Carta a mi padre

Si mi papá viviera se daría cuenta de que sus consejos no fueron en vano. A todos los padres los felicito en su día
El Hijo del Santo
17/06/2016 - 05:00

Hoy quiero felicitar a todos los papás de México en  este próximo Día del Padre. También compartir con todos ustedes esta carta que le escribí a mi inolvidable y amado padre.

El Santo   fue mi padre y bajo su máscara plateada habitaba un gran ser humano, lleno de valores y principios morales que me enseñó a creer en mí, a amar a Dios y a la vida.

Papá;  esta carta la escribo desde lo más profundo de mi corazón, con una infinita gratitud y amor hacia ti,  mi héroe ejemplar. 

“¿Sabes por qué hoy soy tan feliz? 

“Porque cada una de tus palabras de amor las  recuerdo como si fuera ayer y porque a pesar de que ya no estás físicamente conmigo y te extraño tanto, he sabido llevar a cabo cada uno de tus sabios consejos.

“Después de tu partida, cuando yo apenas rebasaba los 20 años, llegó a mí una enorme soledad y tuve que aprender a vivir sin ti. 

“Me acostumbré a no verte, a no tocarte, a no platicar contigo, a ya no viajar juntos compartiendo nuestros singulares y bellos momentos. 

“Entonces me hice compañero de la soledad;  ello me llevó a cometer varios errores y tuve tropiezos en el camino de mi vida. Conocí la deslealtad, la traición, la ingratitud, la humillación, la envidia y otros demonios.

“Pero gracias a que siempre me enseñaste a ser positivo, logré de esa manera ver la vida, sacando lo mejor de esos tropiezos y errores que me hicieron madurar. Aprendiendo con ello a valorar y a ser agradecido con Dios, con la vida, con las personas que me tendieron su mano, ésas que en realidad me amaban y deseaban verme feliz. 

“Fue entonces cuando comprendí lo valioso de tus palabras cuando me decías:  ‘¡No hagas esto porque no te conviene! ¡Aléjate de esta persona porque sólo te está utilizando!’. 

“’¡No les creas a los aduladores! ¡Que las críticas no te hagan desfallecer ni perder tu paz! ¡Termina tu carrera universitaria! ¡Cuida e invierte tu dinero!’.

“’¡Siempre ten fe en Dios y en ti! ¡Sé siempre sencillo con tus compañeros y con el público! ¡Defiende y cuida este hermoso personaje y esta máscara que hoy te pertenecen y verás cómo te darán muchas satisfacciones!  ¡Respeta y defiende la lucha libre y sube al ring siempre como si fuera la primera vez!’

“Gracias a ti, papá, aprendí cómo tratar y respetar a una mujer. Aprendí a respetar y cuidar mi cuerpo, siendo un buen deportista, disciplinado y responsable. Aprendí a no perder jamás la fe en Dios ni en mí.  Aprendí a respetar a los adultos mayores, a los niños, a mis compañeros de profesión, a las personas con capacidades diferentes, a los necesitados, a la naturaleza. Gracias a tu ejemplo aprendí a respetar y amar a mis hijos, a mi hermosa esposa y compañera que Dios en buena hora envió a mi vida, y a quien estoy seguro, querrías mucho. 

“Sé que estás bien allá en el cielo y ahora más, que tu amada Maruca está contigo en cuerpo y alma. Pero también me gusta imaginar,  si tú vivieras, lo feliz que serías al verme realizado como hombre, como emprendedor, como deportista y como profesionista. 

“Te haría feliz compartir conmigo cada uno de mis triunfos, de mis proyectos, de mis metas cumplidas y estarías orgulloso de ver con cuánto amor y dignidad llevo tu personaje y tu emblemática máscara en mi rostro.

“¡Gracias a todas esas palabras que se quedaron en mi mente logré seguir tus pasos y hoy soy plenamente feliz! ". Esto es parte de mi intimidad que comparto con ustedes con mucho gusto y lo hago  por ser lectores de El Gráfico.

Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

 

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