Femenina y ardiente

“Me acuerdo de mí flotando entre las nubes, escuchando la música de Zoé, y creyendo que el mundo es un lugar lindo, fantástico”
Yudi Kravzov
01/08/2016 - 03:00

Cada que me veo al espejo me vuelven las ganas de llorar. Me acuerdo de ella y comienzo a gritar de nuevo; me grito a mí y le grito a ella. Me quiero morir porque ya no aguanto el peso que traigo dentro. No me contesta las llamadas y nunca supe bien ni en dónde vive.

Nunca debí dejarme seducir por esa perra... Lo supe desde el momento en que la vi y me dije a mí misma: “abre los ojos, piensa, no digas que sí”. Mientras yo trataba de reflexionar bien en lo que estaba pasando, abrí la boca, cerré los ojos y por primera vez sentí unas manos femeninas recorrerme el cuerpo. No volví a pensar. Me acuerdo de mí flotando entre las nubes, escuchando la música de Zoé, y creyendo que el mundo es un lugar lindo, fantástico. 

 Todo mi ser se sintió seducido por esas manos y esa piel que me confortaba tanto. Me rendí a ese suave toque femenino, lleno de detalles, de cartitas y flores. Me derretí ante esas mordiditas sutiles que me volvían loca. Me embriagué con sus besos tiernos y dulces, y se apoderó de mí ese pensamiento de “te atiendo porque te quiero y me quiero y me atiendes porque nos queremos de idéntica manera”. No pude resistir a tanto embeleso. Caí. Me dejé seducir por esos besos de manzana, y por la tarde en que lloramos juntas y me dieron ganas de enamorarme de mí.  

Me vuelven a la cabeza sus besos y el tono de voz con el que me decía que me necesita. Entonces me acuerdo de cómo creí en cada una de sus palabras; me creí que yo, para ella, era especial y muy bonita. Creí que lo nuestro era un caudal de ganas de encontrarse y que habíamos estado buscándonos toda la vida. No cabía la mentira, ni el miedo, ni los celos. Todo era en un “nosotras”; ella y yo nos hicimos una. 

 Me quiero olvidar de sus palabras; no quiero sufrir más.  Mi madre me lo dijo: "esa chica que trajiste el otro día es mala". "¿Mala? Es mezquina…", dijo mi abuela y yo, como sé que no les gustaba la idea de que me gusten a las chicas, las ignoré y me alejé de ellas.  

 Fue como si en mí hubiera encarnado la historia de la serpiente que tentó a Eva y trajo la desgracia al mundo. Y es que me hizo creer que sin ella no existo. Me dejó sentirme viva y me otorgó el pasaporte que me permitió escaparme del planeta y volverme energía, rayo, o más bien, nada. ¿Qué hago ahora que he vuelto a la realidad? Me di toda sin tomar precauciones. Abrí mis piernas y mi corazón... Ya no quiero recordar que me tocaba, no quiero volverme a sentir mujer con otra chica. Quiero que me gusten los hombres, que me vuelvan a gustar los hombres, por favor. Quiero olvidarme de todo lo que viví con ella... No quiero extrañarla ni volver a quererla nunca más.

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