Siente que no le cabe su cosota

Yudi Kravzov
28/12/2015 - 03:00

Mi prima Paola trabaja en el aeropuerto. Atiende una tienda de dulces; dice que en la temporada navideña suben mucho las ventas. También es cuando hay más turistas que vienen escapando del frío, y nunca falta el coqueteo con ellos. 

No supe bien cómo estuvo, pero se hizo novia de un negro que baila como un Dios y que apenas está aprendiendo español. Cada que la viene a ver, mi tía se la pasa persignándose. Tiene miedo de que el tipo lastime a su hija con esa cosota que se le marca en el pantalón. 

Además de que el novio es alto y fuerte, dice mi prima que siente como que no le cabe adentro de tan larga que la tiene, y que aparte, es demasiado delgada. 

La verdad es que entre nosotras nunca hablábamos de esas cosas, pero ahora que Paola trajo a un afroamericano, todas andamos de curiosas, preguntando cómo le hace para lidiar con un paquete de ese tamaño. 

En otras circunstancias, no abordaríamos esos temas; sin embargo, yo me he dado cuenta de que la fantasía de Paola era darse a un negro y ahora que lo tiene, se siente muy cómoda con él. Se siente protegida, bien cuidada. Está muy enamorada. Lo pasea por los rumbos que él quiere conocer. 

A diferencia de lo que hubiera yo pensado, el novio de Paola odia las hamburguesas y adora los tacos. Come poco chile, pero le encanta probar platillos mexicanos. Se puede pasar todo el día caminando por el centro, pero no le gusta entrar a conocer las iglesias. Ya fue dos veces a las Pirámides y se la pasa tratando de aprender algunas palabras en español. Le gustan las posadas, el ponche y las piñatas. Se la pasó feliz con los preparativos de Navidad y le llamó la atención que absolutamente toda la familia se reuniera. 

Me cuesta trabajo creer que así como nuestros antepasados eran tal vez mayas o aztecas, los del novio de mi prima sean africanos de Uganda que fueron traídos a América como esclavos. Me gusta que a veces use expresiones en español. Nos habla despacio y nos hace preguntas de todo lo que lee. 

 Este hombre guarda un misterio divertido. Mi prima nos causa gran intriga a todas;  Paola dice que sus labios carnosos son una almohadilla donde deposita y recoge besos, que desnudo está todo marcado porque hace mucho ejercicio, y a que a la hora de hacerlo no se queda quieto ni un segundo. 

Mi madre y mis tíos no saben que para enero, mi prima y su novio ya se van a conseguir un lugar para irse a vivir juntos y probar a ver qué tal les va. Paola dice que sus papás se van a atacar, pero que ya es hora de tener su nidito, aunque tenga que trabajar mucho más para pagar los gastos de una renta.  

Para entretener al novio de Paola mientras ella está en la chamba, lo invitamos a la sala de mi casa para que nos enseñe a todas a bailar, a ver si así aprendemos algunos ritmos nuevos y pasitos lindos. 

Por mucho que sea interesante oír el acento extranjero y conocer de otra cultura, yo no quiero confiarme tanto de ese chavo y dejarlo estar tanto tiempo en mi casa. Ya me conozco; al rato voy a sentir que ese güey me invade, que en la noche lo voy a escuchar coger, o me lo voy a imaginar haciendo cosas. Me voy a sacar muchísimo de onda, y me voy a empezar a comportar de manera muy rara. En lugar de ganarme su cariño, me va a alucinar.

A él lo que le gusta es pasear. Me dan ganas de invitarlo al Museo de Antropología, a Tula, a Coyoacán, al Museo Dolores Olmedo… Mientras Paola siga con esa sonrisa, es porque le ha de estar haciendo cosas maravillosas, y creo que no hay que perder la oportunidad.

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