Empleados de calidad

Pese a las adversidades y a sus limitaciones físicas, todos trabajan al mismo nivel en la fábrica
Astrid Sánchez
02/06/2016 - 10:37

En Dixon no existe la discriminación. La cuadrilla de empleados de la fábrica de productos escolares presume en sus filas a gente de la tercera edad, de preferencias homosexuales y personas con discapacidad. 

La empresa apuesta por brindar oportunidades sin prejuicios y sus empleados agradecen que las puertas estén abiertas. 

"La política de inclusión en Dixon existe desde que la empresa se fundó, votamos por la cero discriminación. Realmente nos enfocamos en el perfil y no en situaciones que pueden excluir un talento potencial", asegura Eloy Valencia, titular de recursos humanos de la fábrica. 

Eloy y sus compañeros están felices con la familia que han formado. “La gente que tiene discapacidad o vive situaciones de exclusión genera más compromiso y hemos visto que sus compañeros los apoyan y se acoplan a su ritmo de trabajo. Pese a las adversidades y a sus limitaciones, todos trabajan al mismo nivel", asegura Valencia.

INCLUYENTES

Desde hace más de 20 años, la fábrica suma a sus filas a personas que podrían considerarse en situación vulnerable a la exclusión laboral.

Tal es el caso de María Delfina y Francisco, quienes son ciegos y trabajan armando estuches para colores. "Me gusta demostrar que puedo hacer las cosas, estoy muy contenta de poder trabajar", dice María Delfina Valencia Martínez, quien lleva 23 años en Dixon. 

La mujer perdió la vista desde que tenía seis años. Un extraño padecimiento que los doctores no pudieron explicar la condujo a una ceguera sin retorno, que aunque podría ser considerada una limitación, María Delfina nunca la ha visto como un obstáculo. 

“Además de trabajar pude cuidar a mis hijas y ahora a mis nietas. También hago las labores de la casa", presume. 

A lado de Francisco Ruiz Gutiérrez, María Delfina arma cajitas de cartón que albergarán lápices de colores. 

En su mesa de trabajo, predominan las risas. No hay distinción entre empleados. 

Hace 24 años Francisco llegó a Dixon en busca de una oportunidad de empleo, se negaba a pedir dinero y quería ganarlo porque sabía que podía hacer cualquier actividad. 

"No es difícil trabajar, nosotros mismos somos los que nos limitamos, pero si sabemos discernir a qué venimos podemos hacer cualquier cosa. Todos tenemos un hogar y queremos sacarlo adelante", comenta Francisco Ruiz, mientras sus manos arman con rapidez las cajas. 

Francisco perdió la vista cuando tenía 16 años en un accidente automovilístico. Sus nervios ópticos reventaron y tras varias cirugías sin éxito se le informó que tenía que comenzar una vida en la oscuridad. 

Cinco años pasó encerrado hasta que un amigo lo llevó a una escuela especial, donde le enseñaron, desde las actividades más básicas, como servirse un vaso de agua, hasta la lectura en braille y movilidad en las calles.

Desde entonces, Francisco ha trabajado y agradece las oportunidades que ha encontrado. Su plan, asegura, es predicar la palabra de Dios cuando se jubile de la empresa como una ofrenda.

NO PARAN DE PLATICAR

En el área de plastilina, hay una pareja muy especial: Martín y José, quienes a pesar de la sordera del primero no paran de platicar. Martín Ramírez Barajas se vale de sus habilidades para leer los labios para comunicarse con otros personas, pero con José García ha logrado una conexión en la que ambos saben qué quiere decir el otro sólo con mirarlo. 

Un lenguaje propio, de dos, así es como se comunican. Ambos hacen señas y José habla despacio para que su amigo le entienda; a veces cumple las funciones de traductor cuando alguien más se quiere unir a la plática. 

Así es como Martín expresa que se siente feliz de trabajar en Dixon desde hace 17 años y que a pesar de haber sufrido un accidente en el que perdió parte de un dedo, disfruta su trabajo. 

"Es normal", dice, y muestra con gestos que quiere seguir trabajando. 

EN EL MONTACARGAS

El empleado con menor antigüedad en la empresa es Juan Carlos Moreno Ramírez, quien hace apenas unos meses empezó a hacerse cargo de los montacargas y el transporte de tarimas. 

La protésis en su pierna lo hizo dudar, creyó que sería rechazado, pero la fábrica lo recibió y le ha permitido demostrar sus capacidades. 

"Anteriormente me habían cerrado muchas puertas, seguido caigo en depresión porque no hay oportunidades para nosotros, pero tener un empleo formal me da ánimos", comenta Juan Carlos. 

Una lesión que comenzó a gangrenar obligó a los médicos a cortar de la rodilla hacia abajo y desde hace 22 años Juan Carlos ha sufrido discriminación laboral por el uso de una protésis. 

"Tenía miedo de que no me contrataran, pero no les importó mi condición, agradezco a Dios que me den oportunidad de trabajar", dice. 

Dixon promueve la inclusión, la no discriminación, pero sobre todo, la cultura de tolerancia y respeto a grupos vulnerables, ese es su secreto para crecer como una empresa socialmente responsable. 

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