Creó su armadura

El Enmáscarado de Plata se atrevió a cambiar su imagen para comenzar a forjar su leyenda
El Hijo del Santo
29/01/2015 - 23:40

Estimados amigos, hoy quiero darle seguimiento a la historia que escribí hace dos semanas referente a los primeros luchadores enmascarados.

Las primeras máscaras que existieron no tenían un diseño propio o característico, eran muy parecidas entre sí, todas tenían orificios circulares en la parte de los oídos, en los ojos, dos ovalados en la nariz y uno más grande en la boca.

La costura de la cabeza sobresalía a la altura de la frente y en la parte trasera las agujetas para amarrarla.

El Santo fue el primer luchador en hacer un diseño propio en piel y pintarla de color plata; apareció ante los aficionados con cambios sumamente notorios, pues los ojos ya eran rectangulares con un distintivo alrededor, como una especie de gota, cuyo orificio terminaba en pico.

Años más tarde, en su máscara, estos picos aparecieron en la nariz y la boca. Pero quién mejor que el mismísimo Enmascarado de Plata sea quien nos cuente cómo se le ocurrieron estos característicos cambios a su plateada capucha.

UN JUEGO CON IMAGINACIÓN. Así que como la imaginación supera a la ficción y a la tecnología, hoy tenemos un entrevistado muy especial: Santo, El Enmascarado de Plata.

Papá, me encantaría que le platicaras tú mismo a mis lectores de El Gráfico, quienes te recuerdan con infinito cariño, ¿cómo fue que diseñaste tu emblemática máscara de plata?

Santo: Bueno, hijo, antes que nada quiero agradecer a todos tus amigos que te leen en las páginas de este histórico y legendario diario, el hecho de seguir recordándome con tanto cariño y admiración.

No se sí les has platicado o si ellos ya sepan de mi gusto por la pintura, el arte y también la arquitectura.

HDS: Seguramente muchos de ellos lo saben, yo no se los he compartido.

Santo: Desde que era un niño me llamaron la atención la lectura y las obras de arte. Cuando llegué a vivir a esta capital me impresionaron los grandes edificios y palacios, como el de Bellas Artes, el Palacio Nacional, el de Minería, el de Correos de México y todas estas grandes construcciones, como el Monumento a la Revolución y el Ángel de la Independencia. Por eso mis padres me apoyaron y a la edad de 14 años ingresé a la Academia de San Carlos; era buen dibujante y al final de curso, en dos ocasiones, exhibieron mis dibujos en las paredes del lugar. Lamentablemente, tiempo después me salí de ahí.

HDS: ¿Por qué no seguiste estudiando?

Santo: Bueno, una de las razones fue por la muerte de mi padre. Y al faltar él, mis hermanos y yo nos vimos en la necesidad de trabajar para apoyar a mi madre. Yo ingresé a una fábrica de medias para dama en donde me desempeñaba como costurero. Ya en ese tiempo luchaba profesionalmente y había practicado lucha libre y Jiu Jitsu en el Casino de Policía.

HDS: ¿Por qué elegiste el color plata?

Santo: Me apasionaba leer la novela de El hombre de la máscara de hierro, del escritor Alejandro Dumas, y entonces yo soñaba en ser El hombre de la máscara de plata. Ya desde ahí había elegido el color que tendría mi tapa.

HDS: ¿Cómo se te ocurrió el diseño de los ojos en forma de gota?

Santo: ¡Ah! Esa historia es muy simpática. Resulta que ya siendo El Santo fui a ver a don Salvador Lutteroth a las oficinas de la EMLL (Empresa Mexicana de Lucha Libre), él estaba ocupado atendiendo otros asuntos y me dijeron que si lo esperaba, me recibía. Así que me senté mientras observaba las fotografías y trofeos que había ahí. Transcurrió el tiempo y llevaba conmigo un fólder con documentos, los cuales enrollé e hicieron el trabajo de un telescopio.

HDS: ¿De un telescopio?

Santo: ¡Sí!, los tomé con la mano enrollados y coloqué un extremo en mi ojo y me puse a observar todo a través del fólder, pero aflojé la mano y el fólder quedó sólo unido de las orillas y se formó una especie de gota. Cuando miré por ahí, en primer plano se veía la gota y así me imaginé ver a través de los ojos de mi burda máscara de cuero.

HDS: ¡Ah, entiendo! Pues sí que eras ingenioso, papá. Muchas gracias por compartirnos estas interesantes historias.

Santo: Es un placer y cuando quieran que les platique más, me avisas, mano.

Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

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