Se pierde su primera vez

Yudi Kravzov
26/10/2015 - 03:00

A donde voy, lo busco: en el mercado, en la fonda, por la plaza que suele atravesar cada que regresa a su casa. Incluso lo he ido a buscar a la pizzería donde, todavía hace dos semanas, trabajaba de DJ por las noches y no me lo encuentro. 

Solamente, recibo mensajes esporádicos por whatsapp. Sé poco de él, desde aquella fiesta en la que se metió entre nosotros esa señora tatuada que se hace la jovencita, pero que tiene más de 36. Ya averigüé todo sobre ella: se llama Fernanda, es divorciada y tiene un hijo en primaria al que no cuida, ni atiende.

Todos los que la han visto cuentan que tiene lana y tiempo, que le gusta meterse con chavitos y hacerse la que ‘está en onda’. Dicen que se deja coger en cualquier lugar público y que le gusta armar orgías en cuartos de hoteles de paso lujosos. 

Desde que la vi en la fiesta, le sentí una vibra rara. Intuí en ella una tristeza enorme que disfraza con actitudes dominantes, controladoras, divertidas y protagónicas. Se ve que se hace la fuerte, la rebelde; habla como si conociera todos los secretos que esconde la vida. Afirma como si siempre tuviera la razón y para ella no hubiera ni límites ni misterios.

A mí no me gustó ver la forma en que abordó a mi novio. Yo sé que los DJ’s son figuras públicas en las fiestas grandes, que se pueden pasar horas hablando con los fans y que la música es un puente enigmático de entendimiento entre el que la produce y la escucha. Siempre he sabido que el ‘beat’ mueve montañas y que la pasión musical envuelve un sinnúmero de sentimientos, pero esa señora se le acercaba de más: le arrimaba las tetas y dos veces vi que le rozó el pito con la mano. 

Cuando mi novio terminó de tocar y yo fui a buscarlo, me dijo emocionado que esa mujer le estaba proponiendo algo grande: fiestas, eventos, dos contratos, la representación de una marca. Que le iba a presentar gente importante del mundo de la música y que ésta era la oportunidad que él había estado esperando. A mí me sonó a pura mentira y se lo dije, pero él estaba entusiasmado y ‘trepadísimo en su onda’. 

Además, la señora le hacía promesas frente a mí y él, por imbécil, le creía todo y no me escuchaba. Incluso, se enojó conmigo cuando le dije que otro día hablaran de eso, que las propuestas serias no se formalizan en una fiesta.

La cosa es que, al final, él, ella y dos más de la banda, se subieron a un coche y se fueron a no sé dónde; yo me quedé tragándome el orgullo. Antes de que se largaran, le dije que si se iba con ella, a mí no me volvería a ver. Me dolió muchísimo que se fuera porque esa noche yo le prometí que saliendo de la fiesta nos iríamos a un hotel y me haría suya por primera vez. Esa pinche vieja se lo llevó. 

Un amigo me contó que lo fue a ver unos días después de esa noche. Me dijo que mi novio estaba todo deprimido en su casa, porque se pasó dos días enteros con la ruca, metiéndose no sé qué tanta cosa. 

Todo lo que la vieja le prometió fueron mentiras y tonterías.

Lo he buscado desde entonces, pero me dicen que no está en su casa. No lo he vuelto a ver desde esa vez. Sólo me contesta mensajitos cortos que dicen: “sí", "bien”, “no”, “ok” y “no sé”. No he vuelto a escuchar su voz ni su música. 

La verdad lo busco porque me gustaría toparme con él de manera casual. Me había hecho a la idea de casarnos algún día. De los hombres con los que he andado, ninguno me late como para hacerlo por primera vez. Ahora no sé si me conviene, pero sé que lo quiero. Yo era feliz con él y él conmigo. Pinche vieja ruca, todavía no entiendo por qué tuvo que enredarse con él esa noche.

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