'Predicciones', por Lulú Petite

Lulú desea tener poderes predictivos para evitar malas experiencias
Lulú Petite
07/01/2016 - 06:00

Querido diario:

Como cada enero, el "Brujo Mayor", de barba blanca, cara de travesura y barajando un tarot, predijo durante este recién salido del horno 2016 que el pato Donald no llegará a presidente de los gringos, el Chapo se va a volver a pelar, pero no de un reclusorio y que en Venezuela a Nicolás Maduro, le va a llover sobre mojado y no verá madurar ni sus buenas intenciones. Desafortunadamente nada dijo sobre si una bonita y pecaminosa damita de compañía del Distrito Federal se sacaría la Lotería o, al menos, si me iría como lo he planeado. Igual siempre he pensado que el destino es más cosa de trayectoria que de azar. Si caminas hacia tus metas, no tiene nada que ver con la suerte que las alcances. De todos modos, una buena predicción estimula.

Hoy, por ejemplo, de haber sabido que tendría un día así de pesado, segurita que cambiaba de planes. En la mañana llamaron a mi puerta. Cuando abrí, más peinado, más sobrio y más impertinente que nunca, apareció David, mi ex, con un arreglo en la mano: era una canasta con flores y duraznos, estaba bonita. Me quedó claro que nadie se escapa totalmente de su pasado.

—Espero que te gusten —dijo entregándome los duraznos.
—¿Quieres pasar? — pregunté con ironía, pues el muy confianzudo ya estaba en mi sala.

Eran las diez de la mañana y yo no tenía tiempo.

—Mira, David —dije—. No es el mejor día.
—Eso fue lo que dijiste la última vez que nos vimos.

Desde que dejamos de salir, aparece en mi vida así de aventón, sin anestesia. Cree que nuestros antecedentes le dan derecho. No es mala persona y lo quiero mucho. Sabe ser un verdadero primor cuando se lo propone, sobre todo en las malas, pero es un poco inoportuno. No lo quería en mi casa, pero me insistió tanto en hablar que acepté tomar algo en el café de la esquina.

—Un té de manzanilla—le dije al mesero.

David pidió un café y algo para comer. Se iba por las ramas, hablando de esto y preguntándome de aquello. Hasta que nos trajeron lo que pedimos y empezó a hablar de la escenita que me hizo en la posada y a lamentarse porque, según dijo, todavía siente algo por mí. Fue muy incómodo. Apuré el té con sorbos largos que me quemaron la lengua y le dije:

—David. Yo a ti te adoro, pero no como quieres que lo haga. Sé que no es lo que preferirías escuchar, pero mi amistad es toda tuya. Es lo único que puedo ofrecerte y que espero de ti.

Se quedó mudo.

—Aquí estaré, te lo prometo. Siempre como una amiga.

Eso bastó para que dejara un billete sobre la mesa y se retirara con un “Ok” por despedida y sin esperar por la cuenta ni por nada.

Volví a casa con prisa. Me duché, me alisté y salí a la calle tan rápido como pude. Atravesé la ciudad serpenteando entre el tráfico inclemente, soportando bocinazos y taxistas con complejo de Meteoro, y llegué justo a tiempo para mi cita.

Se trataba de un tal Müller. Estaba en la habitación 113. Di tres toques a la puerta y esperé.

Francamente pensaba que sería un alemán o algo, pero era un paisano medio chaparro y con cara de pocos amigos. Se dio media vuelta y dejó la puerta abierta para que lo siguiera, sin decir nada.

—Pasa —dijo secamente y de espaldas a mí.

Qué tipo, pensé. Cerré la puerta y fui hacia él. Para mamón, mamona y media, me paré frente a él y le pedí el pago por adelantado. Seria. Cuando me dio el dinero comencé a hacer platica, distante.

—Desnúdate —dijo cual patán haciendo un movimiento brusco para que no siguiera hablando.

¿Desnúdate? Esas formas de hablarme me provocan escalofríos, no soy muy paciente. Más si se lo dicen así. De todos modos comencé a quitarme la ropa. Se aproximó y se puso encima. Entonces vino lo peor. Olía fatal. Como a letrina, vinagre y sudor. Ni se había bañado, el muy puerco. Además, era bastante brusco y grosero. Clientes así son lo peor.

Hay hombres que no entienden. Creen que por pagar pueden pasarse de lanza y que los demás deban aguantar sus personalidades misóginas. No entienden que ellos también tienen que dar para recibir. Si insulto a un mesero puede escupir a mi plato, si insulto a una escort, puede sabotearme el orgasmo. Ellos tiran su dinero.

Total, mi día no podía ser peor. Al terminar con este Ecoloco, me metí a la regadera y lavé cada uno de los rincones de mi cuerpo y me fui. El resto de la jornada fue bastante gris. Quería que terminara.

Al volver en la noche a casa, me sentí como en un refugio. Quería relajarme, descansar y comer algo, pero no había nada en el refrigerador. Volteé decepcionada y sorprendí al ver en la mesa algo que mejoró significativamente el día. Mi boca se dobló en sonrisa. Había una canastita, con flores y unos deliciosos duraznos.

También soy un poco hechicera y hago mis predicciones: Decreto que, en este 2016, Donald Trump no será presidente, a Maduro le va a ir como en feria, Cuauhtémoc Blanco saldrá en las noticias más seguido que cuando era futbolero, en julio va a llover, en diciembre el Cruz Azul no será campeón y David, mi ex, seguirá siendo mi amigo mucho, mucho tiempo.

Un beso
Lulú Petite

[email protected]

TU REACCIÓN
¿QUÉ TE HA PROVOCADO ESTA NOTICIA?
0
QUE CHIDO
0
QUE PICANTE
0
QUE HORROR
0
ME IMPACTA

CONVERSACIONES EN FACEBOOK