Las sorpresas, una buena receta para el amor

El sábado viajé a mi segunda casa, que es la Ciudad de México
Redacción
22/06/2016 - 08:52

Por Helena La Mala

Hey, mis chulos, hoy les contaré de algo que les aseguro más de uno ha hecho mínimo una vez en su vida. Es delicioso, atrevido y estoy segura que nos enciende fácilmente.

El sábado viajé a mi segunda casa, que es la Ciudad de México. Estuve en un taller de fotografía, eso como un pequeño dato cultural, y cuando regresábamos a casa en el auto se me ocurrió comenzar a masajearle el pene a mi novio mientras él iba concentrado en el camino. Les aseguro que entre lo pesado del viaje y admirar la belleza de la naturaleza, eso era como una cereza en el pastel. 

Pude ver su sonrisa, era el momento exacto. Seguí tocándolo y abrí mis piernas para masajear mi clítoris y así disfrutar los dos. Le pedí con mi voz suave que se orillara en un camino con árboles a los lados. El ambiente para mi era exacto, estaba un poco nublado y comenzó a lloviznar, ya alejados de la carretera saqué su pene, le pase mi lengua varias veces por la cabeza mientras que me iba quitando el pants.

Recliné su asiento hacia atrás, tomé su pene por el tronco y me le monté, ponía sus manos en mis pezones para que me los apretara, lo estaba besando y si él dejaba de apretarme yo lo mordía para que entendiera la orden; comencé a apretarlo con mi vagina, porque he notado que eso provoca que se le ponga más gorda y dura. Giré para quedar los dos mirando: el pasto, los árboles, la lluvia y mis gemidos.  Me puse en cuclillas para que él pudiera ver cómo salía y entraba todo su pene en mí, puso su mano en mis nalgas y metió un dedo, el placer me invadió, tuve un orgasmo con una vista maravillosa, no descansé y mientras le pedía más tuve otro orgasmo, de esos que te hacen sentir calambritos por todo el cuerpo y sientes cómo tu abdomen muestra las consecuencias.

 Me cambió de lugar dejándome sentada con las piernas en sus hombros y me la dejaba ir toda, duro y sin detenernos; los vidrios estaban empañados y se podían ver las gotas escurriendo por los cristales. Me vestí y bajé a oler el pasto mojado, era un clímax inigualable. Cayeron algunas gotas en mi cuerpo, fue un choque con mi calentura y lo fresco de las gotas, me relajé. No pudimos llegar a nuestro destino, tuvimos que parar en un motel para seguir cogiendo y descansar para continuar con nuestro viaje. Sobra decir lo que sucedió en la habitación rentada, digamos que lo de la carretera fue sólo un calentamiento.

Muchas chicas y chicos me han preguntado cuál es el secreto para encender a sus parejas. Ahí está un tip, y es que no hay una receta como tal, sólo se trata de sorprender a la otra persona y a veces hasta sorprendernos nosotros mismos haciendo cosas que creíamos nos daban pena. Hay que valorarnos, eso es algo indiscutible, pero por eso mismo debemos sentirnos bien, conocer nuestro cuerpo y el de nuestra pareja, por más loca que sea nuestra idea debemos platicarla. Esto que les conté fue un detalle de mi parte para mi chico y creo que quedó súper contento, ustedes pueden encontrar sus maneras.

 La próxima semana les tendremos una sorpresa, no dejen de comprar su periódico porque les voy a platicar una experiencia lésbica que acabo de tener y espero les agrade.

 Recuerden escribirme a mi correo [email protected]

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