Me la entierra

Me aferro con las uñas cuando me atraviesa de un empujón, clavando su hombría con saña y malicia
Lulú Petite
10/08/2017 - 13:19
 

Querido diario: Me deshago poco a poco. Me desmorono como una nube soplada por el viento. Soy ligera. Soy libre. ¿Estoy en un sueño? ¿En un manto blanco de placer? Ese infinito que dura apenas tres segundos.

Otto sigue en lo suyo, con su rostro clavado entre mis piernas. Entierro mis dedos en su cabellera de rizos gruesos color castaño. Estampo su boca en mi entrepierna. Su forma de darme placer desata lo más salvaje de mí. Restriego mi umbral contra sus labios, su lengua. Su bigote acaricia y raspa al mismo tiempo, pero me encanta. A él también le encanta.

Cuando estallo de éxtasis, él sigue lamiendo, despacito, dándome besos en las piernas, acariciándome las tetas con sus manos tibias. Ahora le toca a él.

Se acomoda en la cama, justo como yo quiero que esté. Se coloca las manos detrás de la nuca y abre un poco las piernas. Lo tiene más grande, hinchado, prensado y ansioso. Lo chaqueteo, mientras él me dice que soy bella, que me desea, que le encanta cómo cogemos sin importarnos nada. Otto habla así en la cama, bruscamente. Se transforma en un animal sediento de sexo, de caricias y de besos.

Lo conozco desde hace tiempo, aunque es poco lo que sé sobre su vida. Hablamos de música, de cine, de cualquier tontería para pasar el tiempo. El resto se resume a la cama. Le bajo el condón con los labios y empiezo a chupárselo. Entre mi lengua y mi paladar siento como si creciera cada vez más. Es duro y venoso y lo saboreo en lo más profundo de mi garganta. Él me sostiene el cabello y se retuerce de placer cuando mi boca desciende y me lo trago como un truco con sable.

No se amilana y se aguanta todo lo que hacemos. Me besa en la boca con su lengua traviesa antes de levantarme y llevarme al sillón. Me doy la vuelta y volteo a verlo con los ojos encendidos de ansias porque me dé mi merecido, me deje claro su potencial como amante. Me penetra sosteniéndome por la cadera, incrustando su pala vibrante en mí. Sus manos se deslizan por mi pecho. Sostiene mis tetas con delicadeza, pellizcando con dulzura mis pezones erectos. Me derrito. Le ofrezco resistencia a sus embestidas, cada vez más aceleradas y potentes. Me encajo su pene haciendo rebotar mis nalgas en su ingle. Arqueo la espalda y me apoyo con los codos sobre el sillón. Hundo la cara en un cojín y me trago mis gemidos. Luego lo hacemos de pie, inclinados sobre la pared. Siento que la habitación se estremece, pero estamos solos y podemos hacer lo que queramos. Mi cabello se esparce sobre mi espalda, mis hombros, mi rostro. También cae como cascada sobre el sillón.

Otto es fuerte y no decae en sus acciones. Su respiración en mi nunca me recuerda que seguimos vivos. Enrojezco. Estiro mis manos hacia atrás y atraigo más hacia mí a mi amante, haciendo que clave su con sus manos robustas y sus dedos gruesos. Me aprieta por la cintura y empieza a masacrarme. Nuestros cuerpos suenan como latigazos, cuero contra cuero.

De repente me toma firmemente y me lleva hasta una pared. Nos besamos desesperados, como si uno tuviera que salvarle la vida al otro. Otto es alto y me intimida, pero al mismo tiempo me inspira un gran deseo. Restriego mi cuerpo desnudo contra el suyo. Su pene es una lanza en ristre, un cañón cargado. Me doy vuelta una vez más y me apoyo en la pared. Me aferro con las uñas cuando me atraviesa de un empujón, clavando su hombría con saña y malicia. Con cada embestida me saca de equilibrio, haciéndome temblar, pero gozo como nunca. Me pongo de puntitas para hacerlo más cómodo. Alzo las nalgas, donde él hunde sus dedos con la fuerza de su agarre viril y animal.

—¿Te gusta? —pregunta con voz cachonda.

—Me encanta —digo sinceramente—. No pares, por favor, no pares…

Siento que estoy por abrirme en dos. El miembro de Otto se hace cada vez más grande y más gordo. El grueso, la forma y el ángulo me fascinan, me hacen perder el control pero con todo gusto. ¿Estoy en un sueño? Todo se siente demasiado real. 

¡Me vengo! Esta sensación empieza a fluir y Otto empuja hasta lo más hondo una última vez e inhunda el condón. 

Hasta el martes, Lulú Petite

 
 
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