Enseñar es su pasión en la vida

A doña Cata siempre le tocó ser la maestra, desde niña, y afirma que lo disfrutaba mucho
Tanya Guerrero
15/03/2016 - 05:00

Los primeros años que María Catalina Ramírez fue a la escuela, en lugar de ir a aprender, iba para enseñarle a multiplicar a sus compañeros.

Cuando las maestras tomaban un descanso, pedían a Cata que pusiera en el pizarrón sumas, restas y multiplicaciones a los niños más pequeños que ella.

“Me encantaba hacerla de maestra y yo, feliz cuidando al grupo”.

Cata entró al kínder a los 11 años porque no le gustaba estar encerrada en otro lugar que no fuera su casa. Extrañaba a su mamá y fue de ella quien aprendió a ser amorosa y cariñosa con sus alumnos.

“Es importante que una maestra sea siempre compasiva con los estudiantes”.

Cuando de niña jugaba a la escuelita, a Catita siempre le tocaba ser la maestra. Tal vez porque leía mucho, tal vez porque siempre fue autodidacta.

Hija de campesinos y con un padre amante de la música, Cata creció escuchando en casa a Franz von Suppé y Tchaikovsky, mientras miraba los ensayos de la banda de música que formó su papá.

Todo lo que él ganó trabajando en el campo y su madre cosiendo vestidos, lo invirtieron en la formación de sus nueve hijos, quienes crecieron cerca de Silao, Guanajuato. Cata empezó tarde sus estudios, por eso pasó de primer año de primaria a tercero y de tercero a quinto. Era la más aplicada del salón y como tal la reconocían.

“Como era campeona en declamación, durante el aniversario número 100 del nacimiento de Miguel Hidalgo, me tocó declamar frente al Presidente de la República un poema larguísimo dedicado al cura”.

Con promedio de 10 en preparatoria, Cata eligió la carrera de Letras y entró como maestra a la secundaria No. 6.

“Fui muy feliz en esa escuela. Conocí maestras muy valiosas que influyeron mucho en mi manera de ser, me orientaban para leer y preparar mis exámenes y eso influyó en mi ética profesional”, comenta la mujer de 75 años, de los cuales 40 dedicó a la docencia.

Eligió la poesía y dejó las matemáticas porque ella es de las que piensa que el arte puede sanar el mundo. Su pasión: la poesía social, esa que hace al hombre más humano. El tipo de literatura que trasciende.

 

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