Quiere ser doctora

Nabiri está por terminar la preparatoria en el Tec y luego quiere estudiar medicina; su madre ha sido un gran apoyo para su carrera
Astrid Sánchez
21/04/2016 - 05:00

A Nabiri sus manos le ayudan a conectarse con el mundo, pero su sonrisa y su mirada revelan más que todos los signos que dibuja en el aire. 

Movimientos rápidos y la joven de 21 años ya está expresando lo que piensa, son señas que su madre Ana Lilia traduce y transmite a los demás. 

No siempre es fácil, Nabiri Cervantes Moreno se desenvuelve en un mundo que se ha negado a comunicarse con personas sordas, una sociedad que no ha aprendido Lengua de Señas Mexicana (LSM). 

A pesar de las barreras en la comunicación, Nabiri eligió estudiar en el Tec de Monterrey y está a punto de graduarse de preparatoria. 

"No quise una escuela especial porque el aprendizaje es lento, aquí mis maestros y compañeros me ayudan y puedo avanzar rápido", comenta la joven a través de LSM. 

Ana Lilia ha jugado un papel importante para que la estudiante mantenga su rendimiento escolar. La mujer ha tenido que tomar clases con Nabiri y   Gamaliel, su otro hijo que también tiene sordera. 

La mujer traduce las clases a LSM para que sus hijos puedan tomar apuntes y entender lo que explican los profesores. 

Nabiri ya está preparada para comenzar la universidad, con toda seguridad ha elegido su carrera, la primera de muchas,   asegura.  La joven eligió Medicina porque quiere aprender a sanar el cuerpo.

Nabiri habla de planes futuros: viajar, estudiar mucho, vivir en Alemania. Sus sueños no tienen límites y la discapacidad auditiva no la reprime. 

"Sí hay discriminación y a veces las personas se me quedan viendo cuando hago señas, pero ya no me afecta, ahora entiendo que es falta de conocimiento hacia las personas con discapacidad y ahora mi autoestima es fuerte", asegura.

No tiene miedo de conocer nuevas personas y comunicarse con ellas. Su celular y un papel y pluma son sus armas para decir lo que piensa.

Como cualquier joven, Nabiri se da sus escapadas  al bar, a los parques de diversiones, al cine. 

Sus amigos han aprendido las señas, han tenido la paciencia de leer lo que escribe y le ayudan a comunicarse. 

Un mundo perfecto, incluyente, sería aquel en el que la mayor cantidad de personas oyentes conocieran la Lengua de Señas y que en todos los lugares hubiera un intérprete.

“La gente no se da el tiempo de verme, sólo necesitamos que nos pongan un poco de atención", lamenta. 

Con una postura firme, Nabiri  camina por el plantel, amigos la saludan y responde con una  sonrisa sincera, cuando su mamá no anda cerca saca el celular y comienza la plática.

 

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