El amor sin sexo, Por Lulú Petite

Lulú Petite
08/09/2015 - 03:00

QUERIDO DIARIO: Francisco fue de mis primeros clientes. Era tan buen cliente del Hada, que la muy canija hasta le hacía precio (claro, es muy fácil cobrar menos, cuando se rentan nalgas ajenas). De todos modos, vieras lo bueno que es en la cama.

La primera vez que lo vi, entró a la agencia y me lanzó una mirada tan pesada que las piernas me temblaron. Nuestras miradas se cruzaron y no fue necesario el protocolo de presentaciones, de inmdiato se acercó al Hada, la saludó y pidió por mí.

El Hada me llamó, lo tomé de la mano y caminamos hasta la habitación donde me iba hacer el amor. No sé por qué, pero me sentía excitada. No es un hombre especialmente guapo, pero sí muy varonil. Tanto, que me intimidaba. Claro, en esa época estaba empezando y había clientes capaces de hacerme sentir nerviosa. Supongo que también tenía que ver la diferencia de edades. Yo estaba súper chavita, él ya era un hombre maduro. Apenas cerramos la puerta, me tomó de la cintura y, sin decir más, me clavó en los ojos esa mirada de taladro y cuando vio que no pude sostenérsela, me dio un beso de esos que hacen que tus piernas se hagan agua.

Lo que vino después fue delicioso. Insisto, yo tenía poca experiencia, él en cambio tenía mucha. Fue el primer hombre (cliente o no cliente) que me hizo venir con su lengua. Entre besos me llevó a la cama. Me tumbó en ella, levantó mi falda, me quitó el calzón, puso mis rodillas sobre sus hombros y hundió su cara entre mis piernas ¡Caramba! Me vine riquísimo, pero cuando estaba sintiendo el intenso orgasmo, aunque le apretaba el cráneo con mis muslos con tanta fuerza que creí poder romperlo como una nuez, él seguía moviendo su lengua de un modo que, apenas bajaba la cima del primer orgasmo, me vino otro tan impetuoso o más que el primero, que me hizo pegar un grito que se oyó en toda la agencia. Todavía después de eso cogimos. Haz de imaginar que, cuando salí del cuarto y él se fue, el Hada y las chicas se burlaron de mis gritos. Está bien hacer ruido, siempre y cuando se mida en decibeles, no en escala sismológica de Richter. Bueno, el caso es que lo vi hace poco, algunas semanas después de lanzar mi experimento.

—¿Cómo vas con tu experimento?— Me preguntó.

Como dije el jueves, hace unos meses comencé un experimento con personas que estaban sufriendo el mal de amores. Personas flechadas y mal correspondidas. Recibí correos con la historia amorosa de varias personas, cartas de lo más dulces e interesantes, no podía tratar con todos, pero elegí a dos y comenzamos a trabajar juntos para ver si lográbamos que la persona de quien estaban enamorados, como al rey de chocolate, les dijera al fin que sí. De ese experimento me preguntó Francisco.

Mi primer elegido fue Arturo. Tiene 36 años, es trabajador, inteligente, divertido y guapetón, pero es tan tímido que nunca se había atrevido a declararle su amor a Giovanna, una chava que conoce desde que eran niños y de quien, desde entonces, está perdidamente enamorado.

Cuando vi a Francisco, el asunto entre Arturo y Giovanna iba caminando de maravilla y yo me sentía muy orgullosa de mi experimento, así que me puse a platicar del tema.

La primera barrera estaba saltada. Arturo había logrado pasar la barrera de la zona amigos, ya habían salido un par de veces y él pudo darle, después de todos esos años, un primer beso en sus labios. Arturo estaba feliz, su alegría era tanta que decía las cosas más cariñosas que te puedes imaginar. Giovanna estaba respondiendo bien y creo que no tardaría en ‘dar su brazo a torcer’, así que yo estaba feliz. Todo iba, muy rápido, mejor de lo planeado.

Claro, hasta que Francisco comenzó con su interrogatorio:

—¿Ya anda con él?

—Sí.

—¿Ya cogieron?

—No.

—Yo no podría.

—¿No podrías qué?

—Andar con alguien sin coger.

—Cuando estás enamorado todo se puede.

—Por eso no me enamoro e igual cojo.

—Pero no es lo mismo, el sexo con amor es maravilloso.

—Pero el sexo sin amor es igual de divertido y con menos dolores de cabeza.

—Con amor es más que divertido, es mágico.

—Pero ellos no cogen, así que lo suyo no es sexo con amor, es amor sin sexo. ¡Paso!

—Ya cogerán.

—Pues ayúdalo.

El mal sexo puede llevar una relación que va caminando razonablemente bien, al fracaso definitivo. A nadie le gusta ser mal cogida y muchas mujeres no dan segundas oportunidades, si a la primera no le haces temblar el mundo, puede que no haya segunda. Por el contrario, si la primera vez la llevas al menos a un buen orgasmo, aunque no siempre lo logres, sabrá que sabes cómo hacerlo. Un buen orgasmo es adictivo.

Ciertamente, poco después de mi conversación con Francisco, Giovanna y Arturo hicieron el amor y, también ciertamente, mi amigo Paco con su experiencia en los quehaceres de la cama colaboró en el asunto; juntas, su cabeza y la mía guiamos a Paco a lo que ahora parece un romance perfecto. El experimento caminó de maravilla, pero… ¿qué tal si de cómo pasaron las cosas entre Arturo y Giovanna te cuento el jueves? Hoy ya me pasé de letras.

Un beso

Lulú Petite

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