Capitán sobre ruedas

Para Fidel no fue un obstáculo quedar inmóvil para ayudar a todo aquel que lo requiera
24/11/2016 - 05:00

Luis Maciel

Fidel Pérez de León no tiene una oficina lujosa. En su escritorio hay un portarretrato   de su familia, algunos manuales y una  computadora. Sin embargo, esta oficina es especial por una razón: en ella no ofrecen a los invitados esperar en sillas ordinarias. Ahí los sientan en sillas de ruedas.

Así es el centro de operaciones del Instituto   para la Integración al Desarrollo de las Personas con Discapacidad de la Ciudad de México: Indepedi. La casa, en la   Portales Norte, ofrece talleres, asistencia y empleos a miles de Personas con Discapacidad (PcD). Su director, Fidel Pérez de León, se desplaza en silla de ruedas desde hace 24 años, de ahí que entienda bien a quienes acuden en busca de apoyo.

En 1992, Fidel sufrió un accidente automovilístico que, tras ser mal atendido, le impidió volver caminar: “A la hora de ayudarme no rompieron el auto, ni me acostaron e inmovilizaron, sino que me sacaron a jalones”.

La ambulancia para atender la emergencia nunca llegó, agentes de Los Ángeles Verdes lo subieron a una   pick up y lo llevaron a un hospital cercano, pero sin inmovilizarlo.. “Por los jalones, saltos y golpes en el traslado al hospital, lo que quedaba sano de mi sistema nervioso se rompió. En el hospital ya no pudieron hacer nada”.

Pero este incidente sólo provocó que Fidel, quien se tituló como ingeniero agrónomo, encontrara su verdadera vocación: impulsar la inclusión de las PcD en todo el país. Este interés, más sus años de experiencia en  asistencia social, propició que lo nombraran director de Indepedi hace dos años.

Hoy tiene dos enormes retos por delante: el primero,  presentar una propuesta porque el gobierno federal recortó 40 mdp para  instalar elevadores en el metro. Y el segundo, que las personas con algún tipo de discapacidad son cada día más en la Ciudad de México y se necesita presupuesto para atenderlas. Las cifras no mienten:   80% de los casos   se adquieren con el paso de los años; 20% por accidentes;   30% por enfermedades y otro  30% más, debido a la vejez.

Sin embargo, Fidel no se achica, tiene claro que no se necesita dinero para hacer lo más importante: sensibilizar a los siete millones y medio de capitalinos que no tienen discapacidad: “Si son más conscientes en el transporte público van a respetar los lugares reservados, no romperán las reglas de  estacionamientos y  dejarán de pedir  placas   para las PcD para transitar todos los días”.

Muchos ciudadanos piensan que las PcD están enfermas y son incapaces de hacer muchas cosas, pero Fidel ve en ellos a los individuos más disciplinados, porque considera que conseguir una oportunidad les cuesta más trabajo que a otros.

Por eso, la misión de Fidel   no termina; como director de Indepedi quiere eliminar la discriminación hacia estas personas: “Hoy ya se piensa en políticas   de inclusión para las PcD. Es  momento para que todos comencemos a ser más sensibles y conscientes, porque la discapacidad no es una enfermedad ni  es contagiosa, la discriminación sí”.

 

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