Me lo cogí a la primera

“Me aproveché de mi cuñado. Lo puse bien pedo en la fiesta de mi hermana y cuando vi que ya que no daba una, me lo llevé al hotel. Ahí lo desvestí y le di lo mejor de mí junto con una pastillita para que se le parara y se le quedara bien dura”
Yudi Kravzov
07/03/2016 - 05:00

No tenía deseos sexuales. Era como si me hubiera muerto por dentro. Llevaba más de tres años sin coger. Sé que la rutina, el tiempo, las deudas y los problemas en los matrimonios, matan cualquier deseo y acaban con las ganas. 

Sin embargo, cuando el hermano de mi marido regresó de Chicago y lo vi contento, luchador y esperanzado, me lo cogí a la primera que pude sin siquiera pensarlo.

No fue para ponerle el cuerno a mi marido, sino para recordar lo rico que se siente estar con un Hernández en la cama. De por sí se parecen, pero yo no había visto a mi cuñado desde hace más de diez años; se le ve joven y es rete simpático.

Él trae bien encendida esa chispa que a mi marido se le apagó hace tiempo. Es una locura; hice mal y estoy arrepentida, pero yo necesitaba un escape así, con alguien de confianza con quien me sintiera segura. 

Me gustaría decir que lo medité, lo pensé y lo hice; pero ahora sí que, como dicen los hombres, "fue más fuerte que yo". No tengo ningún problema en reconocer que me aproveché de mi cuñado. Lo puse bien pedo en la fiesta de mi hermana y cuando vi que ya que no daba una, me lo llevé al hotel. Ahí lo desvestí y le di lo mejor de mí junto con una pastillita para que se le parara y se le quedara bien dura. Esas pastillas se las compré a mi marido, pero no se las ha querido tomar. 

La cosa es que yo sentí como que el paraíso existe, como que no estoy tan vieja para coger. 

Me di cuenta de que aunque estoy pasadita de peso, todavía provoco deseos, y cada que mi cuñado me decía que estaba mal lo que hacíamos, yo le contestaba “mal sería no hacerlo” y me le volvía a trepar. Así estuvimos la primera vez, hasta que por fin descargué todas las ganas y frustraciones que traía yo encima. 

El secreto de lo nuestro lleva guardado un mes en mi corazón. Mi cuñado ya se va de vuelta en dos semanas. Lo hemos hecho cuatro veces, una por semana. Él me dice las cosas lindas que mi marido ya no ve en mí. Le gusta cuando le guiso y reconoce que su hermano está deprimido y que por eso ya no es quien fue. 

Ninguno de los dos nos atrevemos a confesarle a mi esposo lo que está pasando, pero si por mí fuera, me escaparía en el avión con mi cuñado y dejaría a mi marido solo, con su sentimiento de derrota. Y es que la depresión se contagia; uno se vuelve triste, aburrido, se pega a la tele cada que puede, no piensa, no ríe, no disfruta nada. 

Tengo una familia y soy una mujer de honor, por eso no me voy. Sin embargo, la verdad es que nunca hubiera pensado que un acostón tan rico me daría la energía necesaria para saber que no quiero seguir con la vida que he llevado estos meses. 

Me quedan dos acostones más con mi cuñado. Ya le dije que lo que estamos haciendo es por el bien de su hermano y por el mío, que mi marido no se va a enterar. Me dijo que buscara unas pastillas que quitan la depresión y el mal ánimo, que allá donde él vive, las toman mucho. Me pidió también que me cogiera a mi marido, aunque él no quiera; dice que me va a dar un dinerito para que me lleve a su hermano al mar. Yo lo miro y le contesto sin ganas, porque la verdad es que mi marido me desanima; yo no quiero cargar con un saco de mala vibra a ningún lado. En cambio, veo a mi cuñado y él sí se lleva toda mi admiración. 

No me siento una cualquiera y mi consciencia está limpia de toda culpa. Sin saberlo, me di exactamente lo que necesitaba, la mejor medicina del mundo: sexo, apapacho y cariño. Ni allá ni acá, creo que haya una pastilla que funcione mejor.

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