Moldea mis curvas

Yudi Kravzov
16/11/2015 - 03:00

Mi obstáculo principal es mi pasividad. Durante 23 años me acostumbré a seguir las órdenes de mi padre. 

Nunca fui fuerte, ni popular ni sociable. Toda mi vida fui una niña retraída, inmersa en mi propio mundo de aspiraciones a corto plazo. Soy feliz en mis sueños fantasiosos, en los que logro realizar mis proyectos y salir de la casa de mi padre, lugar donde no soy feliz. 

La inseguridad siempre ha sido mi compañera; seguramente, esto es resultado de los regaños, de las llamadas de atención y del desinterés que hay por saber quién soy o cómo me siento. 

Y es que nunca fui la hija guapa que mi papá hubiera querido. Su actitud hacia mí cambió un poco cuando comencé a andar con Gerardo, un hombre que le da rienda suelta a sus decisiones y al que le gusta la escultura. 

Como gana buen dinero, mi papá cree que es un buen partido. Es completamente independiente y ayuda mucho a sus papás. Es honesto y no tiene malicia. Mi papá siempre odió a mis otros novios porque decía que eran unos buenos para nada, abusadores del dinero que yo gano, o unos hippies “adictos a quién sabe qué drogas”, indignos de confianza. 

Lo que mi papá no sabe es que Gerardo se pasa las tardes intentando copiar mi figura desnuda sobre el barro. Después de varios intentos, casi siempre termina frustrado y estrellando sus amorfas creaciones contra la pared. 

El único mueble que tiene en su taller es un colchón sobre el piso de su recámara. Es ahí donde se refugia siempre que está furioso con sus fracasos. Enfrente de mí, se pone a ver revistas pornográficas con fotos de mujeres frondosas, y se masturba para desahogarse. Después, me hace posar para él otra vez. 

No sé todavía si me molesta o no lo que está pasando. Sé que su enojo y su frustración van de la mano, que el problema no es conmigo. Lo que pasa es que cuando se instala en su papel de artista se vuelve otro. Fuera de su taller, es buena persona, generoso y comprensivo… La furia le sale cuando se da cuenta de que no es bueno modelando barro y pierde la compostura. En esos momentos, yo tengo que obedecer. 

Yo ya era insegura antes, pero a veces siento que Gerardo está acabando del todo con mi autoestima. Yo no tengo con quién hablar de esto porque mi papá está seguro de que es el mejor partido que me puedo conseguir. Dice que es difícil que alguien más se fije en mí, porque soy frondosa, morena, alta y rellenita. 

Le he pedido muchas veces a Gerardo que no se ponga agresivo, y que se busque otra modelo. He hablado con él pero me dice que no me preocupe, que no lo tome de manera personal, que le tenga paciencia. 

Solamente necesita tener el tiempo necesario para copiar mi figura en barro. 

Me aseguró que en cuanto logre terminar su obra, voy a quedar fascinada. 

Me siento muy agradecida con Gerardo cuando es bueno conmigo, cuando no me grita, cuando me deja taparme del frío que hace en su taller, cuando me habla bonito y cuando me toma fotos para seguir estudiando mi cuerpo aun cuando yo no estoy. 

Sé que no me miente cuando me dice que me quiere y que nada le importa tanto como plasmar su talento en las esculturas que hace. 

Sin embargo, en el fondo me da mucho miedo que pierda la paciencia y que se ponga agresivo, que nunca esté satisfecho con lo que hace y, sobre todo, que crea que si me grita y me maltrata, yo no me debo enojar.

Dice que es difícil que alguien más se fije en mí, porque soy frondosa, morena, alta y rellenita

Soy feliz en mis sueños fantasiosos, en los que logro realizar mis proyectos y salir de la casa de mi padre, lugar donde no soy feliz

 

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