Disfruto hacerlo a diario

“Ella me juzga y me llama puta; dice que soy una cualquiera y que no me responsabilizo de mi hija. Me humilla y me cobra por haberme ayudado”
Yudi Kravzov
11/04/2016 - 05:00

Todos los días me pregunto cuánto cuesta ser feliz. ¿Puedo ser feliz haciendo felices a otros? Me divorcié a los siete meses de embarazo. Me era mucho más difícil soportar las infidelidades de mi marido, que vivir sola y hacerme cargo de mi criatura.

Desde que me convertí en madre soltera, vivo con mi madre y trabajo para mantener la casa. No vivimos con lujos, pero no nos falta nada. 

Ninguno de los hombres con los que he salido quiere cargar con mi madre ni con mi hija. En cuanto ellos se dan cuenta de que soy valiente, fuerte y capaz de mantener a mi familia, huyen de mi vida y me vuelvo a quedar sola. 

La última vez que tuve novio escondí mi situación. Dije que mi hija era mi sobrina y a mi madre nunca la presenté. A ellas les inventé que, por parte de mi trabajo, tenía que salir a tomar unos cursos los fines de semana, y me iba de paseo con mi novio al mar y a visitar pueblos mágicos del Estado de México y de Jalisco. Así, mi vida se fue enredando entre las mentiras que me inventaba. Mi madre, que es egoísta, pero no idiota, me descubrió y puso a mi hija en mi contra. 

Tengo 34 años. Estoy cansada de vivir mintiendo. Le he dicho a mi hija que yo merezco una oportunidad nueva, pero ella me habla envenenada por mi madre. Ahora, por más que quiero pretender ser feliz, estoy harta de estar mintiendo. 

Si por mí fuera, iniciaría una nueva vida, dejaría mi chamba y me mudaría de la casa de mi madre. Ella me juzga y me llama puta; dice que soy una cualquiera y que no me responsabilizo de mi hija. Cada que nos peleamos, me humilla y me cobra por haberme ayudado cuando mi hija era pequeña. Yo me arrepiento por haberme apoyado en ella. Sueño con irme al mar y vivir en un lugar donde nadie me moleste. Sin embargo, la responsabilidad me ata y estanca mi felicidad. Mi madre se pasa la vida echándome en cara que cuida a mi hija mientras me divierto y busco amoríos. Parece que le da coraje, porque todavía soy joven y estoy a tiempo de rehacer mi vida en pareja. A veces pienso que solamente busca cobrarme lo que ha hecho por mí; quiero pensar que le da miedo que me vaya y deje de mantenerla. Su actitud me aleja, porque no piensa en mí; cree que si me enamoro me voy a olvidar de ella. Y la verdad, quizás tiene razón, estoy muy cansada de ella. 

Me he pasado los últimos diez años siendo una buena madre y una buena hija, pero las cosas no me han resultado. Mi último novio me recordó qué es ser mujer, y eso es de lo que justamente me había olvidado. Por eso bajé de peso, me compré ropita, y lo más importante, hago el amor casi a diario. Eso es lo que me ha dado la fuerza para recordar que tengo que vivir para mí. Me siento fuerte, y no soy ni egoísta, ni puta. No quiero agradar a mi madre, ni entenderla, ni cuidarla;  y si mi hija prefiere vivir con ella, pues que se las arreglen juntas. Ya no voy a jugar su juego, y no voy a creer en sus amenazas. Mi vida es mía, por eso cada que termino de hacer el amor me miro al espejo y me digo de frente: "Yo soy la más importante de mi vida. Quiero ser feliz antes de hacer felices a los otros".

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