Del lado de los buenos

El Hijo del Santo se pasa al bando de los voceadores con quienes festejó el natalicio de El Enmáscarado de Plata
El Hijo del Santo
26/09/2014 - 03:00
Para alcanzar el éxito, de todos es sabido que se requiere de esfuerzo y perseverancia; sin embargo, muchas veces olvidamos que eso no se logra sin el apoyo y el trabajo de otros que están a nuestro alrededor, ya que todo en esta vida es como una larga cadena y cada eslabón de esta cadena tiene un trabajo importante que ejercer.
 
Un empresario triunfador que está dedicado a la venta de autos no tendría éxito sin la ayuda de ingenieros, diseñadores, mecánicos, secretarias y vendedores. Un fabricante de muebles no alcanzaría el éxito sin tener en su negocio carpinteros, ebanistas y tapiceros.
Así mismo, periódicos con tanta tradición como son El Universal y El Gráfico, no existirían sin el arduo trabajo de un gran equipo compuesto por directores, editores, reporteros, fotógrafos, diseñadores y el personal que hace funcionar las rotativas.
 
 Es muy importante la cabeza y el liderazgo;  hasta aquí el producto está terminado. Pero para que llegue a las manos de los millones de lectores que diariamente los leen se requiere del trabajo de un gremio sumamente importante y que es un eslabón primordial de esta industria editorial. Me refiero al enorme trabajo de los voceadores. 
 
Ellos se encargan de distribuir los miles de ejemplares que llegan a sus manos. Su trabajo necesita  de mucho esfuerzo, la mayoría de ellos pasan toda la noche despiertos o se levantan, literalmente, por la noche. Es gracias a su labor que las publicaciones llegan a los puestos de periódico y a las tiendas.
 
 Sin todos estos hombres y mujeres voceadores, yo (El Hijo de El Santo) no tendría la oportunidad de ser leído por ¡ustedes! Por esa razón conviví y partí con ellos el pastel con el que celebramos el natalicio número 97 de mi padre, Santo, El Enmascarado de Plata.
 
Ya estamos a 3 años de su centenario y prepararemos algo muy grande,  así como lo fue él. 
 
En esta ocasión nos reunimos dentro de las instalaciones de El Universal, pero muchas otras veces los he visitado en los expendios, en frías y lluviosas madrugadas, para así conocer su trabajo y acompañarlos  aunque sea un rato, pues considero que todos ellos necesitan, de vez en vez, sentirse apoyados. 
 
Sé que sus empresas y jefes los respaldan,  pero esto es otra cosa. Esto es una charla, un saludo, una foto, una pequeña convivencia en agradecimiento a su trabajo y siempre me da mucho gusto visitarlos. 
 
El pasado martes 23 de septiembre  pasé un agradable momento con algunos incansables trabajadores, quienes tienen en su haber  diferentes e interesantes historias de vida y juntos son una gran familia. 
 
Encabezados por la señora Mary, como de cariño llaman ellos a la directora de El Gráfico, nos reunimos. Yo estoy casi recién llegado al periódico y el recibimiento ha sido muy bonito por parte de todos. 
 
Les conté un poco de mi historia y les hablé de mi padre. Les platiqué cómo supe que era El Santo, cómo mis papás a su primer hijo que falleció, lo tuvieron que sepultar en el patio de la casa de mi tío porque eran muy pobres y humildes y no tenían para un pedazo de tierra en el panteón.
 
Recordar estos pasajes, escuchar sus risas y ver cómo compartieron conmigo sus andanzas en las calles  fue algo muy significativo.
 
 Me hicieron favor de regalarme un overol y una gorra, como el que ellos usan,  y  orgullosamente me los puse para la foto histórica e irrepetible que nos tomamos. 
 
A veces no sé qué piensa la gente de un personaje como el nuestro,  pero quiero decirles que El Santo  es el único  súper héroe de historieta que es de carne y hueso y que, igual que ustedes, sufrió muchas carencias.
 
Viene de un mundo de esfuerzo diario, de trabajo. ¡Ah! y hay algo más  que tal vez tampoco sepan:  yo también lucho diario y no precisamente en el ring. Lo hago  para sacar adelante a mi familia, a mis hijos, para yo salir triunfante en esta vida. No crean que para mí las cosas son fáciles,  por eso me identifico tanto con los voceadores y con ustedes. 
 
Muchas gracias por acompañarnos,  pero sobre todo, gracias por el gran cariño que le demuestran a mi padre y a un servidor.
 
“El verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es”. Jorge Bucay.  
Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras. 
 

 

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