“Un pulpo chiquito” Por Lulú Petite

Lulú recibe un peculiar obsequio para celebrar este 6 de enero
Lulú Petite
06/01/2015 - 05:00

Querido diario:Me tenía de ‘perrito’, con las palmas de las manos y las rodillas sobre el colchón, a la orilla de la cama. Él estaba de pie ‘clavándome’ a buen ritmo. Me sujetaba con fuerza, rodeando con ambas manos mi cintura y jalando hacia su enorme sexo mis nalguitas carnosas y redondas. Yo miraba todo en el espejo y me excitaba sentirme y verme poseída por tan delicioso semental.

Manuel es un cliente que me llama a menudo. Bueno, no tan a menudo. Antes nos veíamos más seguido, últimamente deja pasar más tiempo entre una cita y otra. En tiempos de crisis aunque salga más trabajo hay menos dinero y este tipo de gustos, digamos que se espacian.

 Es un buen amante. Es atractivo y buen conversador, además de detallista. Como me llamó para estas fechas le dije que me tenía que dar mi navidad, refiriéndome a la que me daría en la cama, pero él preguntó qué quería. Me reí y le dije que me sorprendiera.

—¡Qué rica estás!, Dijo empujando mi espalda hacia abajo obligándome a ponerme sobre mis codos y parar un poco más las nalgas. Sentí de inmediato cómo su miembro se incrustó más a fondo. Gemí.

Seguí moviéndome para clavarme más en su carne, apretando los músculos de mi pelvis para capturarlo con más fuerza. Él me acarició la espalda y volviendo a tomarme firmemente de la cintura comenzó una delirante ‘metisaca’.

Con las piernas bien abiertas, las manos temblorosas, los codos y rodillas apoyados en el colchón, los ojos cerrados y la cara hacia mis senos que brincaban con cada acometida, emitía quejidos sordos.

Mi cuerpo se sacudía por las impetuosas embestidas de Manuel, mientras me mordía el labio inferior esperando el orgasmo que no tardaba en llegar.

El apretó sus manos en mi cintura y, casi levantándome de la cama, me la clavó a fondo provocándome un orgasmo intenso y, aproximadamente al mismo tiempo, vaciándose en el preservativo. Se quedó inmóvil unos segundos, clavado en mí con su miembro rígido.

—¿Y qué le vas a pedir a los Reyes corazón?, Me preguntó sonriendo cuando se levantó para limpiarse.

—Pues no sé, no he escrito la carta, pero supongo que les pediré que me llames más seguido- respondí con picardía.

—Ah pues esa si te la van a cumplir, lo prometo, pero mientras no creas que se me olvidó, aquí está tu regalito- Dijo entregándome una caja cuidadosamente envuelta en papel navideño. Sonreí y le recibí un beso en los labios.

Como a casi todo el mundo, cuando era niña me emocionaban estas fechas. Despertar y ver junto a mi cacle los juguetes nuevos con los que me presentaría al primer día de clases después de las vacaciones navideñas era a todo dar. No era mucho de juguetes, pero sí juguetona. En la noche, cuando el día de reyes terminaba, tomaba mis juguetitos y los guardaba en un tambo grande de dónde no los sacaba muy a menudo. Te digo: No era mucho de juguetes, más bien juguetona. 

Aun así, tenía un juguete preferido. Un perrito de peluche que, cuando no me servía de almohada, era mi confidente o mi compañero de juegos.

Ya no tengo un tambo, pero en mi habitación, el cajón de en medio de mi clóset guarda muy bien ordenaditos y clasificados una razonable colección de juguetes para adulto.

No me voy a hacer de la boca chiquita. Desde que descubrí las delicias de la sexualidad, me ha gustado hacerme de cositas que me ayuden a explorarla. No soy de orgasmos remilgosos, cuando me lo propongo puedo venirme deliciosamente y de volada, así que tener con qué ayudarme siempre es una ventaja.

En mi cajón hay dildos, bolas, vibradores, aceites, lubricantes, condones, anillos, arnés, cintas y cuentas. Los hay en una nutrida variedad de gustos, tamaños y colores. Listos para ser usados según la necesidad.

Los juguetes sexuales son ideales para explorar tus sensaciones. Tienen la ventaja de que tú eres quien los dirige y vas trabajando tus orgasmos con el ritmo y los movimientos que mejor te estimulan. Los puedes usar sola, en pareja o en grupos y los hay para todos los gustos, medidas, orientaciones, aficiones y fetiches. Yo soy más bien conservadora. Mis juguetes son de uso personal, fuera de algunas ataduras que de vez en cuando disfruto hacer en pareja, mi juguetero es algo que guardo para mi intimidad. Solita con mis fantasías.

Los vibradores son mis preferidos e, igual que cuando era niña con mi perrito de peluche, tengo mi favorito. Es un pulpo chiquito. Te introduces la cabeza del pulpo, que es una especie de bala redondeada y alargada, dejando fuera los tentáculos que la rodean y se ajustan a mi vulva. Cuando lo activas, la cabeza del pulpito comienza a vibrar deliciosamente, mientras sus tentáculos golpean suavemente el clítoris y los labios vaginales. 

Es el paraíso. En cuanto el pulpo se enciende, sé que tendré orgasmos maravillosos.

Antes de despedirnos abrí el regalo que me dio Manuel. Bajo el papel navideño había un hermoso juguete para niña: Un dildo cromado, discreto, son tres tipos de vibración y silencioso que, después de ser estrenado en una noche de frío, irá al cajón a acompañar a ese pulpo engatusador y libidinoso que me vuelve loca. Me encanta que sigan habiendo pretextos para celebrar día de Reyes recibiendo juguetitos ¡Gracias Manuel!

Pero no te hagas, que es seis de enero. Si cenas rosca, me guardas una rebanada.

Hasta el jueves

Lulú Petite

 

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