Se calienta por ti

Helena Danae
29/08/2018 - 05:18

Hola, mis amores, estoy feliz de tenerlos tan cerca un día más, ya saben que les envío la mejor de todas las vibras, para que su semana vaya como la esperaban.

Les confieso que estaba sentada en mi cama, recargada en la cabecera, semidesnuda, sólo en calzones, esos negros de algodón que son muy cómodos para andar diario, con la laptop en las piernas, pensando cómo llegar directo a sus cabezas a través de mi columna, que cada palabra que leyeran la pudieran sentir en cada parte de su cuerpo, buscando inspiración y entonces empecé a divagar.

Así comencé a imaginar todo lo que me gusta, pensé en unos brazos grandes y con las venas marcadas abrazándome por detrás, yo sentada encima de él y sus brazos rodeando mi cintura, mientras yo escribía para ustedes. 

Imaginé sus manos, acariciando mis pezones, le puse un rostro a esos brazos, su boca carnosa estaba susurrándome al oído ideas nuevas para mi columna, posiciones que le gustaría que practicáramos para después yo relatárselas, pensé en sus piernas debajo de las mías y vislumbré su paquete, poniéndosele cada vez más duro, porque me decía con lujo de detalle lo que quería hacerme.

Entonces, le puse voz a ese cuerpo y sus palabras casi podía escucharlas, sentía su respiración en mis oídos y veía cómo la piel de mi cuello y nuca se ponía chinita de sentir su respiración. Me decía cosas como “puedes platicarles cómo me gusta cogerte duro sobre la mesa, en la sala, como te pongo de perrito y tus tetas chocan contra el sillón mientras te doy con todo”.

Pude imaginarlo completo, y empecé a humedecerme. Sus grandes manos masajeaban mis lolas de manera lenta, pero firme, sentía esos apretones muy en serio. 

De estar imaginándolo fue como si estuviera ahí de verdad, mientras seguía ideándome esta columna para ustedes, lo podía sentir tan cerca de mí, que empecé a mojarme, escuchando esa voz que me decía las maneras en las que podía cogerme y en las que yo podía platicárselas. Puse a un lado mi computadora y empecé a tocarme, movía mis manos alrededor de mis senos y mis dedos apretaban mis pezones.

En mi mente seguían siendo esas manos de venas marcadas las que me estaban tocando, y su respiración se aceleraba conforme iba llegando a mi centro. Empecé a jadear y junté las piernas, apretando a mi amiguita, mis dos dedos hicieron una fiesta ahí abajo, me retorcía y pegaba mi cabeza en la almohada, decidí voltearme y quedar boca abajo, apretando mis nalgas contra el colchón, era como si su peso estuviera sobre de mí, seguí tocándome y moviendo mi clítoris hasta que logré terminar. 

Fue como si de verdad, una mano amiga me hubiera ayudado, quedé jadeando y exhausta, boca abajo y con la mano entre las piernas me quedé dormida, desperté ya tarde y me di cuenta que mi imaginación puede llegar muy lejos, y espero que llegue hasta sus mentes así como llegó a la mía, me hizo terminar de una manera deliciosa, solo imaginando a ese hombre de brazos grandes.

Imaginen cada detalle, pero eso sí procuren no excitarse demasiado si están trabajando.

¡Los adoro!

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