Con final feliz...

16/08/2017 - 05:00
 

Hola, mis chulos y mis chulas, como siempre quiero desearles lo mejor en esta semana y que muchas de sus fantasías sean cumplidas.

El sábado fui de paseo a un rancho, llegamos en la noche y nos quedamos a dormir, ahí el cielo se ve tan brillante, con todas esas estrellas que parecen diamantina en una hoja negra ¡lo adoro!. Por la mañana, pasamos a desayunar a un restaurante que está a la orilla de un barranco, donde se puede ver el río correr, las piedras,  árboles, nopales y al ganado pastando.

Aprovechamos que el calor era delicioso para ir a nadar al río. Todo fue familiar, pero yo no podía sacarme de la mente esa fantasía que hace no mucho les había platicado, la del pasto, la lluvia y todo ese sexo húmedo. 

Pero el domingo no fue ese día, pues para empezar hacía demasiado calor y además no teníamos oportunidad, no había cómo esconderse y sin duda podríamos salir mordidos por alguna hormiga (anécdota chistosa que pronto les voy a contar).

Bueno, el clima y el ambiente no se prestaron para cumplir mi deseo, pero disfruté mucho mi fin de semana en familia. Después de nadar salí a comer y a prepararme para regresar a casa. Terminé exhausta.

En el camino todo bien, pero no me podía dormir, quería llegar a bañarme, así que me arrullé sólo un poquito y en cuanto puse un pie en mi departamento, corrí a abrir la regadera. Ahí sentía cada gota caer en la cara, pecho, disfrutaba cómo escurrían por mis nalgas y fue relajante.

Ya bañadita, salí y con una toalla en el cabello me tiré en la cama, el colchón me absorbió y me quedé súper dormida, hasta que sentí un dedo  acariciándome lento el ‘chamorro’, eso me hacía cosquillas y me excitaba.

Aquel dedo iba subiendo poco a poco, yo solo abrí un poco los ojos y cuando me di cuenta ya sentía una erección entre las nalgas, estaba boca abajo y de tan cansada, no sabía si despertar y levantarme para montarlo o simplemente dejarlo que se diera placer. 

Opté por lo segundo y él solito abrió mis piernas y se acostó sobre mí, escuchó mi risita de aceptación mientras mordía mi cachete y aunque seguía con los ojos cerrados, supo que era un “adelante”. 

Entonces se lamió los dedos y los pasó por mi entrepierna, apuntó su pene y lo metió de una sola embestida, gemí y apreté la sábana con las manos, mis nalgas estaban tensas por cada empujón que él me daba.

Así continuamos, mientras yo ahogaba mis gritos en la almohada, hasta que no pude contener más, aflojé todo el cuerpo y tuve un orgasmo, disfrutaba el cosquilleo en el cuerpo, mientras él seguía dándome duro, mi cuerpo se movía, pero yo seguía en las nubes disfrutando mi orgasmo.

Mi cara somnolienta lo decía todo y de repente se quitó rápido, me empujó y se la jalaba para venirse en mi boca, pero yo tenía sueño y eso no era lo que más deseaba, así que me quité y todos cayeron en mi cabello.

Tuve que volver a bañarme y ahora sí me quedé dormida como bebé, tan tranquila disfruté de un sueño reparador.

Fue un día feliz, con un final aún mejor. Cuéntenme sus historias a [email protected] ¡Los adoro!

 
 
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