Revela secretos del amor

Una madre comparte con su hija los secretos del arte del tantra
Yudi Kravzov
10/05/2014 - 03:39

Su hija mayor cumplió 18 justo el primero de mayo, y para una edad tan importante, de regalo le compró un libro titulado “El arte del Tantra”.

Como no hubo clases ni labores, Guillermina tuvo tiempo de organizarse para poder ir a desayunar a solas con la festejada y darse un tiempo para platicar de mujer a mujer.

Nunca es fácil hablar de sexo con una hija; uno debe cuidar las cosas que quiere decir. No es bueno dar demasiada información; el misterio del sexo debe seguir latente y es tarea de los amantes descubrir los secretos del amor.

Guille le entregó a su hija una bolsa de regalo decorada con un moño rojo. Adentro estaba el libro envuelto en papel de china. Emocionada por la sorpresa, su hija lo desenvolvió. En la portada, aparece la fotografía de una pareja desnuda; están hincados uno frente al otro, con los ojos cerrados y las manos en medio del pecho, palma contra palma, como si estuvieran rezando.

—Mamá...—, dijo incómoda la adolescente.

—Escucha. Muchos caminos espirituales buscan la liberación del alma; el Tantra lo hace mediante el ritual del sexo. Sé que sabes cómo nacen los niños, que sabes de condones y pastillas, que en la escuela te dieron clases de educación sexual, pero este libro te va a enseñar a entender la sexualidad como un ritual sagrado con el que puedes comunicarte sin palabras, de cuerpo a cuerpo, de piel a piel.

—Es que yo no quiero ver este libro contigo. A mí no me gusta hablar de estas cosas; me da mucha pena.

—No es para que lo veas conmigo. Hojéalo cuando quieras y cuando estés lista, quizás lo veas con tu novio.

—¿Cómo crees, mamá? Estás loca.

—Mira, hija, lo que hagas con esta información es cosa tuya. Yo me tardé años en entender que el sexo es una forma de acercarse a la persona que amas y que es un acto muy complejo; muchos piensan que sólo se trata de caricias y orgasmos...

—¡Mamá....!

—Pocos saben que en una entrega física las personas deben complementarse, sentir placer, disfrutar con caricias y aprender a hablar sobre lo que le gusta a uno y lo que le gusta al otro. Dos personas que se atraen pueden encontrar en el ritual del sexo muchas cosas que con palabras no se pueden decir. Cuando haces sagrada la entrega del amor, la relación sexual se vuelve mucho más poderosa y se afianzan la confianza y la química de los cuerpos que se aman.

La carita de la festejada se iba transformando. Aunque le daba pena, le gustaba saber que había maneras de fortalecer el placer, la vitalidad y el espíritu. Cuando ha escuchado a sus amigas hablar de su primera relación, o de las escapadas al hotel, no parece que se hayan querido de esa manera.

—Tu cuerpo es tu templo—, le dijo Guillermina, mirándola a los ojos. “No debes permitir nada que te haga daño o te duela, pero no te quites la posibilidad de conocer posturas, hacer danzas, ampliar las fronteras y despertar tus sentidos”.

Guille le habló a su hija de cuidar lo que come, de mirarse en los ojos del hombre que ama y de gozar con ganas de compartir. Le dijo que el sexo es una experiencia que trasciende, que del placer carnal emerge la vida y lo más importante, que no hay pecado en ello.

El rostro de la niña seguía colorado. Guardó el libro en su morral y cambiaron el tema a los condones, a las pastillas y a las cosas que ha hablado con sus amigas. Al final, le prometió a su madre que va a tomar en cuenta lo que le dijo.

 

Guille no sabe si su muchachita entendió lo que le quiso decir. De lo que sí está segura, es que a ella le hubiera gustado saber todo eso cuando cumplió sus 18, para amar sin tanto miedo, para buscar también su placer y para entregarse sin tabúes.

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