La suma perfecta

La atracción que sentía por su maestra marcó a Carlos para el resto de sus días
Yudi Kravzov
12/04/2014 - 03:00

Charlie

Se enamoró del cálculo, de la velocidad, la energía, los voltios, los watts y el álgebra en primero de , cuando conoció a Alicia, su profesora de física. Antes, asistía a la escuela solamente porque estaba en el equipo de ; los estudios le importaban poco.Su profesora Alicia lo cambió. Era delgada, de ojos grandes y brillantes; de sonrisa amplia, pestañas largas, cintura pequeña, nalgas respingadas y usaba el pelo suelto. Le gustaba hablar de temas polémicos con sus alumnos en la cafetería, a la hora de los descansos y en las horas libres. Cada que Alicia terminaba de exponer su punto de vista sobre un tema, se ponía de pie en una actitud retadora; con las piernas semiabiertas y los brazos cruzados sobre su pecho, cautivaba a Carlos.

Él soñaba despierto con pararse junto a ella, tomarla de la cintura, resolver las ecuaciones que ella ponía en el pizarrón y después comérsela a besos; pero en lugar de eso, siempre le hacía preguntas complejas, para hacerle entender que con él podía tener una conversación interesante. Sin que nadie lo supiera, inspirado por el perfume y la soltura de su profesora, sacaba libros de la biblioteca y se adelantaba al temario para sorprenderla con preguntas elevadas, haciendo como que podía deducir una teoría. Impresionaba a todos y nadie sospechaba que se la pasaba estudiando mucho.

Carlos se hizo adicto a las ecuaciones, a los cálculos, a la observación del movimiento, a los misterios de la energía y a las complicaciones de la física. Pasaba horas en el taller de su tío Poncho, observando el funcionamiento de los motores, y vio en la mecánica muchas aplicaciones de la física.

Cuando el tío de Poncho se enfermó, Carlos y su primo se hicieron cargo del taller. Primero fue por unos días, luego por semanas. Empezó a faltar a clases, pero decía que sería temporal, que nunca iba a dejar la preparatoria para trabajar de lleno en el taller.

La profesora Alicia mandó una carta a los padres de Carlos, en la que alababa su capacidad para estudiar y les suplicaba que no lo dejaran abandonar la escuela. Sin embargo, el dinero que ganaba Carlos ayudaba mucho a su familia y a la del tío de Poncho, que seguía enfermo.

Carlos nunca se olvidó de la profesora Alicia. Se enamoró de Maribel y la hizo su novia, porque sus senos y sus cosenos eran idénticos a los de la profesora Alicia. Cada que tenía a Maribel desnuda frente a él, podía evocar el perfume de la profesora. La recorría y se la comía completa antes de venirse.

Pasaron dos años y un día llegó al taller René, un amigo del equipo de futbol de la prepa. Iba vestido de traje y manejaba un carro bueno. René le contó a Carlos que era guardaespaldas y lo invitó a trabajar. Carlos se entusiasmó, se puso a hacer ejercicio, y comenzó con que sería un trabajo temporal, que nunca dejaría a su tío Poncho solo en el taller.

La vida de Carlos cambió de un día otro. Primero, porque un diputado panista lo eligió como chofer particular y no ha querido soltarlo. Luego, porque Maribel se embarazó y tuvieron que casarse por la iglesia; para colmo, en su nueva vida, hasta le cambiaron el nombre a Charlie, sin siquiera preguntarle. No sabe si se dejó llevar porque le gustó el mundo del político, o porque le quería dar todo a Maribel, la única mujer que de verdad le cura esas ansias de coger que lo vuelven loco desde que conoció a la profesora Alicia. Con el apodo pasa algo raro, porque ahora siente que Carlos y Charlie son dos hombres distintos.

Charlie sabe ganar dinero y atender a las mujeres adineradas con las que se topa, aunque no tienen los mismos valores que él aprendió con su familia. Visita poco a Poncho y a sus amigos del taller, y platica muy poco con Maribel. Él mismo se desconoce. Teme convertirse en padre ahora que conoce tan de cerca los intereses de la clase política. Le preocupa traer un niño al mundo y no tener para darle cosas buenas.

Lo único que une a Carlos y a Charlie el día de hoy, es el recuerdo de la profesora Alicia y el gusto por la física.

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