“Ya lo pasado” Por Lulú Petite

Lulú recuerda algunos de los momentos más intensos que ha presenciado
Lulú Petite
02/10/2014 - 03:00

Querido diario: 

Te contaba el martes sobre Carmen y las orgías en los tiempos de la agencia. ¡Ay! Nomás de acordarme me pongo colorada. Te lo juro. Sinceramente no es que me avergüence, ahora sí que como diría José José, ¡ya lo pasado, pasado! Pero no deja de ser un poco cínico contarte de esas cosas y reconocer que, cuando lo recuerdo, me acaloro.

¿Qué te digo? Había que perseguir la chuleta y, mal que bien, los clientes del hada pagaban bien, eran divertidos y, en esas fiestas, las propinas eran generosas. No sólo era dinero, sino un montón de cosas las que nos daban. Había cualquier cantidad de cosas y eran fiestas espectaculares en las que se valía de todo.

Pero no trates de imaginártelo así nomás. Lo cierto es que en el negocio del sexo, vives cosas que la mayoría de las personas apenas imaginan o las ven con celofán y tablita aterciopelada, en las versiones inverosímiles de los canales pornográficos o internet. No corazón, de ningún modo. Cualquier cosa que hayas visto en YouPorn, que hayas comprado en un disquito tres equis o que imagines en tus fantasías eróticas de sexo, droga y rocanrol, se queda corto frente a lo que pasaba en las fiestas de El Hada.

Esas si eran ondas pesadas. Sobre todo porque es muy distinto ver un montaje, algo hecho para las cámaras, que de verdad estar allí y ver a hombres y mujeres hacer toda clase de desfiguros para satisfacer su apetito sexual, sus instintos.

En las películas, toman el mejor ángulo de actores y actrices, de modo que cada cosa aparece en su lugar, las vaginas son perfectas, los penes enormes, nadie babea, ni las cosas se salen de su lugar. No hay ruidos raros, ni borracheras, a todos se les para y todas tienen orgasmos. Así, el sexo se antoja delicioso, lleno de clichés, contorsiones y posturas estrafalarias o malabares al más puro estilo del Cirque du Soleil. En la vida real, el sexo en grupo no es sólo para la vista, sino para todos los sentidos, de modo que lo que ves importa menos que lo que haces y todo es carne, fluidos y exceso por todas partes. Sin duda es erótico, pero muy desordenado e imprevisible.

Eso sí, eran fiestas increíbles, en casas muy grandes, con jardines enormes. Te digo que iba mucha gente conocida, empresarios, políticos, artistas, deportistas. No hombre, si nada más porque me tomo muy en serio esto del secreto profesional. Siempre he pensado que es más una cuestión de vibra que de profesionalismo. La gente que vi en esas fiestas tiene todo el derecho a su anonimato.

Todavía hoy abro algunas revistas y me topo con fotos de modelos o de famosos y los reconozco, así onda de a éste ya me lo cogí, a éste lo vi, a éste se la mamé, con él ya, con él también, éste coge rico, éste la tiene chiquita. Aun así, nunca digo nada, jamás me oirás un nombre o me verás balconear a alguien. Ni siquiera doy pistas. La verdad es que simplemente era gente divirtiéndose, siempre me trataron con caballerosidad y pagaron lo suficiente por mi amnesia.

¿Ya te conté que también iban chavas? Digo amateurs, aparte de nosotras, las que íbamos para cobrar. Había un buen de chavas que iban por el puro gusto a las emociones fuertes. Algunas de ellas también chicas que ves en portadas de revistas o en programas televisión. Mujeres guapísimas y famosas, en ondas muy cachondas, algunas súper lesbianas. Se ve que la pasaban bien. No puedo asegurar que ninguna de ellas cobrara por lo que hacían, pero tampoco lo puedo negar.

Algunas pachangas, más perronas, estaban cercadas por guardias armados y bardas tan altas que lo que sucedía allí era inaccesible para cualquiera que no estuviera invitado. También se hacían fiestas en restaurantes, en clubes privados, en yates impresionantes, en fincas tremendas fuera de la ciudad, en lujosos departamentos en las zonas más caras del Distrito Federal y de otras ciudades, porque con pago de viáticos, también hacíamos viajes, en el país o al extranjero. Eran tiempos de muchísima chamba. No te imaginas lo que vi. Lo que vi y también lo que hice. Ya andando el carrusel, si te trepas, no hay más que ponerte a dar de vueltas.

El sexo era de todo tipo y por todos lados. Gang bang, hombres con mujeres, mujeres con mujeres, hombres con hombres. Nada estaba prohibido, orales terminados, sexo anal, sado, doble penetración, puño, lluvias. Veías de todo. Igual en esas fiestas a mí no me iba bien. Hay cosas para las que soy tímida y esos rollos se trataban de andar en la cacería de clientes y eso nunca ha sido lo mío.

De todos modos, cuando recuerdo cualquiera de esas fiestas prefiero pensar que son sólo cosas que vi o que soñé, que le pasaron a otra y que yo no las experimenté, el caso es que allí están con sus recuerdos y sus cicatrices. Me gusta tenerlas allí, lejos. Como una experiencia que me recuerda dónde estuve y qué aprendí, dónde estoy y lo que quiero. De eso se trata la vida.

Hasta pronto

Lulú Petite

 

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