Dani era muy femenino

“A veces, jugaba a escondidas con las muñecas de sus primas”
Yudi Kravzov
29/02/2016 - 12:21

Tengo sólo un hijo; se llama Dani. Creo que se enamoró de su mejor amigo; desde que él lo rechazó no ha podido quererse, aceptarse, ni abrir su corazón con alguien más. 

Fue un bebé muy bonito; en cuanto empezó a crecer, me di cuenta de que era muy femenino. Sus rasgos son muy finos, sus movimientos, delicados. Nunca le gustó aventarse en la tierra, ni jugar a las luchas, ni a los súper héroes. A veces, jugaba a escondidas con las muñecas de sus primas.

Lo sorprendí poniéndose mis zapatos en más de dos ocasiones. Yo no hacía caso de lo que veía porque decidí no sugestionarme más de la cuenta. No lo hablé ni con mi marido ni con mi mamá; fueron ellos los que en un momento dado me sacaron el tema.

Mi mejor amiga fue la primera en verbalizarlo: "Puede que tu hijo sea gay", me dijo directa, sin temor a herir mis sentimientos. 

Tajante y seria, le pregunté si era experta en la materia como para opinar del asunto y yo me prometí tratar de ser abierta cuando llegara el momento. 

Ha pasado el tiempo y veo que mi hijo no se encuentra bien consigo mismo. Me es difícil darle la confianza que se requiere para ayudarlo a ser un poco más feliz, pero hay algo raro en él que no se acaba de aclarar.

Yo creo que Dani es gay, pero no quiere serlo y se esconde tras una persona que no es.  De verdad que yo lo tengo más que superado. Si es o no homosexual, a mí no me importa, yo lo quiero igual. No sé cómo pedirle que lo saque de una vez, y que me diga qué le pasa. La infelicidad de no quererse como es, lo pone a la defensiva conmigo, con su papá, con sus compañeros de escuela, y hasta con sus primos.

Es el más callado, el más estudioso, el más lector... 

Yo hubiera querido que sacara mi confianza, mi forma de ser. Con mi marido no lo he hablado. Yo sé que le pudre que a nuestro hijo no le guste el futbol, que no le guste ver americano, ni las peleas de box. Las sospechas de que Dani sea homosexual también lo asaltan, pero no lo va a reconocer jamás.

Sólo una vez que se puso pedo, me dijo que nuestro hijo no se parece al niño con el que soñó, que no sabe cómo acercarse a Dani porque ni puede hablar de albures ni de viejas, como su papá hablaba con él. 

Mi mamá me habló de un tío que usaba unos pantalones blancos y apretados en las fiestas, que murió a los 42 en el otro lado, que nunca se casó, y que ella cree que era homosexual. 

Luego me sacó el tema de un reportaje que vio en la tele sobre diversidad sexual, sobre los porcentajes de homosexuales en diferentes países, sobre la moda que imponen los gays y las lesbianas, sobre la historia de la cultura griega donde la homosexualidad era natural. Yo le he explicado que la homosexualidad no se hereda y que si Dani es o no gay, no lo voy a juzgar nunca, pero el secreto sigue a voces.

Cada vez es más obvio que algo le sucede. 

Yo quisiera que la vida fuera más sencilla, que me contara qué le pasa, que me tuviera confianza, pero sobre todo, lo que más deseo, es que él se acepte como es y esté orgulloso de sí mismo.

Dani de verdad es un niño bueno. Tiene un gran corazón, pero mientras siga encerrado en su propia cárcel,  nunca podrá encontrar ni amigos ni amores, ni nadie que aprecie todo lo maravilloso que hay en él.

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