Sexo con sabor a pepino

31/08/2016 - 05:00

Hola, mis chulos lectores, ¿cómo la pasan este miércoles? El clima ha estado como para andar abrazados todo el tiempo y no salir de la cama; quiero recordarles que en mi primera colaboración  les expliqué  cómo vivía siendo actriz porno, pero varios lectores me han escrito para preguntarme si doy servicios, “no soy escort”, solamente actriz, y tengo relaciones sólo con mis compañeros de trabajo y el ambiente es distinto.

Recuerdan que siempre les digo que la comunicación es básica en una relación, pues una vez controlado ese punto, la imaginación es una  buena aliada en las movidas del pre. Seguro hemos visto hasta en las películas románticas cómo están picando la fruta y llega el hombre por detrás, tiran todo al suelo y le da una fresa en la boca,  mientras hacen el amor, a mí me sucedió algo parecido, pero no tan sensual como lo pintan. 

La semana pasada me puse a cocinar unas empanadas de atún en casa de mi familia. De un lado de la barra tenía la harina y todo para preparar la masa, y del otro lado hacía una ensalada de verduras, imagínense lo sexy que me veo mientras cocino.

En casa estaba un amigo al que tenía tiempo sin ver, ya habíamos sido novios hace mucho, pero sólo de manita sudada, y al volver a verlo me di cuenta que había crecido muy bien y se mantenía en forma, un cuerpo sexy para mis pupilas. 

Cuando estaba por comenzar a preparar la masa, los demás acompañantes me dijeron que irían  por bebidas, que regresaban pronto. Cuando salieron me di cuenta de que él no iba con ellos, de pronto vi que salió del baño y se acercó para preguntar en qué podía ayudarme, sólo moví la cabeza insinuando un no.

Platicamos por un rato de cuando fuimos novios y después me dijo que ya siendo actriz debía ser una mujer más exigente en el sexo. Sonreí y le dije que simplemente trataba de ampliar mis horizontes y tomaba lo bueno que me dejaba mi trabajo, más siempre podía llegar alguien que me sorprendiera. Sonrió y se abalanzó sobre la barra para darme un beso, le puse el cachete y él se volvió a sentar. 

La plática comenzó a ponerse caliente, me decía la magia que lograba con sus amantes y los orgasmos a los que las hacía llegar. 

De manera inconsciente, mi entrepierna  comenzaba a humedecerse, tenía puesto un mallón y al caminar para tomar agua, me di cuenta   que mi flujo ya había traspasado la tela  y se  notaba mi   humedad; me puse muy roja y él lo vio, me dijo que podíamos hacer algo para solucionarlo, ya estaba excitada al imaginar que era yo  quien sentía todo lo que me platicaba, rodeó la barra y comenzó a masturbarme por arriba de la ropa, él me veía y yo no podía esconder lo rico que sentía. 

Me bajé rápido el mallón y él me cargó, me sentó en la barra bajándose el cierre, sólo pregunté: ¿traes condón? Buscó entre sus bolsas del pantalón y puso los ojos en blanco, soltó una risa y me dijo: “bueno querida actriz voy a sorprenderla”. Agarró el pepino que estaba del otro lado de la barra, se lo metió a la boca y después con sus dedos abrió un poco mi vagina para metérmelo y me dijo con voz suave: “tú dices hasta dónde”. Entró buen pedazo y yo sólo sonreía y disfrutaba, comencé a masajear mi clítoris y con mis nalgas apretadas sentía más mi estimulación.

 Él estaba besando y lamiendo mis muslos, mientras seguía moviendo el pepino, tuve un orgasmo maravilloso, sacó el pepino y comenzó a comérselo. Aún me faltaba más, así  que abrí las piernas y las recargué en sus hombros, tomé una zanahoria y empecé a chuparla como si estuviera haciéndole un oral, dejó de masticar para verme, otra vez masturbé mi clítoris con mi mano y ya casi para venirme me metí la zanahoria, apreté fuerte y comencé a masturbarme con ella, retuve mi orgasmo un poquito, en cuanto la saqué logré un squirt y empapé su playera. Me acosté sobre la barra y descansé un poco, en eso, escuchamos que alguien iba entrando a la casa, me vestí rápido y cuando me bajé de la barra, vi que me había sentado sobre la masa que  estaba preparando, por lo  que todas las nalgas me quedaron llenas de harina y agua.

Cuando entraron, nos vieron raro y decidieron sentarse a la mesa, no pude aguantar y solté una carcajada, su playera estaba mojadísima, y la masa ya no podría prepararse, tal vez en una cena para dos estaría bien aún así cocinarla, pero dudo que los demás  quisieran saborear mis jugos. Les dije que se había acabado el gas y ordenamos pizza, le guardé la zanahoria en la bolsa del pantalón y le dije que podía seguir comiéndome como ensalada.

Creo que se llevó las verduras para cenar y poder imaginarse lo que acababa de pasar, no puedo ver los pepinos igual desde ese día.

Y así fue mi escena candente en la cocina, recuerden escribirme a [email protected] y nos leemos la próxima semana.

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