Lo goza más ebria

“Si no está peda no se deja tocar; no lo disfruta, se pone nerviosa, se siente sucia, culpable y puta”
Yudi Kravzov
18/04/2016 - 05:00

No lo puedo evitar. El alcohol me permite hacerlo sin culpa; me hace sentir que no soy una cualquiera y me ayuda a que no me importe si el chavo con el que lo hago me vuelve a llamar o no. 

No sé qué hacer cuando no bebo; me siento torpe. Es mucho más divertido hacerlo medio borracha, especialmente cuando no sé si lo quiero hacer. Es decir, sí quiero, pero no quiero. 

Me encanta el tequila porque me enfiesto, me vuelvo entretenida, bromista, platicona y sociable. Me hago de amigos con mucha más facilidad, y como sé tomar, no siempre me siento perdida. Me gusta enfiestarme, bailar en la pista y olvidarme de la que soy.  Luego, cuando ya estoy sudando y comienzan las calmadas, puedo pegarme al cuerpo del otro y sentir el latir de su corazón. Me entrego a la vida y me lleno de placer. A mí, la bebida me transporta y la vida se me vuelve un jardín de risas y carcajadas. 

No cualquier tipo me gusta, pero yo les gusto a muchos. No quiero sonar presumida, pero estoy guapa. Me sé atractiva, alivianada y ponedora. Soy del tipo de mujer que tiene seguridad en sus pechos. Además, mi cuerpo está hecho para vestir como se me dé la gana. 

Muchas veces, he llegado a casa hasta el huevo y sé bajarme el pedo con café y quesadillas. Le digo a mi mamá que no soporto el olor a cigarro que se impregna en mi cabello y me baño durante un buen rato. En la regadera me meto el dedo y vomito hasta quedar vacía. 

El agua fría te quita lo mareada y te limpia bien allá abajo. Mis amigas hacen lo mismo que yo, y con ellas comparto secretos para curarme la cruda. Me gusta ser como soy. No me importa que la gente me critique. Tomar alcohol me ayuda a entablar mejores relaciones. 

Hay quienes arruinan su vida tomando, pero no es mi caso; yo sé dominarlo. No entiendo por qué algunas amigas ven tan mal que me guste la peda; a mí, me quita la pena y me regala seguridad. Me hace más atrevida y más simpática. 

Lo descubrí el día que me fui de precopeo, y cuando llegué a la fiesta me convertí en otra. Esa vez todo lo que siempre quise hacer lo hice. Me besé con tres, bailé, y de ahí me fui a casa de Miguel a dormir. A los hombres sí les gustan las jaladoras como yo. Si lo nuestro no siguió, no fue por mi peda, sino porque él es un culero. 

El alcohol me ofrece algo que no puedo conseguir de otra manera. Mi mamá no lo entiende; mi hermana, tampoco. En cambio, para mí es algo natural; es una forma de obtener libertad. No necesito otra cosa. Yo soy así, y si no estoy peda no me dejo tocar; no lo disfruto, me pongo nerviosa, me siento sucia, culpable y puta.

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