“¿Quién diablos es Lulú Petite?” Por Lulú Petite

'Adora el sexo y lo disfruta intensamente. El sexo es comunicación. Al hacer el amor, todos nuestros sentidos se comunican y se encienden'
Lulú Petite
09/12/2014 - 03:00

Querido diario: Hace unos días me encontré en internet un artículo con la pregunta ¿Quién diablos es Lulú Petite? Es un texto viejo y malo, pero que me hizo reflexionar. Mi primera respuesta fue simple: Lulú Petite soy yo.

Pero es una respuesta imprecisa. Aunque interpreto a Lulú Petite, ese no es sino mi ‘nombre de guerra’, el que escogí para anunciarme en internet y ofrecer mis servicios sexuales. Sin duda soy Lulú Petite, pero esa es sólo una parte de mí, una máscara, un oficio, casi un personaje, pero no quien soy.

Después de atender a un cliente y vivir con él un rato lujurioso, dejo de ser Lulú y vuelvo a ser la mujer estándar que bien podría ser tu vecina, la chica que te encuentras en el súper, en el antro o en el cine, la que es tu compañera de la escuela o del trabajo, incluso tu prima, tu amiga o hermana.

Llevo una doble vida. Me gusta el sexo. Ejerzo la prostitución y la considero un trabajo. He aprendido muchas cosas en este oficio. Una de ellas, es que la sexualidad es importante, que a todos nos gusta sentir el contacto con otro ser humano, hacer el amor, alocarnos. También aprendí que, por alguna razón sórdida, el placer sexual está mal visto por muchos. Nos han enseñado que debemos esconderlo, disimularlo, conservarlo como un secreto.

Esa forma de ver el sexo hace de la prostitución un oficio estigmatizado. Uno de los riesgos de ser trabajadora sexual es portar la letra escarlata, la ‘P’ en la frente. Ser señalada, criticada, calificada y descalificada. Siempre he pensado que el honor y la virtud no están en la intimidad del sexo, sino en tu conducta pública, en tu manera de tratar a los demás, en el amor y la consideración que tienes con los otros. Respetar y hacerte respetar va mucho más allá de con quiénes te acuestes.

Pero como mi forma de entender el mundo no es necesariamente compartida por muchos, prefiero mantener un bajo perfil privado y dejar que Lulú siga dándole rienda suelta a toda clase de desfiguros, que confiese que es prostituta, que ‘se gana el pan’ endulzando las fantasías de caballeros solventes. Haciendo el amor de cama en cama, de cuarto en cuarto, de motel en motel. Mientras Lulú trabaja y se exhibe, yo conservo una privacidad que, de una forma u otra, también es de ella.

Entonces ¿Quién diablos es Lulú Petite?

Lulú Petite es una prostituta. Una que cree en el amor y que ama, que adora su libertad, que defiende su oficio porque lo ejerce de manera informada, voluntaria y responsable, pero que desprecia sin reservas la abominación de la trata de personas.

Adora el sexo y lo disfruta intensamente. El sexo es comunicación. Al hacer el amor, todos nuestros sentidos se comunican y se encienden.

 El sexo no es un acto fisiológico, sino espiritual. Un regalo de la naturaleza que igual sirve para decir te amo, para crear una nueva vida o, simplemente, para experimentar placer. Lulú es una convencida de que en la cama, como en la vida, todos los días puede aprenderse algo.

Es una mujer optimista. Busca en cada cliente sus mejores cualidades. Está convencida de que toda persona, así sea la más tímida o la aparentemente menos atractiva, tiene mucho que dar y que, si se lo permites, puedes encontrar al mejor amante, al más eficiente seductor, en quien menos lo esperas.

A Lulú le gusta cuidar su cuerpo. Gustar es importante, pero lo es más cuando te gustas a ti misma, cuando amas lo que miras en el espejo. Cuidar el cuerpo no se trata sólo de la apariencia: Amar tu cuerpo es hacer ejercicio, alimentarte sanamente, dormir bien, cuidar tu higiene y, claro, en una época donde las enfermedades que más vidas han costado, dependen de ser responsables, es una convencida de que el sexo se hace con condón o con condón. ‘Sin globitos no hay fiesta’.

Lulú cree en la gente, es confiada pero no ingenua. Le gusta escuchar y buscar el lado bueno de las cosas. Le gusta el esfuerzo. Desde muy joven ha trabajado para hacerse de lo que tiene e ir construyéndose un futuro. Nada llega sólo, para comenzar un viaje de diez mil kilómetros, hay que comenzar avanzando el primer metro, levantarse y dar el primer paso.

A Lulú le gusta la inteligencia. Adora una buena conversación, una canción pegadora, viajar por las páginas de un libro o disfrutar una película. La inteligencia nos hace humanos, lo que hacemos, como resultado de ella, puede ser atroz o maravilloso. Depende de cada quien si ese don lo aprovechamos para construir o para destruir.

Lulú es, como decía, una prostituta que cree en el amor y que ama. Que cree que el respeto es una condición para las relaciones humanas. Defiende la diversidad, porque cree que lo único que debe distinguir a una persona de otra son sus actos y sus obras. Aborrece cualquier tipo de discriminación.

Lulú es una chica alegre, que trata de ser feliz y de escribir sobre prostitución, sobre sexo o sobre libertad. Después de darle muchas vueltas creo que la respuesta correcta siempre sí es la más simple: ¿Quién diablos es Lulú Petite? ¡Soy yo!

Un beso

Lulú Petite 

 

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