse a los 11 que a los treinta y seis años, así que fue natural que, más pronto que tarde, él le dijera lo mucho que le gustaba. Habría querido decirle con lujo de detalles, lo enamorado que está de ella desde que vio las pupilas negras, profundas e infinitas de la niña de quinto, pero ella paró el carro en seco: Lo quería. Le encantaba reencontrarlo, pero sólo podían ser amigos.

En eso iban las cosas, cuando Arturo me mandó su correo para hacer conmigo un experimento.

El experimento consistió en un proceso acompañado para que paso a pasito Arturo fuera conquistando a Giovanna. Según yo, casi cualquier persona puede ser enamorada. El secreto es ir administrando los momentos. El amor, como la agricultura, es un asunto de paciencia. Si sabes poner la semilla, cuidarla y esperar para que brote y crezca, seguramente dará frutos. El problema es que el amor te vuelve impulsivo. Quieres ir por todo a la primera y, en esas, pierdes.

Lo primero que trabajé con Arturo fue en sí mismo. Qué ventajas y desventajas tenía para una relación con ella. La idea era fortalecer su autoestima. Si no te quieres a ti mismo, es imposible que alguien más te quiera. Trabajamos desde un cambio de ‘look’ hasta cambios en su forma de ser. Sin dejar de ser atento y amoroso, marcó distancia. Si ella lo quería como amigo, comenzó a portarse como amigo, no como enamorado.

La siguiente parte del experimento consiste en, como amigo, acercarse más a ella. Encontrar el modo de relacionarte con la gente que quiere. Su mamá, su hijo, su mejor amiga, su perro. No importa, pero antes de ganártela a ella te debes ganar a quien le rodea y la influencia. Giovanna es mujer de familia, así que Arturo se acercó a su mamá y a sus hijas. Bastó una salida a Six Flags para encantar a su suegra y a las niñas.

La tercera parte, quizá la más sutil y la más difícil del experimento, es hacerte cómplice de esa persona influyente. Para eso no convienen los niños, son un arma de dos filos y puedes quedar como un manipulador. Lo importante es que tu cómplice involuntario te visualice como pareja de tu enamorada. No tienes que acordarlo, lo mejor es que a ella se le ocurra, por eso debes ganártela, así ella le podrá meter esa idea en la cabeza mejor que tú. Arturo se ganó el cariño de su suegra. Fue ella quien, de buenas a primeras, le dijo un día a Giovanna: “Deberías hacerle caso a ese muchacho, se ve que te quiere bien”.

Una vez que alguien que no seas tú, le dice a tu amorcito que le convienes, la semilla está plantada. A partir de ese justo momento esa persona comenzará a verte con otros ojos.

Los seres humanos reaccionamos de manera similar ante circunstancias similares. No es que estos pasos sean infalibles, pero son muy probables. A menos que la otra persona ya esté enamorada o que las diferencias entre ellos sean muchas, hay alta probabilidad de que los resultados se repitan.

Una vez que te vio con otros ojos, es importante que en la cabeza de ella se vaya formando la idea de una relación antes de tenerla, que la semilla germine y te vea como pareja. Un hombre o una mujer comienzan a amar el día que comienzan a hacer planes, los planes se vuelven ilusiones y las ilusiones, como todo lo mágico, confunden el entendimiento. Los amores más arrebatados nacen de una ilusión.

En eso estábamos cuando platiqué de mi experimento con Francisco, mi cliente, y comenzamos juntos a preparar con Arturo la cita perfecta. La que lo llevó, después de tantísimos años, a la cama de Giovanna. Ahora es el hombre más feliz del mundo. Está enamorado y correspondido. Con Arturo di por cerrado mi experimento. Hacen una pareja preciosa y estoy feliz.

Hay otra parejita con la que sigo trabajando. Cuando lo logre con ellos te cuento.

 

Hasta el martes

Lulú Petite

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