“El porno inspira”, por Lulú Petite

Lulú Petite
03/02/2015 - 10:37

Querido diario:

Ayer, en la tarde, me tocó atender a dos clientes. Uno después del otro. Como ambos eran hombres de negocios con una apretada agenda de trabajo, apenas se habían tomado el tiempo justo para escaparse un rato de su oficina, vernos, quitarnos la ropa, echarnos un rapidín y a otra cosa, mariposa. Apenas salí de atender a uno, subí a la habitación del otro y, en menos de una hora ya había despachado a los dos. Terminé de volada.

Así hay gente, con tanto trabajo que, aunque quisieran tomarse una tarde entera, deben regresar a su oficina. De pronto tienen ganas de sacarse el veneno. Es bueno atender clientes así, saben a lo que van y lo que quieren. Lo toman y listo. 

En realidad creo que ellos no pagan tanto por el sexo, sino por poder coger e irse sin tener que andarse por las ramas. Nada de cortesías. Un pisa y corre sin reproches. Lo suyo es más fisiológico que humano, pero no deja de ser divertido.

Regresé a mi casa y me senté frente a mi computadora a tratar de escribir. El problema es que el internet tiene la mala maña de incentivar el déficit de atención hasta en un monje tibetano. Por más que quieres concentrarte, es imposible evitar entrar a Twitter, revisar el Face, atender correos y demás rituales que, al terminarlos, los comienzas una y otra vez, posponiendo hasta por horas iniciar la tarea que te llevó originalmente a la computadora. Unos le dicen procrastinar, yo le digo papar moscas.

Además de las redes sociales, internet tiene otro fruto prohibido y suculento que resulta irresistible. El más exquisito: La pornografía. Me encanta navegar buscando imágenes, relatos y videos porno: YouPorn, Pornhub, RedTube, XTube… Páginas no faltan para echar a volar la imaginación navegando en internet.

Pasé largo rato viendo videos. Vi a dos adolescentes preciosas, una rubia de piel dorada y una chica de piel muy blanca y cabello negro, que se besaban apasionadamente hasta que llegó un hombre, una mole de músculos que de inmediato sacó su miembro y lo apuntó a la boca de la rubia. Pronto ambas estaban devorando su hombría y después, intercalándose para ser penetradas por el fulano.

Vi también a una chica preciosa, de profundos ojos azules, cabello castaño, piel blanca y largas piernas, que mamaba con pericia un miembro descomunal hasta que el hombre lo sacó de su boca y se lo jaló apuntando a la cara de la muñeca, bañándola con chorros de espeso semen. 

Un primer chorro salió con tanta fuerza que regó su cráneo, escurrió por su cabello y llego a su cara, el segundo disparo cayó directamente en su rostro salpicando ojos, nariz, mejillas y boca. 

El tercer y último tiro mojó directamente sus senos. Con una sonrisa pícara y mirada triunfal, la belleza limpió con su lengua y dedos el semen sobrante.

Vi un tercer video en el que dos chicas, una rubia de ojitos verdes y una pelirroja no muy guapa, van a un supuesto casting en el que las graban dándole sexo oral al entrevistador. Al final, la rubia se queda sola con el embaucador. Primero sexo anal, de pie, recargados en un escritorio, después termina tirándosela en un sofá que es el sello de esa firma de pornografía.

Vi varios videos antes de que sonara el teléfono. Me puse tan caliente que comencé a tocarme. Conforme veía videos más aumentaba mi deseo. Por eso cuando recibí la llamada de Alejandro estaba más caliente que un horno de panadería.

Corrí al motel reteniendo en mi cabeza todas esas escenas. Cuando me recibió salté a sus brazos como ninfómana, le arranqué la ropa, me quité la mía y lo aventé a la cama, boca arriba.

Lo cabalgué a todo galope con mis uñas clavadas en su pecho velludo. Lo sentía dentro y, en cada brinco, en cada movimiento, en cada estocada, me clavaba más a su deliciosa masculinidad. Mi sexo, acoplado perfectamente con el suyo, lo devoraba una y otra vez, repitiendo los malabares de una deliciosa cabalgata.

No decíamos nada, sólo nos mirábamos fijamente a los ojos gimiendo como desesperados, como dos amigos que disfrutan los privilegios de sus sentidos, dejando que el lenguaje de nuestros cuerpos lo definiera todo.

Me comencé a mover en círculos, alternando el mete y saca con un movimiento curvo de mis caderas, apretando la pelvis para mordisquear con mi sexo su miembro erecto que seguía pulsándome dentro. Él tenía sus manos en mis pechos, los apretaba con cierta delicadeza bruta, de esa que sólo es posible durante el amor.

-¡Me encantas!- Gritó de pronto conteniendo visiblemente el orgasmo, se levantó sin dejar de tenerme empalada y así, frente a frente, sintiendo como si su miembro se fuera hacia la boca de mi estómago, me dio el beso más cachondo que ha salido de su boca.

Y así, sin movernos, en medio de ese beso apasionado y cariñoso, abrazándome fuerte, sentí como su miembro me pulsaba dentro y llenaba a chorros el preservativo, ahogando en mis labios un gemido de placer que terminó como empezó, en un beso apasionado, casi un beso de amor.

No cabe duda, el porno inspira.

¡Un beso!, Lulú Petite.

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