Enamorada... la vida se te resbala

"Que encuentre novio, que encuentre novio... me comencé a repetir. Desde que descubrí que mi mamá se vuelve linda y amorosa cuando tiene novio, es lo único que le pido a Diosito cuando rezo”
Yudi Kravzov
21/03/2016 - 05:00

Hace algunos días fui a la ECO FERIA en el camellón de Álvaro Obregón en la colonia Roma.  Esa colonia me gusta porque mi abuela solía vivir ahí y me trae muchos recuerdos. La idea de la feria me encantó y hubiera ido feliz y de mil amores,  si no es porque mi mamá, en lugar de invitarme, me obligó a ir. 

Obvio, ella no reconoce cuando se equivoca. Se la pasa diciendo que la culpa es mía; que mi adolescencia y yo, somos como dos amigas que se mal aconsejan. Dice que me falta madurez. Yo pienso que todo es culpa suya, que está en la menopausia y que es demasiado madura para ser feliz. 

En el transporte nos hablamos poco, porque nos pusimos de malas. En cuanto entramos a Álvaro Obregón,  bajamos del camión. Nos mostramos cada una su celular, como diciendo "luego te llamo",  y tomamos caminos opuestos. 

La tranquilidad de saber que no iba a verla en un buen rato, me relajó de inmediato. Hacía calor, y había mucha gente. "Que encuentre novio, que encuentre novio", me comencé a repetir. Desde que descubrí que mi mamá se vuelve linda y amorosa cuando tiene novio, es lo único que le pido a Diosito cuando rezo. 

Nos queremos, pero me desespera. Come y luego se queja de que está gorda. Puede estar feliz o de la chingada. Se molesta porque le hablo feo y ella le habla peor que nadie a mi abuela. A mí me dice que recoja mi cuarto, y el de ella es un basurero. Se queda horas hablando con la vecina a la que odia y a mí me dice que hablo demasiado con mis amigas. Cuando mi papá le llama por teléfono, se hace la fuerte o la sufrida, según el grado de víctima que ese día traiga consigo. 

Tiene tantos buenos sentimientos como  miedos. Es por eso que no le gusta que yo ande sola. No le gusta que me quede en la casa los fines de semana. Dice que quiere ir a pasear conmigo, pero en cuanto se encuentra con sus amigas, se enfiesta, y entre una copa y otra, ella se mete en su rollo y yo en el mío. 

La quiero en mi vida, pero es una mujer tan fuerte y tan presente, que me es difícil coincidir con ella.  Cuando tiene novio se encierra y parece que se fueron. El celular me da libertad; por eso lo cuido tanto y estoy siempre pendiente de él. 

En la feria, caminé sorprendida entre los puestos de amaranto, agua de coco y sandía. En el ambiente se sentía una vibra de amor a la tierra, de responsabilidad por ahorrar energía, por cuidar los ríos, por no generar basura, por ayudar al planeta. Había alimentos orgánicos, pinturas no tóxicas, y muchos otros esfuerzos por hacer de nuestra tierra un mejor lugar. 

Es chistoso, pero ese día, sucedió algo que no me esperaba: Diosito me mandó un novio a mí. Desde entonces me salieron ganas de volverme más dulce con mi madre, pero a ella le molesta que me encierre en mi cuarto con mi novio. Sin embargo, nuestra relación madre e hija ha cambiado; ahora la entiendo mejor, porque a las dos, tener novio nos pone de buen humor, nos da confianza en nosotras mismas y nos hace sentir acompañadas aun cuando estamos solas. 

Ya no critico tanto a mi mamá; ahora que empecé con mi novio lo que quiero es estar siempre enamorada, porque todo se te resbala y aguantas la vida de otra manera, con otro sentir. 

Enamorada... Sí, siempre, pero no de mi novio, sino de mí. Me quiero enamorar de mí. Mi mamá también se tiene que enamorar de ella.

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