Con lubricante resbala más rico

06/07/2016 - 05:00

Hola, mis chulos lectores, espero les haya gustado la sorpresa que les dejamos el sábado. Y como cada miércoles, les quiero platicar de algo que deben saber, hombres y mujeres.

Entre amigas platicamos  acerca del sexo, dentro y fuera de nuestra relación amorosa, pero no todas hablamos de la lubricación. 

A veces es súper abundante y otras no está  a nuestro favor. Para que nosotras disfrutemos —lo que no se da como por arte de magia—, es necesario estimular todos los sentidos, con palabras y  unas buenas caricias. 

 Hay infinidad de lubricantes y no solo sirven  para humedecer nuestra entrepierna; existen sensitivos que producen un cosquilleo o calor, para poder tener una relación sexual más placentera, además de tener orgasmos más potentes aún. Y como siempre, lo natural es infalible, usemos: ¡la saliva! Si no está a la mano un lubricante podemos darnos un buen oral para quedar  empapados. Muchos besos y demasiada lengua. Eso seguro también ayudará.

Mi anécdota  me hace humedecer al recordar. Después de un día súper pesado de trabajo, mi compañero y yo decidimos ir por unas cervezas a mi casa y ahí me dijo que me veía tensa, yo era encargada de una tienda, así que con justa razón lo notaba. 

Yo estaba sentada en mi sillón, con pants, suéter y blusa de tirantes debajo, se paró y comenzó a darme un masaje en los hombros, me bajó los tirantes de la blusa, lo detuve y fui corriendo por un aceite que tenía, me senté y él comenzó a masajearme la nuca, el cuello, los brazos, manos y pecho, por lo que no pude evitar que mis pezones se pusieran duros y él lo notó, pues yo no traía brasier.

Descubrí mi espalda, mis piernas, y yo sentía un alivio infinito, aunque mis calzones no ayudaban mucho a que el momento fuera sexy, eran cómodos y de algodón, pero cero sensuales, aun así, él le vio el mejor lado, metió sus manos debajo para resbalar sobre mis nalgas, y así de manera traviesa, sus pulgares tocaban  los labios de mi vulva, eran unos roces que me castigaban, mi vagina se contraía cada que los sentía cerca, pero él sabía lo que hacía. Así que no era más que una dulce tortura, jaló mis calzones hacia abajo y mi vulva ya estaba empapada del aceite, resbalosa y excitada, yo solita me quité la blusa, me paré  y lo hice que me siguiera hasta mi cama, ahí tenía mi lubricante, con aroma a uva, era delicioso, así comenzó a mamar mis pezones, quitaba el lubricante y los llenaba otra vez, mientras los pellizcaba.

—¿Quieres probar? —Sólo asenté con la cabeza y empezó a besarme, mientras su mano bajaba a mi vulva para dejarla empapada de lubricante, metió sus dedos, les dio vuelta, me volteó y comenzó a cogerme, mientras yo estaba boca abajo y él arriba de mí, para darme tremendas embestidas. 

El aroma al aceite, la uva y mi cuerpo bien lubricado hacían que fuera más fácil montarme, me sentía como una diosa.

Tuve mis respectivos orgasmos y él la sacó para venirse, me di la vuelta y se la jalé a mi boca, se descargó todo, mientras yo me los tragaba, no era difícil pasarlos, sabían a uva. Luego de que me los echó todos, se la mamé más. Creo que le gustó o eso decía su cara. Quedé satisfecha de ese masaje con un final “muy feliz”. 

Ese día, el aceite y el lubricante fueron el aliado perfecto para coger como nunca. Y ustedes,  ¿han usado lubricantes? Pueden contarme a mi correo [email protected]. Les mando besos sabor a uva.

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